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11-IX-2010

Un aniversario marcado por el Corán y una mezquita

Al contrario que la polémica sobre la construcción de un centro religioso, cultural y comunitario musulmán, llamado Casa Córdoba, a pocos metros de la Zona Cero, que fue un debate más o menos subterráneo hasta que Obama decidió entrar en él como elefante en cacharrería, la atención que ha recaído sobre el desconocido pastor Terry Jones, su minúscula congregación de medio centenar de fieles y su intención de celebrar el 11 de septiembre un "Día Internacional de la Quema del Corán" había recorrido medio mundo antes de que la Casa Blanca entrara a jugar.

Los medios se han dedicado con interés a magnificar este lamentable incidente, que sin su colaboración sólo habría sido conocido, seguramente, en una ciudad de Florida; y posiblemente por una minoría de su cuarto de millón de habitantes. De este modo han dejado claro el escandaloso doble rasero con el que miden estos actos: biblias se queman con frecuencia; lo han hecho incluso soldados norteamericanos en Afganistán, y nunca se ha hecho de ello una noticia de alcance mundial. Ni siquiera el trato que reciben los cristianos víctimas de las inundaciones en Pakistán –a los que se les niega la ayuda si no se convierten– ha recibido ninguna atención.

¿Por qué? Porque, por más que sea lamentable decirlo, el establishment en Occidente tiene miedo, un miedo atroz. Empezó con Salman Rushdie, pero se desató en todo su esplendor con la crisis de las caricaturas de Mahoma. El mejor termómetro del pánico, el Gobierno de Zapatero, que entonces publicó al alimón con el turco Erdogan un vergonzoso texto en el que se defendía que se sometiera la libertad de expresión al altar de la siempre a flor de piel sensibilidad de los musulmanes, ahora se ha apresurado a condenar la "quema de libros del Corán". Cabe suponer que no se opone a que ardan otro tipo de libros como, por ejemplo, biblias, que son quemadas continuamente sin que parezca importarle a Zapatero y Moratinos.

El pastor Terry Jones tiene todo el derecho del mundo a quemar coranes, del mismo modo que el imán Feisal Abdul Rauf lo tiene de construir una mezquita en las inmediaciones de la Zona Cero, derruyendo un edificio que fue dañado por parte del fuselaje del avión. Ambos, por una esencial cuestión de respeto, son acciones condenables. ¿Pero por qué la Unión Europea, la Casa Blanca, el Gobierno español, prácticamente todo el Occidente oficial han condenado uno y el otro no?

Este sábado se cumplirán nueve años desde los atentados del 11-S. Durante estos años hemos visto muchos cambios. Pero lo que sigue igual es la incapacidad de muchos de reconocer que el terrorismo islamista no necesita excusas como las de Terry Jones para atacarnos. Aquello fue un acto de guerra, en la que seguimos desde entonces. Queme o no queme coranes un reverendo casi sin fieles, seguiremos sufriendo atentados. Ante el terror sólo cabe la fortaleza y la defensa de nuestros valores. Es decir, lo contrario a lo que hace Obama condenando a Jones y defendiendo a Rauf por el mismo motivo: aprovechar las libertades garantizadas en Estados Unidos para hacer algo moralmente reprobable.


 

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