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Columna publicada el 28-01-2004
Si matando al mensajero se procedía en Roma contra el que comunicaba las malas noticias, y no contra el que las causaba, Pasqual Maragall ha instaurado otra práctica no menos irracional pero más surrealista como es la de proceder contra el cargo y no contra la persona que lo ha ocupado. Así, el presidente de la Generalidad pretende zanjar la crisis provocada por la noticia de los acuerdos entre Carod-Rovira y la banda terrorista ETA suprimiendo la figura de consejero jefe, pero manteniendo en el gobierno a la persona que ha ocupado el cargo.
Felipe González no fue precisamente ejemplar a la hora de depurar responsabilidades en su gobierno, pero, por lo menos, no se le ocurrió, tras la fuga de Roldán, suprimir el cargo del ministro del Interior, para mantener en el Gobierno, aunque fuera sin cartera, a su anterior responsable. Tampoco dejó González a España sin vicepresidencia de Gobierno para mantener en el Ejecutivo a Alfonso Guerra tras conocerse el tráfico de influencias cometido por su hermano.
Decir que Maragall “ha cerrado en falso” la crisis de su gobierno es quedarse corto. El presidente de la Generalidad ha intentado una verdadera tomadura de pelo a la opinión pública española –empezando por las víctimas del terrorismo– que debe sumarse a su evidente falta de escrúpulos morales por mantener un acuerdo de gobierno con quien no ha dudado en aceptar de ETA un plan selectivo de crímenes en función del ámbito geográfico en donde los cometa.
Es evidente que, con su decisión, Maragall ha hecho caso omiso a Rodríguez Zapatero, quien, tras las dudas y las dilaciones propias de la debilidad de su liderazgo, el lunes por la noche se atrevió finalmente a pedir el "cese de Carod-Rovira como miembro del Gobierno Catalán”, tal y como también han exigido el grupo de sus “notables”, entre ellos Bono, Ibarra o Chaves.
No nos atreveríamos a ser tan tajantes respecto a la desobediencia de Maragall respecto a las posteriores directrices del grupo Prisa. El editorial de ayer de El País fue una bochornosa excepción respecto a la totalidad del resto de diarios nacionales que denunciaron con merecida severidad la actuación de Carod Rovira y reclamaron abiertamente su dimisión o expulsión del gobierno catalán. El País, sin embargo, en su editorial “Carod, insuficiente” hace una tibia crítica al conseller en cap al que fundamentalmente lo que le reprocha es el no haber sido consciente de las “dificultades en que pone a Maragall” con sus acuerdos con los terroristas y el haber dado con ellos “la mejor munición que podría soñar el PP para la campaña electoral”.
Respecto a las consecuencias que debe soportar el dirigente independentista por su inmoral acuerdo con ETA –que el editorialista califica de "incompetencia"–, El País no secunda la expulsión de la Generalitat solicitada por Zapatero, sino que se limita a considerar que Carod-Rovira “no merece ser el número dos del Gobierno catalán”. O sea, suprimido el cargo, se acabó la rabia.
Habremos de esperar algunos días para saber si Maragall ha desobedecido a Zapatero de motu propio o acatando las ordenes de quien de verdad las da en el PSOE.

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