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Votar por la cordura

El 22-D sabremos cuántos son culpables de dejarse engañar dos veces. Pocos, espero.

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Europa Press

Hasta ahora los grupos ultras que viajaban por Europa llevando consigo un mensaje de odio eran los neonazis, los hooligans del fútbol y los anarquistas del Black Block. El 7 de diciembre Bruselas asistirá, estupefacta, a la invasión de una nueva hornada de militantes conflictivos. Llegarán, si las fuerzas belgas del orden no lo impiden, cinco vuelos charter y una flota de autocares cargados con agitadores enrolados en el movimiento subversivo catalán. Estos activistas llevarán consigo documentos españoles que les permiten transitar libremente por Europa, a pesar de que reniegan de su legítima nacionalidad y se proclaman súbditos de una república inexistente. En Bruselas se ha colado subrepticiamente, también gracias a su documento español, el Terminator que fracturó Cataluña: Carles Puigdemont. Es a él a quien van a rendirle pleitesía.

Arrogancia fascista

La Marcha sobre Bruselas, con la arrogancia fascista de la Marcha sobre Roma, es una extraña ceremonia de obediencia a un desertor que dejó en la estacada a sus compañeros de fechorías. Dicen que él y sus cortesanos componen un Gobierno en el exilio. "Fugados, que no exiliados", sentenció Josep Antoni Duran Lleida, que sabe por experiencia con qué bueyes ara ("Ficción y realidad", LV, 24/11). Y Antoni Puigverd, catalanista de pura cepa, tampoco pudo reprimir su desconsuelo ante la indecorosa profanación de un término venerable en que incurrían sus taimados cofrades ("La referencia", LV, 13/11):

Puigdemont puede ser leído como una parodia del larguísimo y trágico exilio iniciado por miles de catalanes y españoles después de la victoria de Franco. "¡No usarás el nombre del exilio en vano!". Este debería ser el mandamiento del catalanismo que conoció tantas formas de exilio exterior e interior.

La marcha de solidaridad con los prófugos completará la imagen escandalosa que esta tropa de insurgentes sectarios proyecta fuera de España. Irán con pancartas que exigen, en inglés: "¡Europa despierta! Ayuda a Cataluña" (LV, 24/11). Exhortación mendaz, porque Europa está despierta desde el comienzo del proceso y se solidariza con los ciudadanos catalanes-españoles y españoles-catalanes que son víctimas del veneno nacionalista (Jean-Claude Juncker dixit), mostrando su repudio a los victimarios hoy evadidos de la Justicia.

Portadores de la peste

El gurú Enric Juliana dedica dos páginas a explicar "La mediación que no llegó – La Generalitat pidió la intervención de relevantes personalidades europeas" (LV, 26/11). Y confiesa que esa operación solo encontró rechazos categóricos, después de haber captado intermediarios residuales en los sumideros de la política internacional.

Cuando los supremacistas identitarios fingen haber conquistado la simpatía de personas respetables, estas niegan el contacto como si quienes los abordan fuesen portadores de la peste. Un ejemplo ilustrativo es el del eurodiputado de la desguazada CiU Ramon Tremosa, quien tuiteó una fotografía en la que aparecían él y el ex primer ministro y líder de los socialistas belgas Elio di Rupo, juntos y sonrientes en un restaurante de Bruselas, con un mensaje en el que Tremosa agradecía las críticas del político belga a Mariano Rajoy. Informa la prensa (LV, 24/11):

Di Rupo no tardó en replicar a Tremosa y explicó que un "eurodiputado español" se le había acercado y le había pedido hacerse una fotografía. A continuación aclaró que este eurodiputado, al que no menciona por su nombre, "utiliza ahora [la imagen] con fines políticos españoles". "Si es necesario, reafirmo mi total oposición a la actitud de Puigdemont".

¡Toma castaña!

Trileros desahuciados

El desembarco de la tribu cainita en Bruselas adquiere contornos especialmente ofensivos ahora que su capitanejo se ha quitado la máscara y arremete contra la Unión Europea con el mismo encono con que lo hacen los atrabiliarios Boris Johnson, Marine Le Pen y Donald Trump, y el payaso Beppe Grillo. Que el último retoño del pal de paller hoy putrefacto que plantó la famiglia Pujol-Ferrusola califique a la Unión Europea de "club de países decadentes y obsoletos" supera la marca del cinismo contumaz. Sobre todo porque deja a la vista el hecho de que estos trileros mentían siempre que hacían votos de europeísmo y prometían a la masa encandilada un rápido ingreso triunfal en los organismos que ahora, tras ser desahuciados, osan impugnar.

