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Después de tantos años de Reinado, finalmente los Reyes estarán la próxima semana en las dos ciudades autónomas españolas situadas en el continente africano. Esta visita no es sólo una vieja reivindicación de todos los alcaldes de Ceuta y Melilla, sino que resulta un acto cada vez más necesario en vista de la creciente desvergüenza con que el régimen alaui reclama para sí las dos plazas españolas.
Hay que recordar que la vinculación del norte de África a España se remonta a la época romana, en que se adscribió a la diócesis de Hispania la provincia de Mauritania Tingitana, que comprendía lo que hoy es el norte de Marruecos y, naturalmente, también Ceuta y Melilla. Tras el hundimiento del Imperio Romano de Occidente, la provincia fue ocupada por el de Oriente, pero los monarcas visigodos no renunciaron nunca a ella. Tras la invasión musulmana, facilitada por cierto por el conde de Ceuta, don Julián, los reinos que lucharon por recuperar la vieja Hispania consideraban también como propios los territorios de la vieja provincia del norte de África. Desde los siglos XV y XVI, estas plazas formarían parte integrante de España.
Sin embargo, debido a su situación geográfica, muchas las equiparan torpemente con Gibraltar como si fueran colonias o desbarran hablando de los 14 kilómetros que nos separan de Marruecos, como si Ceuta y Melilla no tuvieran que rodearse de una valla para evitar la entrada de inmigrantes africanos a pie. Y el reino alaui no ha cesado de reclamar ambas ciudades como propias, como por cierto también hace con las islas Canarias. No hay que olvidar la imagen de un Zapatero acudiendo a apoyar al régimen en un momento de tensión diplomática y dando una rueda de prensa delante de un tapiz con un mapa donde aparecían Ceuta, Melilla y las Canarias como territorio marroquí. Ni tampoco que, después de semejante espaldarazo, Mohamed VI decidió invadir el islote de Perejil para comprobar hasta dónde alcanzaba la resistencia española ante sus provocaciones.
La táctica de Zapatero para tratar con los múltiples problemas que nos provoca nuestro vecino del sur ha consistido en ceder a las pretensiones de Marruecos sobre el Sáhara, abandonando las responsabilidades de España hacia su antigua colonia y despreciando toda la política exterior española al respecto, de izquierdas y derechas, durante la era democrática. Pero eso no es más que comprar tiempo; comida para hoy y hambre para mañana. Desde el momento en que Mohamed VI considere que España ya no puede influir en contra de sus reivindicaciones sobre el Sáhara, volverá a la carga con Ceuta y Melilla, primero, y las Canarias, después.
Por eso resulta importante que los Reyes acudan a las dos ciudades, que no han visitado desde que eran príncipes en los años 70, para recordar simbólicamente a sus habitantes y a Marruecos que son parte íntegra de España y que, pese al Gobierno de Zapatero, no existe ninguna intención de que dejen de serlo. Ceuta y Melilla son las dos ciudades más libres, democráticas y prósperas de todo el Magreb. Por más que moleste en Rabat, defender que lo sigan siendo es una obligación de todos, empezando por los Reyes. Bien está que por fin hayan decidido hacerlo.
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