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La sorpresa fue Lapid

Netanyahu tiene dos opciones: coaligarse con los partidos religiosos o acudir al centro y formar una coalición liberal con Lapid, Kadima y Hatnua.

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La velada electoral se vivió con bastante emoción. Siempre ocurre cuando las encuestas y las predicciones fallan y, sobre todo, cuando gracias a Twitter tenemos información casi instantánea de periodistas, voluntarios, votantes, candidatos y espontáneos. Finalmente, los sondeos a pie de urna calibraron bien los resultados de Netanyahu, que se alzó con 31 escaños –esperaba entre 35 y 37, cuando se publicaron las israelitas contaba con 31, luego subió a 34 y a las 4 de la madrugada, hora israelí, volvió a bajar a 31–, y la sorpresa no fue Naftalí Bennet, sino el periodista Yair Lapid, que ha sido el gran triunfador de la noche.

Ciertamente, si consultamos la biografía de Yair Lapid, nos quedan pocas dudas de que ha nacido para triunfar en todo aquello que se proponga: hijo del superviviente de Auschwitz Tommy Lapid, es uno de los periodistas más famosos de Israel. Escritor y compositor de éxito, ha sido también boxeador –se enfrentó a Mike Tyson–, y ahora, con su partido de nueva creación, Yesh Atid (Hay Futuro), se ha alzado con el segundo puesto en las elecciones: ha conseguido 19 escaños en la Knesset y se postula como socio de gobierno de Netanyahu. La incógnita que genera Lapid es si es sólo imagen o, por el contrario, también sus ideas políticas son de peso. En 2009 escribió en su columna del Yediot Aharonot, el periódico israelí de más tirada, un ya legendario artículo, titulado "Soy sionista", que era toda una declaración política. Lapid se define como un ferviente sionista; orgulloso de formar parte del pueblo judío, piensa que todos los israelíes deben servir en el ejército y pagar impuestos, se muestra comprometido a luchar por el bienestar de Israel y, como apunta el New York Times, es un defensor de las clases medias.

Lapid se aloja en el centro político. En mayo calificó a su partido como el único que de verdad sigue dicha tendencia en Israel. Ha recogido el testigo de las protestas de 2011 por el encarecimiento de la comida y de la vivienda, ha hecho bandera de las voces que piden una reforma de la Ley Tal para que los jóvenes ultraortodoxos hagan el servicio militar –actualmente sólo existe una unidad, Najal Haredí, que cuenta con unos 2.000 jóvenes ultraortodoxos– y, sobre todo, ha usado su mediática imagen para hacerse con el voto joven y urbano. Ahora bien, no sólo ha sacado votos del centro: según una encuesta del Canal 2, el 50% de los votantes de Lapid se declara de derechas; incluso lleva dos rabinos ortodoxos en su lista.

Yesh Atid ha hecho daño a Netanyahu y a Liberman por la derecha, a Kadima y a Hatnua –el primero nació como escisión de Likud, y el segundo como escisión de Kadima– por el centro y, en menor medida, a los laboristas de Yacimovich por la izquierda. El Partido Laborista, con 15 escaños, mejora sus resultados de 2009, pero no alcanza los 17 que apuntaban las israelitas.

Otro rostro de las elecciones lo pone una de las predicciones fallidas: Naftalí Bennet. Aspiraba a ser un huracán en el centroderecha israelí y ahora, con apenas 11 escaños, no sabe si quedará dentro o fuera del Gobierno. Pese a ello, Bennet ha conseguido 8 escaños más para su partido y ha dicho que llega para quedarse. Lo tiene todo para triunfar en política: es joven e íntegro, ha sido un héroe en el ejército –sirvió en la unidad de élite Sayeret Matkal, encargada de las operaciones top secret– y es un exitoso emprendedor tecnológico... Durante la campaña ha canalizado bien el descontento y la desconfianza israelíes hacia el proceso de paz con los palestinos, pero al fin y al cabo los israelíes siguen queriendo la paz, y la idea de Bennet de anexionar Cisjordania y dar autonomía local a las ciudades palestinas se aleja de toda realidad, amén de ser perjudicial para el futuro del propio Estado de Israel.

Lapid y Bennet son dos líderes nuevos y jóvenes que representan el futuro del Estado judío. Son un reflejo del Israel de hoy. Ambos son honestos, han sido tremendamente exitosos en sus desempeños y los dos poseen la ilusión por la política de los primerizos. Como reza el nombre del partido de Lapid, hay futuro y ya está aquí.

Por su parte, Netanyahu, que seguirá siendo King pero con menos poder, ha sido víctima de sus propios éxitos en materia de seguridad y estabilidad, según Haaretz. De ahí que el electorado se haya podido centrar más en asuntos sociales y económicos, exactamente como pasó en 1999, cuando Bibi perdió las elecciones frente a Ehud Barak.

La aritmética nos depara un tiempo para que sigamos con las quinielas. Netanyahu tiene 45 días para formar nuevo Gobierno. A falta de un escaño por adjudicar, tiene dos opciones: coaligarse con los partidos religiosos, panorama en el que Bennet sería la figura más moderada, o acudir al centro y formar una coalición liberal con Lapid, Kadima y Hatnua. Bibi, pues, tiene un sus manos formar una coalición estable y competente para afrontar los retos a los que se enfrenta Israel.

Elías Cohen, abogado y analista político.

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