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Boquetes en la retaguardia

Se resisten a impartir enseñanzas en castellano pero asisten impasibles al adoctrinamiento guerrero coránico.

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EFE

Hasta ayer nomás parecía que solo éramos los ciudadanos comprometidos con la cultura humanista, emancipada de dogmatismos nacionalistas etnocéntricos, quienes exigíamos la normalización del sistema educativo imperante en Cataluña, con el fin de que se enseñaran la historia, la geografía y la lengua de España, acompañadas por sus equivalentes regionales… o como se las quiera llamar. Ahora, quienes argumentaban que este currículo perjudicaría la cohesión social de las comunidades implicadas y se conjuraban para acosar desde el llano y el poder a los disconformes descubren que su política sectaria ha engendrado un monstruo movido por atávicos instintos asesinos. Hostiles sin remedio a sus compatriotas, cometieron el error suicida de disfrazarse de tolerantes para caer simpáticos a quienes –¡oh, sorpresa!– venían nada menos que a reconquistar Al Ándalus.

Prohibido delatar yihadistas

Una información ("Los institutos recelan del protocolo de los Mossos", LV, 19/11/2015) deja al descubierto la estulticia de estos maestros Ciruela (que no saben leer y ponen escuela). Guiados por el catecismo progre, se desentienden del choque de civilizaciones y se niegan a proteger a sus alumnos de las insidias de los reclutadores salafistas. Se resisten a impartir enseñanzas en castellano pero asisten impasibles al adoctrinamiento guerrero coránico. El resultado:

Los institutos no se ven en el papel de delatores y muestran su perplejidad ante la noticia de que los Mossos d´Esquadra están elaborando un protocolo de actuación para detectar posibles casos de radicalización islamista en las aulas. Algunos centros consultados temen criminalizar a los estudiantes, es decir, convertirse en denunciantes de alumnos en base a unas sospechas basadas solo en unas premisas externas realizadas por la policía. (…) El protocolo (…) pretende que los maestros informen sobre perfiles determinados: cambios bruscos de comportamiento, así como ciertos síntomas que puede presentar un joven en riesgo de ser captado para la yihad.

Perros rabiosos

Imaginemos un aula atestada de hijos de catalanes, murcianos, marroquíes, chinos y colombianos, donde un maestro salvapatria explica –en catalán, por supuesto– su versión de la historia: una nación milenaria oprimida por los vecinos españoles desde 1714, despojada de su lengua y su cultura, donde aún vibran las estrofas del himno que exhorta a recuperar la soberanía con un "bon cop de falç".

Uno o dos chavales marroquíes, o pakistaníes, o senegaleses, rescatan, de la jerigonza extraña, algunas afinidades con el texto sagrado que les inculcó el imán de su mezquita: odio al invasor, aunque sea un vecino de su misma estirpe, y el compromiso de recuperar la soberanía de Al Ándalus blandiendo el puñal, ya que no la hoz, contra el infiel. Completados el curso escolar y el adoctrinamiento religioso, ya tenemos uno o dos cachorros de perros rabiosos (me niego a mitificarlos como lobos solitarios) embrutecidos por una tremenda y prematura confusión de valores. ¿Cómo va a reconocer en ellos los síntomas de yihadismo el maestro que les estuvo lavando el cerebro con sus propias falacias cainitas?

Solo después de la tragedia un editorialista atinó a asombrarse ("Integración y colaboración ciudadana", LV, 26/8):

De hecho, hasta sus últimos meses, los responsables del atentado de la Rambla llevaron una vida integrada. Se escolarizaron con los nativos, se alinearon con ellos en los mismos equipos de fútbol, fueron beneficiarios de servicios sociales, tenían empleo.

Y la alcaldesa de Barcelona, la misma que veta en el Salón de la Enseñanza los centros de instrucción de las Fuerzas Armadas que nos protegen, plantea, tiernamente conmovida (Suplemento "Vivir", LV, 26/8):

Y creo importante que nos preguntemos qué ha pasado con estos chicos jóvenes que no eran gente de la banlieue, eran chicos integrados que en muy poco tiempo se han radicalizado.

Instinto de supervivencia

El instinto de supervivencia obligará a acabar con las barrabasadas de quienes se niegan a colaborar con las fuerzas de seguridad. En Gran Bretaña, "el Gobierno ha investigado a 21 escuelas primarias y secundarias de Birmingham acusadas de atizar el integrismo islámico" (LV, 18/6/2014). En Francia, "las agencias de seguridad mantienen contactos regulares con los cuadros educativos para incentivar la detección de elementos radicales en las escuelas" (LV, 4/12/2015).

