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La política del Brexit'

Francia y Alemania pueden tener mucho interés en que las condiciones de salida del Reino Unido sean lo más duras posible.

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EFE

Explica muy bien José García Domínguez por qué el Brexit apenas tendrá relevancia económica. Y pone el acento en la naturaleza esencialmente política del proyecto que representa la Unión Europea. Tanto es así que los mayores problemas del Brexit son políticos, no económicos. Y a ambos lados del Canal.

Por un lado, Reino Unido tendrá que enfrentarse a las consecuencias políticas de los perjuicios económicos que, por nimios que sean, el Brexittraiga a quienes votaron a favor de permanecer en la Unión. La insatisfacción que generen, real o fingida, permitirá a los adversarios políticos del Gobierno pescar en río revuelto. No sólo los nacionalistas escoceses quieren repetir el referéndum de independencia, habida cuenta de que, según ellos, quienes votaron a favor de seguir perteneciendo al Reino Unido lo hicieron por permanecer en la UE. En Irlanda del Norte es peor. También allí los brexiters perdieron el referéndum. Pero allí el Sinn Féin lo está aprovechando para bloquear la formación de un nuevo Gobierno en coalición con los unionistas. Esta actitud constituye un abierto boicot al Acuerdo del Viernes Santo que previó un Gobierno compartido para acabar con la violencia. Si no se llega a un acuerdo y Westminster se ve obligado a tomar las riendas allí, las consecuencias serán imprevisibles. Theresa May ha llamado a la unidad en la negociación. Sin embargo, cualquier concesión que haga, por irrelevante que sea económicamente, será contestada por todos sus adversarios. Podrán hacerlo porque su posición negociadora es extraordinariamente débil, puesto que el único mandato que tiene del pueblo británico es salirse de la Unión Europea bajo cualquier condición. Ha de irse en todo caso, por duras que sean las condiciones que le impongan. Y sus compatriotas la harán responsable a ella, no a quienes votaron a favor del Brexit.

Y Francia y Alemania pueden tener mucho interés en que sean lo más duras posible. Es verdad que, al día siguiente del Brexit, Angela Merkel se mostró tibia acerca de las condiciones que se impondrían a Gran Bretaña pensando en los intereses de su industria exportadora. Sin embargo, su actitud ha cambiado y se ha puesto mucho más seria, rechazando la pretensión de Gran Bretaña de negociar a la vez cómo se iba y cómo se quedaba. Merkel ha dicho que primero se pactará la salida y luego ya habrá tiempo de iniciar el largo camino hacia un tratado de libre comercio. Si Macron gana en Francia, el eje París-Berlín volverá a funcionar, gane quien gane las elecciones de septiembre en Alemania. La Unión Europea recibirá un nuevo impulso y se intentará resolver los problemas del euro. Para ello, habrá que imponer disciplina a los díscolos, tanto a los que en el Sur quieran gastar más como a los que en el Norte no quieran arrimar el hombro. Y para tener autoridad con la que imponer esa política es necesario mostrar, con el ejemplo británico, el mucho frío que hace fuera de la Unión, si no en términos estrictamente económicos, al menos en los políticos. En cualquier caso, de momento, Lloyds, el gigante asegurador británico, ha abierto oficina en Bruselas.

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