Optimismo

Las lecciones que necesita Zapatero

Zapatero es incorregible. Con la que está cayendo en las cajas de ahorros, el presidente del Gobierno se atreve a pronosticar que la recuperación de la economía española está en puertas cuando –por lo que dice el gobernador del Banco de España al advertir que serán necesarias nuevas intervenciones en entidades crediticias– esto no ha hecho más que empezar. La realidad, por tanto, nuevamente contradice a ZP, pero esto no es lo malo; lo malo es que sigue sin aprender las lecciones básicas para superar la grave situación actual: la lección económica y la lección política.

Lo que dice la lección económica es que, en estos momentos, está llegando a España la segunda oleada de la crisis, la que puede poner las cosas todavía peor si cabe. Y es que tanto cierre de empresas, tanto despido y tanta crisis del sector inmobiliario están disparando las cifras de morosidad y poniendo contra las cuerdas a las entidades crediticias, sobre todo a aquellas cajas de ahorros pequeñas y medianas que tienen una concentración muy elevada de riesgos con créditos a promotores y con préstamos hipotecarios. Sin embargo, esto no es una sorpresa. Por el contrario, era algo previsible, sobre todo teniendo en cuenta los elevados niveles de endeudamiento familiar y empresarial, un endeudamiento financiado esencialmente con recursos del exterior que hoy no existen. Pero también era algo previsible por la propia dinámica de las crisis, puesto que en cuanto éstas hacen acto de presencia, comienzan los problemas en las empresas, los despidos y, en consecuencia, los impagos. Por tanto, no se trata de nada nuevo ni desconocido, sino de la propia lógica de la economía que el Gobierno ha ignorado por completo y ahora pasa lo que pasa: que hay que intervenir cajas de ahorros, lo que va a restringir todavía más un crédito cuya recuperación es imprescindible para que España pueda pensar en salir de una dura crisis que va para largo. Sin embargo, parece que el manual de introducción a la economía de Zapatero no incluye esta lección, o él la ha pasado por alto deliberadamente para no tener que afrontar la realidad, como los adolescentes inmaduros que viven en un mundo idílico del que no quieren salir.

Lo mismo ocurre con la lección política. Si ahora estamos en la que estamos con el sistema financiero español –ese que se suponía el más saneado del mundo según le gustaba alardear a Zapatero por todo foro internacional por el que pasaba– es porque desde el primer momento el presidente optó por negar la realidad de la crisis y actuar en consecuencia. En 2004, cuando los socialistas ganaron las elecciones, se produjo el fuerte impulso monetario que ha dado la puntilla al sistema financiero internacional, cuando tanto la Reserva Federal como el Banco Central Europeo recortaron los tipos de interés a mínimos históricos de entonces ante el riesgo de deflación que percibían. Sin embargo, por su naturaleza aquella era una situación transitoria y, por tanto, los tipos de interés volverían a subir en cuanto el peligro de deflación se hubiera alejado y, sobre todo, en cuanto empezaran a aparecer los primeros síntomas de presiones inflacionistas. Éstos hicieron acto de presencia cuando, ese mismo año, tanto el petróleo, como los alimentos, como otras materias primas, comenzaron a aumentar con fuerza. En consecuencia, el encarecimiento del precio oficial del dinero estaba servido.

Al percibir esos signos, el Gobierno debería haber actuado, pidiendo al Banco de España más rigor en el control de los riesgos con los préstamos a familias y a promotores inmobiliarios, con el fin de limitarlos para evitar lo que ahora se está produciendo, esto es, la necesidad de intervenir entidades. Sin embargo, el Gobierno no lo hizo. Zapatero estaba encantado con una economía que iba como un cohete en términos de crecimiento y empleo, sin darse cuenta de que los motores estaban más que recalentados y a punto de estallar. Así que dejó hacer. A él lo que le gustaba era pavonearse a lo largo y ancho de Europa de que España había superado a Italia en renta per cápita y, según sus sueños, pronto iba a hacer lo propio con Francia. Así es que el Ejecutivo no actuó cuando debía y, lo que es aún peor, cuando la crisis empezó a llamar a las puertas de la economía española, siguió de brazos cruzados. ZP se empeñó en negar la realidad y, por tanto, si no había crisis, al menos en su mente, tampoco existían razones para haber actuado como tenía que haberlo hecho en su momento para evitar males mayores.

ZP, que necesitaba y necesita más de dos tardes de clases de economía, se creyó que todo se arreglaba con decir que las cosas estaban bien para alimentar expectativas positivas, y con medidas de carácter populista y electoralista que no fueron más que el despilfarro de unos recursos que hoy se echan mucho en falta. Sin embargo, como la crisis era real, por mucho que lo negara ZP, las expectativas se hundieron, la economía cayó, y sigue cayendo a plomo. Por este motivo, las entidades crediticias se ven ahogadas por la falta de financiación externa y por el creciente aumento de la morosidad. Así se gestó la segunda oleada de la crisis, que llega con una fuerza inusitada que no habría tenido de haberse hecho lo que se debía y cuando se debía. Si ahora Zapatero se empeña en creerse su propia película acerca de la recuperación, estamos perdidos. Quizá Miguel Ángel Fernández Ordóñez, además de advertir que el Banco de España va a seguir interviniendo entidades crediticias, debería darle al presidente del Gobierno las muchas lecciones de economía que aún le faltan. Claro, siempre contando con que Zapatero quiera oírlas y se deje enseñar, que esa es otra.

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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