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Opinión

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9-I-2010

Ni hemos salido de la crisis, ni es insólito hablar del paro

EDITORIAL

&quote&quoteHabituado como está al coro de halagos que le dedican los medios adictos a la Moncloa, que en España son la práctica totalidad, no tolera que alguien le chafe su campaña electoral permanente

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La economía española agoniza y de buena parte de esa agonía el responsable directo es el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. No supo verla venir, la negó durante meses y, cuando aceptó a regañadientes su existencia, emprendió las medidas equivocadas que no han hecho sino agravar el estado del enfermo. Estas son las credenciales que Zapatero, convertido ahora por el azar en menguado presidente de turno de la Unión Europea, puede ofrecer a la opinión pública.

Es, por lo tanto, razonable que toda Europa tenga serias dudas de la capacidad del presidente del Gobierno español para, como él asegura, acabar con la crisis económica que, en menor medida que a España, afecta a toda la Unión. El español se ha convertido en el caso paradigmático de país que no sólo desconoce el modo como levantar el vuelo, sino que hace todo lo posible por hundirse aún más.

No hay un solo dato que invite a pensar que, en el corto, medio e incluso largo plazo la economía nacional vaya a recuperarse. Más bien todo lo contrario. El paro alcanza máximos históricos, la inversión privada, la única que puede reactivar la economía, está bajo mínimos y no da señal alguna de avivarse durante este año. En esto ha tenido mucho que ver el propio Zapatero, padrino de la última subida de impuestos y responsable de que el gasto público esté desbocado, hipotecando con él toda esperanza de pronta recuperación. En definitiva, no hemos salido de la crisis y no vamos a salir, en el mejor de los casos, en los próximos dos años.

Zapatero, pues, miente ahora y lleva mintiendo desvergonzadamente –él y todo su gabinete­– desde antes de las elecciones de marzo de 2008. Busca desesperadamente un titular que le permita sobrevivir un día más agarrándose a la ilusión de que, la verdad, es la que los políticos construyen en las portadas de los periódicos. Evidentemente no es así. Por encima de los deseos de un Gobierno de ingenieros sociales que cree que todo es posible mediante la regulación estatal, está la realidad, siempre tozuda y siempre insobornable.

Con estos mimbres el presidente del Gobierno aún se ofende que pongan en duda su capacidad para presidir la Unión Europea llenándose la boca de propaganda demagógica y triunfalista. Y no sólo carece de capacidad –extremo ampliamente demostrado en su gestión de la crisis doméstica–, tampoco tiene autoridad para presumir de nada con su currículo de auténtica calamidad en materia económica.

Habituado como está al coro de halagos que le dedican los medios adictos a la Moncloa, que en España son la práctica totalidad, no tolera que alguien le chafe su campaña electoral permanente. En Europa, sin embargo, las sonrisas, las vaguedades y el humo no son bien recibidos y surge lo que no tiene en casa: el escepticismo y la crítica. Para esto, ni él ni su Gobierno están preparados, por lo que, en los próximos meses, Zapatero bien podría convertirse en el hombre del gesto torcido. El único, en rigor, que cabe dentro del desastre que ha provocado y que cuidadosamente mantiene haciendo exactamente lo contrario de lo que debería hacer. 



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