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14-III-2005

La sal en la herida y el Gobierno del 14-M

El diario El Mundo ha publicado este domingo una encuesta en la que se destaca que el 72,30 por ciento de los ciudadanos cree que Zapatero no habría ganado las elecciones sin el 11-M.
 
Aunque este diario haya tenido el enorme acierto de recordar la decisiva influencia política que tuvo aquel derramamiento de sangre para que los españoles decidieran en las urnas desbancar del Gobierno al Partido Popular, no hay que olvidar que este mismo dato ya se desprendía de multitud de encuestas celebradas antes y después del 11 y 14-M. Todos, absolutamente todos, los sondeos publicados en este país justo antes de aquella brutal masacre otorgaban una victoria indiscutible al partido de Rajoy. La mayoría de ellos le confería incluso la mayoría absoluta.
 
Así mismo, una encuesta del CIS, publicada días después de las elecciones, ofrecía el dato de que sólo el 53,8 por ciento, de entre aquellos a quienes influyó el 11-M a la hora de votar, se reafirmaron en su intención inicial. Por el contrario, el 21,9 por ciento confesó que, tras la matanza, fue a votar cuando no tenía intención de hacerlo, mientras un 13,8 por ciento decidió cambiar de voto.
 
Por si estos datos no fueran ya más que suficientes para evidenciar el vuelco electoral provocado por el 11-M, cabe recordar también el recuento del voto en un censo tradicionalmente cicatero en su apoyo al PP como es el del CERA (Censo Electoral de Residentes Ausentes en el extranjero). Cerrado el plazo de emisión el día 7 de marzo, los 334.730 españoles que fueron a votar antes de la masacre respaldaron mayoritariamente al Partido Popular. Concretamente el PP logró el 51,14% de los votos frente al 38,41% del PSOE.
 
Que los terroristas pretenden influir políticamente con sus atentados es algo que debe saber toda persona, por poco experta que sea del mundo terrorista. Que los responsables directos del 11-M querían como primero, pero no último, de sus objetivos ver al PP desbancado del poder es algo de lo que tenemos constatación hasta por las declaraciones y comunicados de los propios terroristas. No se trata sólo de recordar que lo primero que hizo el terrorista Jamal Zougam el 18 de marzo, tras cinco dias de incomunicación, fuera preguntar por el resultado de las elecciones; es que otros de los responsables directos del 11-M, como El Egipcio, mostró su satisfacción por aquella derrota y animó a los terroristas a perpetrar otra matanza en Italia, también con el objetivo de variar la política de aquel país. La propia ETA, en un comunicado posterior a las elecciones, mostraba su satisfacción por el derrota del PP e instaba a Zapatero a tener “gestos para con Euskalherria como los dados en Irak”. Tanto galgos, como podencos, mostraban su satisfacción al ver la derrota del Gobierno que con más firmeza y hostilidad les había combatido.
 
Mientras tanto, la triste y repugnante realidad es que, tras el 11-M, el PSOE no se mantuvo al margen, ni permaneció unido al Gobierno legítimo de la nación, ni apeló a esa “unidad de los demócratas” contra la que se tendría que estampar cualquier intención política que albergaran los terroristas. En lugar de eso, el PSOE acusó al Ejecutivo de Aznar de mentir e, implícitamente, de la responsabilidad política de aquella matanza. Como resultado de esa actitud, que de la mano de Rubalcaba llegó al extremo de violar la misma jornada de reflexión, buena parte de la lógica ira ciudadana desatada por los atentados fue a parar contra el Gobierno legítimo de la nación.
 
Confiado por la propaganda y por el control casi absoluto de los medios de comunicación que ejerce desde el 14-M, este presidente del Ejecutivo, que no tiene nada de “accidental”, se ha permitido todavía este fin de semana la infame desfachatez de acusar al PP de haber echado “sal en la herida del 11-M”. Vamos, como si no hubieran sido los socialistas y sus aliados los que hubieran utilizado políticamente la matanza contra el PP, hasta el extremo de ser acosadas sus sedes, en un bochornoso espectáculo que a los autores del 11-M les debió provocar un deleite sólo superado por el resultado de las elecciones.
 
Replicar, como ha hecho Rajoy, diciendo que el Gobierno de ZP es “el de peor calidad de la historia de la democracia” o diciendo que “quien echa sal en la herida es aquél que no quiere que se sepa la verdad" es, con todo, quedarse corto. Bien está que Rajoy recuerde que no habido peor gestión de gobierno que la que ha hecho gala ZP en este primer año de legislatura. Bien está, también, recordar la negativa del Gobierno socialista a que la comisión de investigación esclarezca lo mucho que queda por saber del 11-M.
 
Sin embargo, y aunque finalmente se confirmara que el terrorismo islámico fuera el único principio, itinerario y fin de la conspiración del 11-M, la infamia con la que se comportó el PSOE, utilizando esa masacre en beneficio propio y de los terroristas, es algo que no tiene parangón en la reciente historia de la alternancia democrática en occidente.
 
Por mucho que a este Gobierno, tanto o más que la sal, le escueza la verdad, lo dijimos en su día y lo volvemos a decir hoy. El de Zapatero ha sido, es y será siempre el gobierno del 14-M.
 
 


 

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