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Un silencio atronador

La voluntad compartida de romper España explica la entusiasta acogida que el bloque secesionista tributó al etarra Arnaldo Otegi en el Parlamento de Cataluña.

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EFE

El predicador Francesc-Marc Álvaro estampó un sermón contra los políticos y periodistas que, a su juicio, "hacen uso de la libertad de opinión para mentir" ("La postopinión", LV, 13/7). Su filípica es implacable:

El buen comentario –regla elemental– se basa siempre en la buena información (…) La subjetividad imprescindible del opinador no le habilita para desfigurar la realidad.

Impecable. Pero ¿se ciñen Álvaro y sus cofrades de la cruzada secesionista a estos imperativos categóricos?

El predicador se ensaña

Vayamos a los hechos. Lo que movió al predicador a ensañarse con los herejes fue una afirmación rotunda de Jaime Mayor Oreja:

El proyecto de ETA, el proyecto de ruptura con España, está vivo. Está vivo en Cataluña. Porque ETA no es solo una organización terrorista, es un proyecto político de ruptura. Nació para romper España.

Álvaro clama: "Mayor Oreja miente y lo hace deliberadamente, porque no es un ignorante en estas materias". ¿Olvida el gran inquisidor que en ese mismo texto había reclamado buena información y había inhabilitado a quienes desfiguran la realidad? Pues es él quien miente y lo hace deliberadamente. Porque sabe, como todo el mundo, que, en ausencia del presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, su reemplazante transitorio, el entonces consejero Josep Lluís Carod Rovira, se reunió clandestinamente con el capo de los asesinos etarras, Josu Ternera, y pactó con él una tregua exclusiva para el territorio de Cataluña. ¿Qué tenían en común? La voluntad de romper España.

La voluntad compartida de romper España explica la entusiasta acogida que el bloque secesionista tributó al etarra Arnaldo Otegi en el Parlamento de Cataluña, donde le dio la bienvenida el presidente autonómico, Carles Puigdemont. Y mientras escribo estas líneas se prepara la actuación conjunta del histrión esquerrano Joan Tardà y el citado Arnaldo Otegi el 26 de julio en el Teatro Principal de Lérida.

Los escribas del secesionismo son expertos en mentir y desfigurar la realidad. Pero lo son aun más en ocultar los hechos que ponen en entredicho sus fabulaciones. Cuando los observadores ecuánimes les ponen delante de las narices las pruebas de que sus quimeras no se tienen en pie y son impracticables, carecen de argumentos racionales para defenderse, callan o se van por los cerros de Úbeda. Basta recordar, en este contexto, el papelón que hizo Oriol Junqueras cuando Josep Borrell lo machacó en 8TV desmenuzando, una por una, las falacias que aquel había sacado de la chistera.

Difamaciones barriobajeras

El silencio de los exegetas del secesionismo es atronador cuando sus interlocutores les plantean objeciones prácticas. Son especialistas en la retórica de los agravios históricos, de los hechos diferenciales, de los balances trucados, de las delimitaciones territoriales y de las peculiaridades folclóricas, todo ello sumado a difamaciones barriobajeras contra los compatriotas españoles, pero huyen despavoridos cuando oyen palabras como Catexit u otras con resonancias técnicas. Que son las únicas que guardan relación con el futuro. Sin embargo, el mismo Álvaro deja filtrar una reflexión que pone al descubierto la magnitud del desbarajuste que él y sus jefazos han montado a espaldas de la sociedad catalana con el pretexto de la utópica independencia:

En el referéndum del Brexit, fueron tan determinantes las informaciones falsas que el resultado siempre será sospechoso. (…) Vivimos el asedio de la posverdad, los efectos de la política posfactual y la efervescencia (en medios y en redes) de la postopinión, que es puro carnaval.

Si Álvaro reconoce que en el referéndum del Brexit fueron determinantes las informaciones falsas, ¿qué se puede decir del referéndum del 1-O, jaleado por un coro de émulos locales de Boris Johnson, Nigel Farage y Marine Le Pen? Rebusco en las hemerotecas y no encuentro, en ese coro, a nadie que aborde con un mínimo de seriedad los obstáculos con que tropieza este "puro carnaval".

Telarañas mentales

Después del fiasco estrepitoso de Junqueras en su choque con Borrell, ninguno de los intelectuales orgánicos del procés se atrevió a abordar el problema de fondo: la salida inevitable y automática de la Unión Europea. Lógicamente, los mamporreros anticapitalistas de la CUP la saludan complacidos, porque la llevan en su programa. Pero es suicida el silencio cómplice del agitprop catalibán (Le Monde dixit). Un silencio atronador que escandaliza doblemente porque choca con las voces de quienes expresan los ideales y los intereses de la sociedad civil catalana, y además están angustiados por la amenaza de romper los vínculos materiales con España y Europa. "Catalunya no puede estar ni por un momento, ni por un segundo, fuera de Europa", dictaminó Miquel Valls, presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona, en el canal de noticias 3/24 ("Cataluña hace saltar las alarmas de las empresas", El País, 23/7).

