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Columna publicada el 18-05-2005
Me resulta enormemente interesante presenciar una revolución. Y más aún cuando de verdad creo en ella, e incluso, aunque sea modestamente, participo de alguna manera en ella. Hace unos días, la página de la ACAM (Asociación de Compositores y Autores de Música) publicó una traducción de un artículo de la Directora General de British Music Rights (BMR), Emma Pike, titulado “What you need to know about Creative Commons” (“Lo que debes saber sobre Creative Commons”). En la versión de la ACAM deciden destacar una frase más agresiva como título, así que el artículo se convierte en “Creative Commons sólo favorece a una cuadrilla de oportunistas”... deben ser “esas cosas del carácter latino”. Curiosamente, puestos a hacer el ridículo no sólo con el fondo, sino también con las formas, la ignorante ACAM coloca, aproximadamente a un centímetro de la sonriente cara de la rubia autora del artículo, un recuadro rojo que reza “Sé independiente, clic aquí”, y que vincula, curiosamente, con el vídeo “Sé Creativo”, auténtico abanderado de la revolución Creative Commons, y que tienen alojado, entre otros muchos sitios, en el propio servidor de la ACAM. Como demostración de absoluta ignorancia e incoherencia, por supuesto, no está nada mal, pero eso da lo mismo. Se trata de hablar mal de las cosas, aunque se demuestre palmariamente que no se conocen, algo que se suele conocer como “estrategia FUD” (Fear, Uncertainty and Doubt, o generación de “miedo, incertidumbre y dudas”) y que se está constituyendo, junto con el lobbying político, en las formas habituales de expresarse de unas sociedades que ven como desaparece el obsoleto modelo de negocio que les otorgaba privilegios y derechos absurdos e ilimitados.
Pero vamos con los argumentos del artículo: ¿qué son las licencias Creative Commons? Dejando al margen la torticera redacción del citado artículo, que pretende hacernos creer que son producto de algún ente extraño y de marcada peligrosidad social, las licencias Creative Commons pueden definirse como una rica variedad de posibilidades al alcance de cualquier productor de un contenido a la hora de decidir qué usos se le pueden dar al mismo. En el mundo que les gusta a las sociedades de gestión de derechos, sólo tengo dos opciones para un contenido: abierto o cerrado, blanco o negro. O renuncio a mi copyright, y lo dono amablemente al mundo, o bien cualquiera que quiera utilizar eso para lo que sea, tiene que pedirme permiso. Por supuesto, esto limita enormemente lo que se puede hacer con esa obra, que pasa a estar excluida de un montón de usos potenciales. Y allana el camino de los intermediarios, permitiéndoles ejercer como “cobradores de portazgo”, gestores de un “impuesto arbitrario”. En este sentido, Creative Commons representa “la rica gama de grises intermedios” entre el blanco y el negro: cuando desarrollo un contenido, puedo decidir qué usos apruebo del mismo y cuáles no, con completa flexibilidad. Si a mí me interesa, por ejemplo, ser muy citado, escogeré una licencia muy poco restrictiva, pero que obligue a quien use mis contenidos a identificarlos como míos. Si lo que quiero es reservarme su uso comercial, una licencia me permitirá que los usuarios puedan acceder a ellos, pero que si los quieren utilizar con fines comerciales, deban pedirme permiso y negociar mis condiciones. Gracias al uso de la creatividad jurídica, existen licencias para todo tipo de usos: puedo aceptar o no la modificación de mi obra, o el uso de fragmentos de la misma (sampling), puedo obligar a quien la utilice a compartirla con el mismo tipo de licencia que yo, o puedo restringir su uso comercial excepto cuando los usuarios pertenezcan a un país en vías de desarrollo. Y además, Creative Commons ha desarrollado estas licencias en tres modalidades igualmente importantes: en lenguaje “de las personas” para que las podamos leer cualquiera de nosotros; en lenguaje jurídico para que resistan la inspección del más sagaz leguleyo, y en el lenguaje de las máquinas, para que pueda pedir a mi ordenador que me localice contenidos sujetos a uno u otro tipo de licencia. Un desarrollo conceptual brillantísimo, que está facilitando la aparición de un verdadero ecosistema asociado a este tipo de licencias. Hay quien las hace responsables, incluso, del enorme crecimiento en contenidos disponibles en la Red y localizables mediante herramientas como Yahoo! Search for Creative Commons, una herramienta especialmente diseñada para este tipo de contenidos.
El desarrollo de Creative Commons nos lleva mucho más cerca del ideal de la difusión libre del conocimiento, de la defensa de los intereses del usuario (vídeo), posibilitando al tiempo una protección adecuada de los derechos que cada autor quiera reservarse. La absurda carta de una persona ignorante, retorcida e interesada intentando levantar falsos testimonios sobre ellas no es más que un patético intento de sostener algo que el progreso y el sentido común lleva mucho tiempo diciéndonos que resulta completamente insostenible.
Enrique Dans es profesor del Instituto de Empresa

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