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Que rompan sus pasaportes

Lo imperdonable es que estos sinvergüenzas hayan intentado colocar a todos los ciudadanos de Cataluña, sin aviso previo, en esta situación de desamparo y orfandad.

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Oriol Junqueras, Carles Puigdemont y Jordi Turull | Cordon Press

Es obligación perentoria de los diputados del Parlamento catalán que votaron el mamarracho de independencia, así como de todos los miembros del Gobierno fallido de Cataluña y los alcaldes y dirigentes de movimientos sociales comparsas de la chirigota, que rompan ya mismo, a la vista de todo el mundo, sus pasaportes y documentos de identidad españoles, como han hecho algunos de sus descerebrados seguidores.

El ejemplo más obsceno

Montaron una exhibición de desafío a la patria común donde nacieron, se educaron, ejercieron sus actividades profesionales o empresarias y desarrollaron en un clima de inigualable libertad sus carreras políticas, que a menudo estaban al margen de la ley. Pues bien, ahora deberían acompañar su bravuconada con un esfuerzo para desprenderse de todos los privilegios que conlleva, en Europa y el resto del mundo civilizado, el hecho de ser españoles. Un caso irritante es el de las sanguijuelas del tenebroso Diplocat, que se movilizaban con pasaporte español y con fondos succionados del patrimonio de todos los españoles para difamar a España. Pero el ejemplo más obsceno de todos es el del payaso mayor del Circo Republicano Catalán y su troupe, que se fugaron a Bruselas para trapichear con la ultraderecha flamenca utilizando ese pasaporte que, a juzgar por sus pantomimas, ya no era el suyo.

Nada de doble nacionalidad para estos renegados. Si conservaran, cosa que dudamos muchos, un mínimo de decencia, ellos, que levantan fronteras espurias para separar parientes, amigos, clientes y socios, no deberían seguir usufructuando los papeles que obtuvieron gracias a su acta de nacimiento para desplazarse por el Espacio Schengen. Cuando lleguen al mostrador de migraciones de otro país, que hagan la prueba de endilgarle al funcionario uno de sus rancios discursos sobre la nación milenaria y la sagrada identidad. Su interlocutor les dirá dónde pueden meterse cualquier credencial apócrifa que muestren en lugar del pasaporte español.

Lo imperdonable es que estos sinvergüenzas hayan intentado colocar a todos los ciudadanos de Cataluña, sin aviso previo, en esta situación de desamparo y orfandad. Arrastraron a cientos de miles de crédulos a manifestaciones y protestas callejeras que los colocaban al margen de las instituciones y los tratados que garantizan su libertad de movimiento y todas las otras libertades propias del Estado de Derecho, sin ofrecerles nada a cambio excepto espejismos inverosímiles.

Descorrer el velo

Ha llegado la hora de la verdad. Los medios de comunicación públicos y los subvencionados de Cataluña, que se guiaban por las instrucciones de los manuales de propaganda de Josef Goebbels, deberán abrirse, antes de cualquier proceso electoral, a un debate plural, en el que se pongan al alcance de los ciudadanos informaciones veraces y datos concretos, en lugar de las mitologías sectarias que poblaban los programas de TV3 y Catalunya Ràdio. Habrá que someterlos ya mismo –queda demasiado poco tiempo– a un riguroso control de equidad, aunque chille el PSOE. Sería ilustrativo asistir a un debate sobre el adoctrinamiento antiespañol en las escuelas entre la ya ex (gracias al artículo 155) consejera de Educación, que apenas atina a balbucear en castellano, y Antonio Robles o Marita Rodríguez.

Es imperioso que ya mismo se descorra el velo que ocultaba alevosamente a los ciudadanos de Cataluña el hecho de que una pandilla de crápulas estaba a punto de reducirlos a la condición de náufragos indocumentados sumergidos en la indigencia. Delito que cometían premeditadamente contra los conciudadanos que confiaban en ellos. Recordemos una vez más que Enric Juliana, veterano conocedor de lo que se trama en las entrañas de la bestia, escribió ("Atrapados en el estadio", LV, 15/10):

En privado, la plana mayor soberanista está horrorizada. No se esperaban la salida masiva de empresas. En privado disimulan, para no desmovilizar el estadio.

Colmo de iniquidades

La indiscreción de Juliana palidece al lado de lo que nos cuenta nada menos que el director del mismo diario, Màrius Carol, tardío descubridor del valor de las revelaciones contrarias al poder ("Una tremenda irresponsabilidad", LV, 29/10):

En una de las declaraciones intervenidas [en el sumario del 20-S] a Josep Lluís Salvadó en Sant Vicenç dels Horts, el número dos de Oriol Junqueras declara a Raúl Murcia, asesor de la Generalitat: "En el mes de octubre no hay capacidad para nada. Ni tenemos el control de aduanas, ni un banco. La cosa no pinta bien, está muy verde: eso, cualquiera que tenga dos dedos de frente lo sabe. Ahora bien, a mí me dan pánico las cosas como son en realidad (…) y que estos no lo acaben utilizando para decir que Junqueras no ha preparado el país para que el 2 de octubre declaremos la independencia".

Carol arremete contra este colmo de iniquidades como si su cargo no lo hubiera obligado a investigarlas y denunciarlas hace mucho tiempo, cuando belicosos colaboradores de su diario utilizaban –y siguen utilizando– sus páginas para propagar el odio cainita con argumentos irracionales teñidos de racismo. Ahora reniega de aquellas complicidades evidentes y lanza verdades como puños:

Dicho de otra manera, han llevado el país al límite, han declarado la secesión sin tener mandato de nadie (el referéndum del 1-O no fue homologado por los observadores escogidos por la Generalitat) y no disponían ni siquiera de las herramientas para llevarla a cabo. Y no se les cae la cara de vergüenza. Ni piden perdón por el mal que han causado a una sociedad más dividida que nunca, y con menos poder económico que hace un mes.

Esta arenga implacable demuestra, por venir de donde viene, que los golpistas son un árbol caído del que empiezan a hacer leña quienes lucraron a su sombra. A medida que se aproxime el 21 de diciembre se verán pintorescos cambios de chaqueta. Y hasta es posible que si alguno de los payasos que monopolizaron la escena durante estos años rompió realmente sus documentos españoles, pague a hurtadillas los once y los veinte euros que cuesta renovarlos para así poder seguir embaucando a la buena gente con sus charlotadas. Habrá que estar atentos para que no vuelvan a encubrir el "Hoy paciencia, mañana independencia" con el cuento pujolista del pescado en el cesto.

PS: El perfil psicológico de Carles Puigdemont me recuerda cada día más el del abogado francés Orélie Antoine de Tounens, que en 1860 se proclamó rey de la Araucanía y la Patagonia, reclamando una franja de territorio chileno y toda la Patagonia argentina, entre el Pacífico y el Atlántico, habitadas entonces por indios mapuches y tehuelches. Adoptó las costumbres y la indumentaria de los aborígenes, proclamó una Constitución y fingió gobernar con el apoyo de algunos caciques. El ejército chileno lo capturó en 1862 y fue sometido a juicio y recluido en un manicomio.

Sobran megalómanos en todas las épocas y lugares. Uno se cree monarca de un reino imaginario, otro se proclama presidente de una república nonata.

En España

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