Con su megalomanía enfermiza herida por el rechazo de los dirigentes y las instituciones del mundo civilizado, el Don Nadie prófugo dio rienda suelta a su instinto primitivo. Y lo hizo, para mayor escarnio, en la sede de ese "club de países decadentes y obsoletos, en el que mandan unos pocos, además muy ligados a intereses económicos cada vez más discutibles" (LV, 26/11). Con el añadido, propio de un mentiroso compulsivo, de que anhela que Cataluña esté en la UE para fortalecerla, lo que en su doble lenguaje implica abusar también de ella desde adentro. Un brindis al sol, porque Cataluña solo estará en la UE como parte inseparable de España y nunca por sí sola.

El colmo de la estulticia: el tahúr huye de la Justicia utilizando el pasaporte del país contra cuya existencia conspira, instala su piso franco en la metrópoli del sistema que él difama a coro con la chusma cupera, oculta que los "intereses económicos cada vez más discutibles" de su propio currículo son los que justifican las imputaciones de malversación y prevaricación que pesan sobre él y su pandilla, y anima a sus secuaces para que entren en tropel –siempre con los desdeñados pasaportes españoles– en Bruselas, para avergonzar a la mayoría de los catalanes con sus chirigotas rufianescas.

Aves de rapiña

Esto es lo que hay que dejar claro. Antoni Puigverd acusa a la sociedad española de aprovechar la derrota del secesionismo –que él reconoce– para humillar a los catalanes. ¡Vae victis!, sentencia ("¿La plaza de los discrepantes?", LV, 27/11). Escribe:

Una locuacidad ofensiva, sarcástica, quevediana que había sido el sello del sector más derechista de la prensa madrileña se ha generalizado en la opinión pública española a la hora de referirse a Catalunya (y no solo al independentismo, pues, según se dice, "una sociedad que ha permitido eso, está enferma"). El regaño, la burla y el varapalo retórico se imponen incluso en los periódicos de tono tradicionalmente aséptico y profesional.

Si Puigvert afinara la puntería, sería implacable con quienes generan equívocos agraviantes al usurpar la representación de "los catalanes", "el pueblo catalán", "Cataluña", cuando solo tienen el 48,7 por ciento de los votos, emitidos por el 36 por ciento del censo. La verdad es que son los catalanes racionales, emprendedores, cultos y solidarios, que conforman la mayoría de la sociedad, quienes deberían emplear la locuacidad ofensiva, sarcástica, quevediana, y el regaño, la burla y el varapalo retórico para retratar a las aves de rapiña que montaron, a sabiendas, el entramado de mentiras con que estafaron a millones de ciudadanos de buena fe.

Coto de latrocinios

No han sido la prensa madrileña ni la opinión pública española sino los gerifaltes del Politburó sedicioso quienes han degradado Cataluña al pasarse el Estado de Derecho por el forro, ahuyentando bancos, empresas, inversores, la Agencia Europea del Medicamento, turistas y consumidores. Con la secreta intención de rematar el putsch ejecutando una estratagema que todos los expertos daban por inevitable aunque los embaucadores lo negaran: la ruptura con la Unión Europea para crear un coto privado de latrocinios dependiente de Rusia, China, Qatar o quien fuera el mejor postor.

Para terminar, es verdad que si la sociedad catalana permitiera que se repita la estafa estaría enferma. No lo dice la prensa madrileña. Lo ha diagnosticado, con muy buen criterio y movido por el amor a su tierra, otro catalanista de pura cepa, Josep Antoni Duran Lleida, que escribió, en el artículo arriba citado:

Veremos qué deparan las urnas el 21-D. Mientras tanto, bueno será recordar el sabio consejo del presocrático Anaxágoras: "Si me engañas una vez, tuya es la culpa. Si me engañas dos, la culpa es mía".

Patología psiquiátrica

Seré sincero: la lista del PSC que apoya públicamente Duran Lleida no me inspira confianza, entre otras razones por la falacia de la plurinacionalidad y porque defiende el anacrónico blindaje cultural y lingüístico en tiempos de Halloween, el Black Friday y la Shopping Night.

No importa. En mi artículo "El diálogo entre iguales" (LD, 24/11) sostuve que la opción es entre civilización y barbarie. Ahora, viendo la crisis fóbica de Carles Puigdemont contra la UE, el trance místico de Oriol Junqueras y el egocentrismo tóxico de Ada Colau, opino que el bando que identifiqué como el de la barbarie debe encuadrarse en una categoría más afín a la jerga de la patología psiquiátrica. Y Duran Lleida, que promete votar al PSC, mis amigos del PP y quien esto escribe, que votará a Ciudadanos por sus convicciones liberales, hemos optado por la cordura con los matices naturales del pensamiento crítico. Insisto: civilización contra barbarie, cordura contra alienación.

El 22-D sabremos cuántos son culpables de dejarse engañar dos veces. Pocos, espero.

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