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Dónde poner los ojos en 2017

Trump y Putin, dominarán las tensiones geopolíticas en sitios clave como Corea del Norte, Europa del Este, Turquía, Venezuela o España.

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Carros de combate en Siria

Cada año nuevo, los que nos dedicamos a analizar la realidad geo-estratégica internacional solemos hacer predicciones de lo qué puede ocurrir o, al menos, de dónde debemos poner la atención para estar al día de los acontecimientos. Tendemos, normalmente, a ser negativos ya que sin duda esto contribuye a realzar la opinión del analista en la sociedad. De hecho, casi todos los análisis que he podido leer en estos días auguran un 2017 más complicado y con más violencia e incertidumbres que 2016.

A mi juicio, cualquier evaluación debe tener en cuenta el realismo político y, en consecuencia, no deben esperarse cambios radicales en la actuación de los grandes líderes en los próximos meses y por lo tanto, tampoco circunstancias sobrevenidas e inesperadas. La política se ha convertido en el arte de ganar tiempo; no busca implosiones ni revoluciones. El hecho obtener año más estable puede ser un gran logro, aunque se base en unos desequilibrios a largo plazo que puedan llevarnos al caos. Es decir, que mientras navegamos rumbo al caos -del que sólo nos podrá salvar la tecnología- tener algunas singladuras de buen tiempo y mar en calma puede convertirse en un gran éxito que ponga en la cúspide a presidentes y líderes políticos, que apenas fueron capaces de conseguir lo mismo en el pasado, o de catapultar a otros, que llegaron con tan malas expectativas, que salvo una guerra nuclear, acabarán 2017 siendo los grandes adalides de la seguridad y prosperidad mundial. Y uno de ellos podría ser Donald Trump.

Tampoco se trata de hacer una lista exhaustiva de potenciales lugares de conflicto que nos harían ya añorar el 2016, sino de poner la atención en aquellos focos que realmente pueden tener un efecto dinamizador o dinamitador de la realidad tal como la hemos conocido en estos años.

En términos generales, y sin decir con esto que nada malo nos va a pasar, creo que 2017 será un año de más estabilidad gracias al mayor entendimiento que se producirá dentro de este tsunami conservador que comenzó en Estados Unidos y que a mi juicio se verá respaldado por los conservadores alemanes, británicos y franceses. Creo que éstos incrementarán su peso político en sus países a lo largo de 2017. Dentro de esta ola de conservadurismo debemos incluir también a Putin, que ideológicamente, y salvando las distancias históricas, no se encuentra tan distante de políticas basadas en una agenda exterior y de defensa fuerte; un nacionalismo exacerbado y una política de corte conservadora en materia de derechos individuales y colectivos. Esta entente no es que garantice la paz absoluta, que no existe, pero nos asegura que frente a la doctrina del enfrentamiento de Obama con Rusia, habrá una mayor capacidad de entendimiento, que para los pesimistas, no durará mucho, pero que al menos permitirá que determinados conflictos se olviden, se ahoguen o se pacten.

Creo también que esta oleada de conservadurismo razonable será un bálsamo contra los populismos de izquierda y derecha en Europa, que han llegado a suponer una amenaza real de involución en la Unión Europea; sinceramente creo que lo peor ya ha pasado; también una posible solución al conflicto en Siria reducirá la presión migratoria en Europa, lo que contribuirá a una mayor estabilidad política en el Viejo Continente.

Aunque la palabra del 2016 ha sido "populismo", lo ha sido sin duda por su carácter polisémico. A casi todo lo que no nos gusta en política lo llamamos populismo. Pero hay que separar el grano de la paja. Si observamos la composición del nuevo gobierno de Estados Unidos, estamos ante una ola conservadora, con un anclaje ideológico profundo. Se puede estar en desacuerdo, pero lo que viene del gigante norteamericano no es nuevo ni diferente de lo que vivimos con Bush o Reagan. El Trumpismo será profundamente pragmático en política exterior y muy conservador en política nacional, pero sin duda previsible. Las formas podrán ser extemporáneas pero los hechos serán absolutamente realistas y basados en los grandes principios que sustentan al partido republicano.

Así que yo le pondría el ojo, como mucho, a cinco circunstancias o focos. De cómo se gestionen dependerá en gran medida que la entente cordial de Trumputin o neoconservadora, arraigue o acabe saltando por los aires, ya que una cosa es la voluntad y los gestos inteligentes y otra es el tablero mundial y las relaciones e intereses cruzados de los países. Como indicaba antes, de lo único que se trata es de retrasar la velocidad del rumbo al caos. El choque de trenes global es ineludible salvo que una nueva revolución tecnológica permita dar un salto cualitativo cuyo único precedente inmediato sería la revolución industrial.

