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El túnel

Hablan de ti

La portada de Business Week de hace unas semanas decía “Blogs will change your business“, “los blogs cambiarán su negocio”. Hablamos de Business Week, una de las revistas sin duda más influyentes en la comunidad empresarial. Llevamos ya tiempo hablando del impacto de ese fenómeno, aparentemente extravagante, de la publicación de páginas personales con estructura y actualización cronológica en Internet. Se comenta hasta la saciedad cómo existen ya un número aproximado de diez millones de blogs recogidos en Technorati, la herramienta de búsqueda más adecuada para un mundo, la blogosfera, que se mueve tan rápido que hasta el mismo Google resulta demasiado lento. A nivel mundial, el número de blogs crece a razón de entre cuarenta y sesenta mil ¡¡cada día!! Obviamente, muchos serán completamente absurdos, poco interesantes o serán abandonados a los tres días, pero… ¿podemos ignorar un fenómeno así?
 
¿Quiénes son todos esos militantes de la “orden del teclado incontinente” que se dedican a compartir sus pensamientos y experiencias con el mundo? ¿Será acaso que tienen demasiado tiempo libre? ¿De qué cosas hablan? Las respuestas a estas preguntas son como esa frase de la primera parte de Matrix: nadie te lo puede contar, necesitas verlo por ti mismo. Sólo una incursión personal en la blogosfera es capaz de hacernos comprender el atractivo y la pujanza del fenómeno. ¿De qué hablan? De muchas cosas, pero entre otras, hablan de ti. De tu empresa, de los productos que fabricas, de las noticias que lees, de tu competencia, de cómo de buena –o de mala– es la calidad de tu servicio postventa, de tus debilidades, tu popularidad… ¿Quiénes son? Son ni más ni menos que tus clientes, tus críticos, personas que trabajan en tu empresa, o en tu competencia, o que se apasionan con tu producto, o que lo comparan con otros, o que descubren virtudes, vulnerabilidades o problemas… Son el mundo ahí afuera, el run-run del parqué, las tendencias, las modas, los comentarios de salón, los chismes… todo ello, en el contexto de uno de los fenómenos de mayor crecimiento de los últimos tiempos.
 
La secuencia de cambios, desde un punto de vista de modelización académica, resulta fascinante: por un lado, una brusca disminución de los costes de creación de contenidos –herramientas de publicación– hacen que cualquiera pueda escribir, sin conocimientos técnicos de ningún tipo, su página en Internet. Uno de los lanzamientos españoles de esta semana, La Coctelera, es una herramienta para hacer blogs precisamente enfocada, según uno de sus autores, a “la mínima expresión”: para generar el menos ruido posible al usuario y hacer lo más fácil posible el publicar. Por otro lado, los contenidos, gracias a la estructura de Internet, pueden dar la vuelta al mundo en el tiempo que se tarda en reposar el dedo índice sobre el ratón para hacer un clic. Y por último, debido a la especial estructura de este tipo de páginas, recogida en una especie de “blogocultura“ incipiente (presencia de muchos enlaces, actualización periódica y frecuente), son especialmente bien tratadas por los buscadores, algo que las dota a veces de una notoriedad que ya querrían para sí algunas empresas.
 
Por otro lado, está otro tema fascinante: la llamada “unidad de análisis”: lo importante no es un blog. Un blog no representa nada más que una persona con ganas de contar algo, que se sube a una tarima más o menos alta en función de la puntuación que Google le otorga, y se dedica al noble arte de aporrear teclas con mayor o menor fortuna. Pero el fenómeno a analizar no es ese, sino el del entrecruzamiento, la comunidad, la metáfora de la enredadera: un blog no sólo es una o varias personas que escriben en él, sino también las que comentan, las que lo leen sin comentar (lurkers), o las que lo referencian y comentan en otros blogs, que pasan a ser parte de esa conversación desarrollada de manera deslocalizada, y unida por herramientas que permiten mantener un hilo conductor a través de distintos sitios y diferentes autores. Herramientas capaces de monitorizar los comentarios, de auditar las páginas que le envían visitas –y que, por tanto, contienen una mención a la suya–, de dejar “rastros de miguitas” para indicar que la conversación continúa en otro sitio, de encargar búsquedas personalizadas que recorren todo lo largo y ancho de la blogosfera y le informan de lo que hay de nuevo en determinados temas… todo un universo, un ecosistema de información en el que tiene que aprender a moverse.
 
La verdadera unidad de análisis no es el blog, sino la conversación. Y como en toda conversación, se puede estar en ella o fuera de ella. Hablan de usted, o tal vez no, también es posible que nadie esté hablando de usted, lo discreto de su perfil haga que no tenga menciones, comentarios, búsquedas ni perrito que le ladre. Pero en ese caso, tampoco respire tranquilo: su low profile, su discreción, le deja fuera de la mayor conversación colectiva de la Historia, algo que posiblemente no sea demasiado bueno. En alguna página, en algún lugar, alguien está hablando de usted o de su empresa. Bien, mal o regular. ¿Tiene usted orejas?

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