Opinión
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El túnel

Demasiado que ver y muy poco tiempo

Vivimos en la época de la hipertrofia informativa. Los contenidos vienen en avalancha, nos superan, nos inundan, nos rodean, están por todas partes... un clic nos hace saltar de un lado al otro del mundo, de una noticia a una fotografía, a un vídeo, a un blog, a un podcast. La información se acumula en nuestra bandeja de entrada, en nuestro lector de noticias, en los comentarios de nuestro blog, en nuestras suscripciones... se duplican, se replican, se versionan, se vinculan, se repiten: es, sin duda, la era de la infoxicación, del atracón informativo, del "dónde leí yo esto antes". Nunca antes el ser humano había tenido al alcance de su dedo, con un clic en un dispositivo completamente simple como un ratón, una cantidad tan apabullante de información. Sencillamente, no tenemos tiempo para consumir todo lo que nos podría apetecer o interesar consumir: ni podemos vivir con tanta información, ni queremos de ninguna manera vivir sin ella.

¿Cómo hacer frente a la sobrecarga informativa, a la avalancha de información, al cambio en los usos y costumbres que supone el consumo de información de tal variedad de procedencias y formatos? Pensémoslo: en un momento, una ráfaga de clics nos llevan de un blog a un periódico, a un vídeo de YouTube y a la portada del Menéame. Nuestra atención se convierte en un modelo de absorción dispersa: para enfrentarse a semejante oleada informativa, precisa reducir cada parte a un tamaño palatable, digerible, que pueda ser ingerido en un bocado: en YouTube, nuestra atención es demandada por un tiempo medio de dos minutos. En Menéame, cada noticia de portada es leída y capturada en un espacio de pocas líneas, que incluyen además una clasificación o juicio de valor acerca de la misma que nos permite priorizarla.

En los blogs y periódicos, cada entrada es o bien devorada en un tiempo similar, o reducida a una simple lectura diagonal que permite extractar el contenido de manera sucinta, lo suficiente para, prácticamente, llegar a saber "de qué va". En mi página, en muchos casos, los visitantes introducen comentarios que denotan claramente una lectura incompleta, una simple ojeada superficial del texto incapaz de capturar la totalidad de lo expresado, sobre todo en aquellas entradas con tendencia a alargarse en la redacción. Escribir largo implica resignarse a una atención expresada en moneda fraccionaria. Los productores de medios son cada vez más conscientes de ello: ante una generación dispuesta a entregar su atención con cuentagotas, los contenidos deben convertirse en auténticas píldoras, en algo que pueda ser consumido en un momento, de manera instantánea, en un tiempo de espera, en un taxi, en un ascensor. Auténticos snacks de información, chupitos en vez de copas, tapa en lugar de ración.

Todo sufre una tendencia persistente hacia la reducción. Un boletín de noticias debe reducirse a pocos minutos, y despiezarse, modularizarse para permitirnos escoger tan sólo algunas de las noticias que lo componen, desplazarnos rápidamente entre ellas e incluso encajarlas en la diminuta e incómoda pantalla de un dispositivo móvil. Un podcast, un webisodio, un minijuego, un update de Twitter en ciento cuarenta caracteres que te echa la bronca si los utilizas todos ellos... en un instante, nuestra atención toma un contenido, lo fagocita y lo digiere antes de pasar al siguiente.

Toda posibilidad de ayudarnos a seleccionar contenido con un mínimo de criterio es susceptible de ser aprovechada, a veces con una popularidad tal que altera las dinámicas de atención conocidas: ¿qué hace que filtros sociales como Digg o Menéame alcancen tanta popularidad y se conviertan en verdaderos distribuidores de tráfico? Simplemente, la reciprocidad: en un vistazo, un noventa por ciento de los visitantes pueden disfrutar de una selección de las noticias que un escaso diez por ciento contribuyó a filtrar con sus votos y comentarios. Proliferan los tumblelogs, páginas en las que un usuario vincula una serie de noticias o temas que le han llamado la atención, a veces con un pequeño comentario, pero sin abundar en el mismo, dejando a criterio del lector si hacer clic en el vínculo o quedarse con la mera mención.

¿Estamos de verdad resignados a un modelo de atención dispersa, a una lectura y consumo de información completamente superficial, a un picoteo incesante e itinerante? La verdad, no lo sé, pero sin duda parece una tendencia. La generación que viene parece inclinarse progresivamente hacia ese tipo de consumos, hacia un modelo de gratificación instantánea en el que más de diez líneas de texto obligan a una lectura puramente diagonal. Frases que puedan escribirse en una camiseta, abreviaturas en SMS... otros medios, otros contenidos, otros esquemas cerebrales para manejarlos en intervalos de entre treinta segundos y quince minutos, no más. Disfrutar de un tiempo superior, de un intervalo más largo, será un auténtico lujo. Preparémonos para un modelo de atención dispersa, porque es lo máximo que vamos a conseguir.

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