El primer foco es Corea del Norte. El presidente norcoreano tiene a punto, según sus declaraciones, a las que hay que poner algunos interrogantes, una prueba de un misil balístico intercontinental capaz de lanzar una cabeza nuclear a territorio norteamericano. Si esta prueba tiene lugar y es exitosa, Donald Trump, si es consecuente con sus posicionamientos, deberá reaccionar con una dureza desconocida en las últimas décadas, si no, todo su discurso se vendría abajo lo que podría llevar a una peligrosa escalada en Extremo Oriente.

La confluencia de intereses en el Pacífico contribuirá a que una situación de este tipo con una más que segura reacción norteamericana pudieran ser el mayor foco de inestabilidad para 2017. No sabemos qué postura adoptaría Rusia, aunque creo que una vez más el maestro de ajedrez intercambiaría piezas con Trump: al fin de cuentas, el régimen norcoreano es una china que también molesta a Putin en su zapato y si Estados Unidos puede hacer el trabajo sucio, él se sentiría muy complacido.

China, en plena guerra comercial con Trump, si se cumplen los primeros planes del presidente electo, podría adoptar una posición beligerante apoyando a Corea del Norte, lo que le pondría en frente de Japón, Corea del Sur, Rusia y de todo Occidente; demasiados frentes abierto para un país que depende del sector exterior para mantener sus tasas de crecimiento. China y su economía son una gran incógnita; si el régimen comunista chino quiere sobrevivir puede permitirse el lujo de dejar caer a Corea del Norte pero no se puede permitir una recesión económica, que sería la puntilla del régimen.

El segundo foco es Europa del Este y en particular Ucrania y Polonia. Según los acuerdos de Minsk, en 2015 debería haberse modificado la constitución y celebrado elecciones en las regiones prorrusas. La denominada hoja de ruta del cuarteto ha fracasado y las partes evidencian que nadie está dispuesto a ceder.

No parece que el presidente ucraniano Poroshenko esté por la labor de cumplir lo acordado; pero antes gozaba con el apoyo de Obama y esto le ha permitido, en cierta manera, burlar los acuerdos. En cualquier caso, no parece que Trump vaya a aceptar que Ucrania no cumpla los pactos y que se genere un conflicto abierto con Rusia.

Ucrania no es una pieza que Putin esté dispuesto a intercambiar. O se reconoce la autonomía o independencia de las republicas prorrusas y la anexión de Crimea, o Putin sí echaría por tierra cualquier posibilidad de entendimiento en todos los demás lugares. De momento, Putin sigue controlando la frontera Este de Ucrania y mantiene las esperanzas de que, si no hay un reconocimiento de lo pactado, pudiera reiniciarse este conflicto con una intervención militar directa de Rusia.

En los últimos años, y ante las amenazas rusas, los países del Este se han echado, ante la inacción europea, en manos de Estados Unidos, especialmente Polonia que ha venido acusando a Europa de estar al servicio de Putin mientras otorgaba grandes contratos a empresas norteamericanas. La OTAN ya ha había decidido en su cumbre de Varsovia desplegar miles de efectivos en los países del Este de Europa para advertir a Rusia de la solidez de la alianza occidental, en un paso significativo en la escalada de esta nueva "Guerra Templada". Pero si Trump aboga por rescindir este despliegue y mantiene unas abiertas y cordiales relaciones con Putin, todos los nacionalistas del Este de Europa deberán retomar el lenguaje europeísta si no quieren quedar a merced del zar.

Europa deberá, por su parte, acudir a la llamada de auxilio de nuestros vecinos del Este para lo que tendrá que ganar protagonismo e incrementar su gasto militar. A Polonia no le sirve una Europa irrelevante. Si los habitantes de Rumanía, Serbia o Polonia perciben que Occidente les abandona, podrían echarse en brazos de la Madre Rusia como un mal menor -y como ha ocurrido en las recientes elecciones en Bulgaria-. No tengo ninguna duda que sería acogidos con un gran abrazo, el abrazo del oso. En definitiva, si Trump refuerza su alianza con Putin, Europa del Este podría entrar en una espiral geoestratégica muy compleja, cuya resolución pacífica estaría en manos de la Unión Europea, lo que no parece una perspectiva muy halagüeña.

El tercer foco es Turquía. La nación otomana ha convivido con el terrorismo históricamente; no obstante lleva inmersa en guerras desde el día en que los turcos conquistaron Bizancio. Durante las últimas décadas Turquía había gozado de una cierta estabilidad garantizada por un régimen tutelado por las élites, especialmente militares, y por la alianza con Occidente en particular Estados Unidos e Israel. La llegada de Erdogan ha dinamitado demasiados puentes y al final, para salvar el pescuezo, Erdogan ha debido retractarse de toda su política en Siria en los últimos años para echarse en manos de Putin. Sin embargo, son muchas las amenazas que se ciernen sobre Turquía. Los kurdos pueden salir reforzados de su alianza con Trump en Siria e Irak. El Daesh puede seguir siendo una amenaza, alimentada por las consecuencias de la guerra en Siria y el hacinamiento en campos de refugiados de cientos de miles de sirios, que ahora ven a Turquía como un enemigo, y que alimentan el terrorismo. Todo esto podría conducir a una involución interna.

