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12-V-2007

La cocina del CIS, de nuevo en acción

Existen pocas instituciones públicas cuya existencia tenga menos sentido que el Centro de Investigaciones Sociológicas. El dinero público, ese que no es de nadie pero que pagamos todos bien caro, se derrocha en hacer encuestas aún menos de fiar que las realizadas por las empresas privadas de demoscopia. Es difícil, por no decir imposible, que quienes alegan el bienestar de los favorecidos o el bien común como razón para quedarse con nuestro dinero puedan encontrar alguna excusa plausible que justifique destinarlo al CIS. Si no se cierra es porque sirve al mismo objetivo que las televisiones públicas, aunque sea a menor escala: manipular a la opinión pública en la dirección que marque el Gobierno de turno.

Sólo con esto en mente cabe interpretar tanto ésta como todas las anteriores encuestas del CIS. Sus resultados resultan razonables y, previsiblemente, se acerquen a la realidad, porque no pueden apartarse mucho de ella si quieren ser creíbles. No está de más recordar hoy aquella encuesta previa a las elecciones al Parlamento Europeo en la que predecían una participación aún mayor que la que tuvieron las generales del 14-M, ya de por sí excepcionalmente alta. Las risotadas ante la metedura de pata de Fernando Vallespín fueron de las que hacen época. E incluso sirvieron para que el PP hiciera propaganda con el hecho de que la candidatura de Jaime Mayor Oreja había hecho una remontada espectacular.

Así pues, todo lo que predice la encuesta del CIS podría acabar sucediendo. El PP podría perder la mayoría absoluta en Baleares y Navarra y, por tanto, ambas autonomías, ante la alta probabilidad de pactos en su contra. El resto del mapa autonómico no sufriría grandes cambios. Esta es la predicción más favorable al PSOE que puede hacerse sin resultar increíble, lo que no dice mucho a favor de Zapatero. Con el plus que siempre otorga poseer el Gobierno central, y en su primera legislatura, donde no debería haber sufrido demasiado desgaste si se hubiera movido con inteligencia, apenas aspira a arañar un par de autonomías al principal partido de la oposición.

Tampoco el PP sale muy bien parado. El desastre que está resultando ser la gestión de Zapatero no está siendo aprovechado como cabría esperarse. Después del infame proceso de rendición ante la ETA y las continuas cesiones que aún hoy y pese a estar el diálogo oficialmente roto se hacen a los terroristas se siguen haciendo, de los estatutos y su efecto letal para la Nación española, de la corrupción al por mayor que empieza a aflorar en los asuntos de la CNMV, Ibiza o Ciempozuelos o de la pérdida de poder adquisitivo de los españoles no sería inaudito que el PP perdiera un par de autonomías más, después de no alcanzar la mayoría absoluta en Galicia. Cierto es que buena parte de la culpa la tiene el invierno mediático que Aznar le dejó en herencia a su partido, pero aún así los populares podrían hacer bastante más para capitalizar el descontento con el Gobierno de Zapatero.

No obstante, todo esto ya lo sabíamos mal que bien antes de que el CIS publicara su sondeo pre-electoral. De donde vuelve a surgir la misma exigencia: que lo cierren o, si encuentran algún comprador, lo vendan al mejor postor. No nos quiten el dinero para esto, que en nuestro bolsillo encontrará sin duda un uso mejor.