Opinión
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22-I-2008

La mentira palestina y sus medios

No es ninguna novedad que los medios de comunicación occidentales otorguen crédito absoluto e instantáneo a las informaciones que, interesadamente, difunden las organizaciones criminales palestinas. Como en anteriores ocasiones, en el apagón que, durante los últimos días, ha padecido la franja de Gaza se han repetido los patrones de desinformación y medias verdades a los que la prensa occidental nos tiene habituados para gloria de los terroristas que han hecho de Palestina un erial.

Israel asegura que no ha cortado el abastecimiento eléctrico en momento alguno y que, si bien ha disminuido el suministro de combustible para los generadores, esto no ha ocasionado ni de lejos la catástrofe humanitaria que los líderes de Hamás denunciaron con gran trompetería mediática internacional hace unos días. Prácticamente todos los diarios, televisiones y radios de Europa y Norteamérica han dado complacientemente la versión de Hamás con su letanía de calles oscuras y niños encendiendo velas por las plazas en señal de protesta por la falta de combustibles.

Las razones por las que el Gobierno israelí ha tomado medidas respecto al tráfico de carburantes entre la franja e Israel son perfectamente comprensibles. Lejos de lo que se cree en Occidente, los terroristas palestinos –que se cuentan por millares y controlan de facto toda Gaza– emplean buena parte de ese combustible en los cohetes con los que atacan las poblaciones israelíes colindantes con la franja. Sólo durante el año 2007 se lanzaron desde Gaza más de 2.000 cohetes del tipo Qassam, y en los veinte días que llevamos de año se han lanzado otros 450. Tratar de poner coto a ese disparate criminal es tan legítimo como el derecho a defenderse que asiste a Israel como a cualquier otro Estado.

Hasta aquí los hechos. El resto es el clásico aparato de propaganda que el terrorismo palestino pone siempre a punto cuando quiere que en Occidente se fijen en ellos. Lo peor, con todo, no es que tengan siempre medios occidentales dispuestos de mil amores a difundir la mentira; lo peor es que esta mentira no se perpetra sólo a costa del Gobierno de Israel, sino de los propios palestinos que ejercen –voluntaria o involuntariamente– de cobayas humanos para esta infame recua de asesinos.