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¿Qué esconde Zapatero?

Esa banca para la que Zapatero está aprobando planes multimillonarios de rescate va a poner sobre la mesa el dinero necesario para que los rusos acometan la operación cuando se dijo que las medidas de apoyo a la banca eran para reactivar el crédito.

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¿Qué razones tiene Zapatero para entregar Repsol al Kremlin y a la mafia rusa cuando, por lo que estamos viendo, puede haber opciones que garanticen la españolidad de la compañía? Ya sabemos que todo este lío tiene su origen en la necesidad de sacar a Sacyr, la constructora amiga del Gobierno, las castañas del fuego, o sea, evitar que vaya a la quiebra. Pero esa no es razón suficiente para justificar que la participación en Repsol de la compañía que preside Luis del Rivero, lo mismo que la de la Mutua Madrileña y la de La Caixa, tengan que pasar necesariamente a manos de Lukoil y, además, con ayuda de nuestra banca cuando, precisamente, esa ayuda podría permitir una solución española.

La petrolera rusa tiene la peor calificación crediticia de todo el sector a nivel internacional, lo cual le impide, en estos momentos de crisis financiera, obtener los recursos necesarios para acometer la adquisición del 30% de Repsol. Lukoil tiene que reestructurar su deuda y carece, por tanto, de capacidad para embarcarse en semejante operación. Además, aunque al Kremlin le gustaría apoyar muy gustosamente una operación encaminada a aumentar el dominio ruso sobre el sector energético europeo –y, por tanto, la capacidad del tándem Putin-Medvedev de condicionar las políticas y las decisiones de los países de la Unión Europea–, resulta que las reservas de divisas de Moscú están bajo mínimos, después de que empleara la mitad de ellas en sostener la Bolsa moscovita y perdiera también una buena parte de las mismas por haberlas invertido en Fannie Mae y Freddie Mac (ya saben, las agencias públicas estadounidenses supuestamente encargadas de dinamizar el mercado hipotecario norteamericano que están en el epicentro de la crisis de las hipotecas de alto riesgo o subprime).

Pues bien, resulta que para superar esas dificultades, la banca española puede conceder créditos a Lukoil con los que financiar la adquisición del 30% de Repsol. Esa banca para la que Zapatero está aprobando planes multimillonarios de rescate –que se beneficia de la opacidad decretada por el Gobierno acerca de quién acude a los mismos y por qué importe– va a poner sobre la mesa el dinero necesario para que los rusos acometan la operación cuando se dijo que las medidas de apoyo a la banca eran para reactivar el crédito a las familias y empresas españolas, no para financiar operaciones corporativas. Pues si la banca española tiene capacidad para aportar esos créditos, ¿por qué no se los concede a una entidad de nuestro país o, en última instancia, a la SEPI, para que ésta se haga con ese paquete y lo coloque después, cuando sea el momento propicio, entre inversores españoles? Desde luego, empresas que podrían hacerse cargo de ese 30% de Repsol con ese apoyo de los bancos y cajas de ahorros las hay, por ejemplo, Iberdrola o ACS. O, ya puestos, esos créditos se le pueden conceder a la propia Sacyr para que no tenga que vender sus acciones de Repsol a la desesperada.

Esta cuestión es de gran importancia por varios motivos. En primer lugar, nadie paga una prima del cien por cien, como pretende hacer Lukoil, por hacerse con el 30% de una compañía si no es con la intención de hacerse con posterioridad con el control total de la misma. Y quién controle Repsol, lo hará también con Gas Natural y Unión Fenosa, algo a lo que el Gobierno debería de oponerse de lleno. No se trata de nacionalismo económico, sino de que no se puede entregar así como así una parte sustancial de un sector estratégico como el energético al Kremlin y a la mafia rusa, que ya se sabe cómo las gastan. Este fin de semana, sin ir más lejos, Moscú ha vuelto a amenazar a Ucrania con cerrarle la espita del gas a principios de año, en un movimiento que busca influir en las elecciones generales que tendrán lugar en el país eslavo a principios del próximo año.

En segundo lugar, la entrega de Repsol a Lukoil puede abrir una nueva brecha en las relaciones entre España y Estados Unidos que nadie desea. Barack Obama, en sus primeras intervenciones, ya ha dicho muy claro que su país tiene que buscar la independencia energética y lo ha dicho pensando, en parte, en no dar bazas a una Rusia que saludó su triunfo electoral instalando misiles en la frontera con Polonia (un claro gesto tanto de desafío como de prueba de qué madera está hecha la persona que ocupará el despacho oval de la Casa Blanca a partir del próximo 20 de enero). Zapatero presume de ser amigo de Obama y trata de vender la idea de que, con él, España puede representar para Estados Unidos lo que ha sido el Reino Unido para los norteamericanos en los últimos treinta años. Pues difícilmente lo va a conseguir con la entrega de Repsol a Lukoil.

Por consiguiente, es preciso volver a plantearse el interrogante del principio. ¿Por qué esa entrega si, a poco que uno se pare a pensar, esa financiación que puede conceder la banca española a Lukoil puede dársela a una entidad con pasaporte español? ¿Tendrá algo que ver con la relación entre Zapatero y ese Hugo Chávez que está abriendo a Rusia de par en par las puertas de Venezuela y se está aliando con ella en la reedición de la guerra fría en versión siglo XXI? ¿Es una cuestión ideológica? El Partido Popular tiene que pedir muchas más explicaciones al Gobierno de las que le está demandando y el Ejecutivo tiene que ofrecer muchas respuestas, además de parar la venta del 30% de Repsol a los rusos.

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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