Estas voces, a diferencia de las divagaciones esotéricas de los embaucadores, llegan cargadas de mensajes documentados y veraces. Son irrefutables y por eso los salvapatrias evitan polemizar con ellas. Es imposible contradecir a Francesc Granell cuando escribe, con un poder didáctico suficiente para traspasar las telarañas mentales de los más estólidos secuaces de Gabriel Rufián ("Sitges y la Unión Europea", LV, 3/6):

Desde el Tratado de Lisboa, un Estado miembro que quiera dejar de ser miembro de la UE, puede solicitar salirse ella, como es el caso, ahora, del Reino Unido, pero no existe procedimiento de expulsión. Tenía razón, pues, el vicepresidente Junqueras cuando dijo en Sitges que no existe ningún mecanismo previsto para expulsar a un Estado miembro de la Unión Europea. Esto es así, pero lo que no dijo –pese a que debería saberlo porque fue eurodiputado español del 2009 al 2012– es que Catalunya no podría ser expulsada de la Unión Europea por la sencilla razón de que, como tal, Catalunya nunca ha sido miembro de ella. Catalunya (…) no figura entre los firmantes de los tratados europeos y, como consecuencia de ello, Catalunya solo está en la UE porque forma parte del Reino de España.

Es una lástima que la Generalitat no haya aprovechado la reunión de Sitges para empezar a informar oficialmente a los catalanes de las cosas como son y no como el desiderátum separatista querría que fueran.

Pura jeremiada

Mientras el silencio de los chisgarabís de la desconexión es atronador, la sentencia de Granell tiene el respaldo explícito y elocuente del ágora internacional: Merkel, Juncker, Macron, Antonio Tajani –presidente del Parlamento Europeo–, la Comisión de Venecia, ¡y la ONU! (El País, 26/7), lo ratifican un día sí y otro también: "Un Estado catalán estaría fuera de la UE" (LV, 15/7). Si, como escribió Álvaro, "el buen comentario –regla elemental– se basa siempre en la buena información", esta brilla por su ausencia en sus arengas y las de sus camaradas. Pura jeremiada, pura postopinión.

Y por si esto fuera poco, nos encontramos con que nuestros postopinadores tampoco se dan por enterados de los juicios negativos que emiten, contra las leyes de transitoriedad y desconexión, los órganos jurídicos de la misma Generalitat: el Consell de Garanties Estatutàries y el letrado mayor del Parlament. Su indigencia de argumentos los empuja a poner nuevamente en escena a Oriol Junqueras. Tras ser el hazmerreír frente a Borrell, hace otro papelón (LV, 16/7):

En el furor del momento, el vicepresidente Oriol Junqueras llegó a decir con solemnidad que la autodeterminación es "el primero de los derechos humanos". Y no, claro. El primero, artículo 3 de la Declaración de los Derechos Humanos (el 1 y el 2 son consideraciones sobre la universalidad de estos derechos), dice: "Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas".

En cambio, los pactos sobre autodeterminación de Nueva York (1966), a los que quiso aludir Junqueras desde su inanidad, contienen un inciso que demuele las pretensiones de los secesionistas:

Todo intento encaminado a quebrantar total o parcialmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incompatible con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas.

¿Qué opinan de toda esta buena información los postopinadores del régimen? Silencio atronador.

Señuelos irracionales

Por favor, basta de mitomanías supremacistas, con apelaciones épicas y obsesivas a naciones milenarias y paraísos feudales. Esos fueron los señuelos irracionales con que movilizaron a las masas Hitler, Mussolini, Stalin y Franco. Vayamos a los hechos. Buena información y debates instructivos sobre la realidad presente y futura. Y elecciones parlamentarias con partidos que den garantías de que cumplirán lo que prometen: salvaguardar la unidad de España y el bienestar de los españoles, si son constitucionalistas, o consumar la ruptura con España y Europa, con todos los desastres comprobados del Brexit, trasladables al Catexit, si son secesionistas.

La ciudadanía ilustrada no tolerará astucias, ni triquiñuelas, ni mamarrachos plurinacionales importados de la arcaica Bolivia pluritribal. Clar i català, por el bien de todos.

PD: Mientras un cirujano practica una operación muy delicada, entra en el quirófano un guardia urbano y lo interrumpe para informarle de que su coche está mal aparcado. Esto es lo que sentí al presenciar la declaración del presidente de Gobierno ante la Audiencia Nacional.

En España

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