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Dominios

Punto cat para los catetos

El ministro Montilla ha dado a conocer la gran noticia que todos los internautas estábamos esperando para el irrefrenable avance de España en la sociedad de la información. Tras años y años de desidia gubernamental, Montilla ha cogido el toro por los cuernos y, en el marco de la iniciativa "Todos.es" nos ha anunciado que se va a impulsar el dominio .cat. Loado sea el Señor.
 
Para quien no lo conozca, el dominio.cat es la reivindicación por antonomasia de los internautas nacionalistas catalanes, que quieren un dominio propio para, cual selección de hockey sobre patines, demostrar al mundo las excelsas virtudes de lo catalán frente a, pongamos por caso, lo castellano, representado por nuestro vulgar dominio .es.
 
Que un ministro que en los primeros seis meses de gobierno no ha movido un dedo por mejorar la situación de la sociedad de la información en España se descuelgue ahora haciendo guiños nacionalistas de este calibre es, ya de por sí, penoso. Aunque no nuevo: ya nos dejó bien claro por donde iban los tiros al trasladar la sede de la CMT a Cataluña, una medida carente de toda lógica. El ministro Montilla está convirtiendo a sus predecesores (a cual más mediocre, todo sea dicho) en auténticos estadistas y hombres de visión preclara en las cuestiones relativas a Internet, y lo único que ha aportado hasta la fecha ha sido seguir los planes que dejó el último gobierno popular sin cambiar una coma y actuar de portavoz del tripartito en el nuevo ejecutivo. Una contribución valiosa, sin duda, para quien así la quiera ver.
 
Pero volvamos al .cat. Quienes nos consideramos ciudadanos del universo y vemos en Internet la plasmación de un mundo sin fronteras no podemos sino espantarnos ante tanto catetismo pueblerino, cerrazón mental y aspiración absurda y pretenciosa. Si Cataluña es incapaz de representar su rica identidad cultural en la Red con otra cosa que no sea el dominio .cat, ¡pobre Cataluña y pobres catalanes!
 
Porque esto de las extensiones de dominios (o dominios de primer nivel) no deja de ser algo anecdótico e insignificante para el correcto funcionamiento de Internet, y en absoluto merecedor de una reivindicación, sea del tipo que sea. Basta echar un vistazo al número de dominios .com, .net o .org y compararlos con el número de dominios .es para darse cuenta de que en la Red vale mucho más lo universal que lo local, más lo transnacional que lo nacional, y por supuesto que lo meramente nacionalista.
 
Seguro que hay quien se siente "oprimido" por un dominio .es cuyas cifras de uso son irrisorias y quiere expresar su "hecho diferencial" con el nuevo dominio. Pero en la Red el nacionalismo se bate –y pierde– contra el racionalismo y el estoicismo (en un sentido filosófico), y la identidad no viene dada por la extensión de un nombre de dominio, sino por la capacidad para expresar lo distintivo en medio de la multiculturalidad y la universalidad. Quien no sepa comprender esto se hace sin duda merecedor de un dominio .cat. Pero en lugar de a los catalanes, que estos dominios se otorguen solamente a los catetos. Por favor.