El titular más escandaloso informa de que "Una escuela de Flandes registra casos de ‘radicalización’ en párvulos. Un informe interno recoge cómo niños pequeños imitan actitudes islamistas" (LV, 24/8). Los angelitos tienen entre tres y seis años. Ese mismo día, el diario dedicó un editorial al tema: "Educación, la mejor arma contra el terror". Comenzaba así:

Recitado de versículos coránicos durante el recreo escolar, ausencias los viernes aduciendo motivos religiosos, insultos, degollamientos simulados (con un pulgar simulando la trayectoria del cuchillo sobre el cuello). Estas son algunas de las acciones recogidas en un informe sobre lo que ocurre en una escuela belga de enseñanza primaria.

Las conclusiones del editorial se refieren a la infiltración yihadista, pero el lector atento sabrá aplicarlas a la campaña de sectarización y radicalización que practican los cruzados secesionistas, desvirtuando y pervirtiendo el sistema educativo. Veamos:

Ahora bien, es algo más difícil diseñar un programa educativo que, además de alertar ante los excesos y atajarlos, consiga convertir los centros escolares en ámbitos en los que el radicalismo no disponga del menor espacio para expresarse. Y sin embargo, pese a tal dificultad, esa es una línea de acción decisiva para prevenir, en primera instancia, la captación de los jóvenes estudiantes por parte de los radicales.

Seamos realistas

Excelentes consejos. Ahora seamos realistas. En esta España invertebrada (José Ortega y Gasset dixit) existe una corriente ideológica que se traviste de multiculturalista y pacifista, que se niega a delatar a posibles conversos al yihadismo y que, con el pretexto de no caer en la islamofobia, abre una brecha en la retaguardia catalana que forma parte de las defensas contra la marabunta islamista. Casualmente, o no tan casualmente, esta misma corriente y otras afines practican la beligerancia y el monoculturalismo y el monolingüismo para desconectarse de sus compatriotas españoles, llevan su radicalismo a las aulas y no se recatan de caer en la hispanofobia.

El sindicato de profesores Acció per a la Millora de l’Ensenyament Secundari pidió (LV, 19/5) que se investiguen "los libros de texto que se utilizan en las escuelas catalanas por si faltan al rigor en materia de historia y geografía, utilizando una redacción manipulada con el supuesto objeto de ‘adoctrinar’ a los niños en una ideología soberanista". Este mismo sindicato publicó un estudio en el que denuncia "planteamientos ideológicos partidistas y tendenciosos" en las escuelas de Catalunya, a través de los libros de sociales de 5º y 6º de primaria de siete editoriales que supuestamente no cumplen el currículum de la Lomce.

Degollar infieles

Demasiados adoctrinamientos para radicalizar a los jóvenes. Y todos contra España. Por un lado, en mezquitas y cenáculos islamistas que reivindican Al Ándalus. Por otro, en el sistema de enseñanza de Cataluña y en centros cívicos y sociales subvencionados para sembrar la hispanofobia. El segundo foco no tiene la misma motivación confesional que el primero, pero a ambos los une el odio visceral al Reino de España. En verdad, si triunfaran los yihadistas una de sus primeras atrocidades consistiría en degollar infieles, sin distinguir entre los que les opusieron resistencia y los que les allanaron el camino saboteando la unidad y cohesión del Reino de España. Como lo hizo miserablemente la minoría –sí, minoría– de energúmenos que copó la manifestación del 26-A, desfigurando su contenido de solidaridad con las víctimas y de repudio al terrorismo islamista.

Estoy convencido de que los espías del EI que seguramente vigilaban la manifestación contaron, complacidos, cada estelada y cada abucheo al Rey, a Rajoy y a la Guardia Civil, como un boquete abierto en la retaguardia por donde los enemigos del Reino de España podrán colarse fácilmente. Falta ver si en la república mostrenca catalana hay tantos tránsfugas dispuestos a congraciarse con cualquier enemigo exterior como los hubo en la República Francesa listos para colaborar con el ocupante nazi. Esto ocurre, en parte, porque no se supo españolizar a tiempo a todos los niños de toda España, y no solo de Cataluña como propuso, entre insultos y burlas, el exministro José Ignacio Wert.

La República Francesa tuvo un De Gaulle. ¿Y el Reino de España?

En España

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