Erdogan no sólo ha convertido a todos en enemigos en clave interna, sino que está generando una gran desafección entre los que le apoyaron tras el golpe. Los islamistas de Turquía ven ahora a Erdogan como un traidor a sus primos de Siria y en brazos del tradicional enemigo, Rusia. Si Assad retiene el poder con el apoyo ruso; los kurdos mantienen su esfera de influencia, e Irán se convierte en un actor más relevante, los días de Erdogan pueden estar por terminar en 2017 en medio de una situación de terror sin precedentes en los últimos años.

El cuarto es Venezuela. La situación ha ido evolucionando en el pasado año hacia el choque definitivo entre el madurismo y la oposición. La miseria y la delincuencia acabarán por provocar en los primeros meses del año un estallido social y político, que el gobierno no podrá controlar. La convulsión podría llevar a un enfrentamiento civil con unos efectos espantosos para la población o en una intervención cívico-militar. Esperemos que las amenazas de cualquiera de estos dos fenómenos permitan activar un diálogo, aunque creo sinceramente que el chavismo prefiere llevar el país a una guerra civil antes que ceder el poder, de manera que cualquier atisbo de diálogo será absolutamente falso y manipulado para satisfacer los intereses del chavismo. Si Trump decide acabar con Maduro, Putin no va a hacer nada por impedirlo y ni siquiera tendrán que intervenir. Simplemente la percepción de que Maduro está sin aliados será suficiente para acabar con este régimen de terror, que para Trump le daría un gran rédito político interno, ya que Maduro se llevaría por delante en su caída a Castro y a Ortega.

Y el quinto es España. El órdago independentista catalán y la reacción del Gobierno son observados con gran preocupación, especialmente en Europa. A pesar de que las partes tratan de minimizar el conflicto con reacciones moderadas y esquivando el enfrentamiento, el hecho cierto es que la maquinaria separatista está en marcha y que en algún momento de 2017, el gobierno español deberá actuar en un sentido u otro. Si continúa obrando contra hechos consumados, es muy posible que se encuentre con que algunos de ellos no tienen vuelta atrás y no tendrá más remedio que reconocer condiciones que no solo son inconstitucionales sino ilegítimas. Si actúa de una forma que sea interpretada de forma extemporánea en Europa, el gobierno de la nación se metería en un callejón complicado ya que Europa no quiere ni rupturas ni más conflictos como se vivieron en los Balcanes, que activarían la mecha del nacionalismo-regionalista en Europa que terminaría con la Unión Europea.

Que en Europa pueda producirse una proceso rupturista sin respuesta constitucional no proporcional al reto, abriría la caja de Pandora en toda Europa. Significaría devolver Europa a los tiempos de los años veinte cuando los autoritarismos nacionalistas se hicieron con el poder mediante la conjunción del fraude de ley y la violencia sectaria. Que la cuarta potencia europea pueda verse inmersa en un conflicto de este tipo impactaría de forma tremendamente negativa en la economía europea y podría poner a la española ante la necesidad de una intervención ante los débiles cimientos que todavía nos atenazan. Si el gobierno decide ceder al chantaje, los efectos no serían muy diferentes del anterior escenario. No hay más salida a este conflicto que la aplicación de la ley y que Europa se posicione sin ambigüedades y con rotundidad apoyando al gobierno español. Este ya no es un problema español y por eso es un foco de atención internacional; es una gran piedra en el zapato del proceso de construcción europea.

La doctrina Trumputin tiene para cada uno de sus líderes unas líneas rojas; si consiguen consensuar cómo abordar estas líneas rojas, será un éxito; si no, estaremos ante las puertas de un abismo dirigido por personas a las que nunca pondríamos para manejar una situación explosiva de esa magnitud.

Para Putin la línea roja se llama Ucrania y su área de influencia, incluyendo a sus países fronterizos. Mientras que no perciba que es amenazado desde sus fronteras y no se apacigüe desde Occidente al panarrusismo en las ex repúblicas del imperio de Catalina, Putin aceptará ceder en otros campos. Para Trump la línea roja es Israel y el terrorismo islamista. Si Rusia contribuye a acabar con el terrorismo y controla a los grupos terroristas que amenazan a Israel reconociendo el derecho de Israel a unas fronteras seguras basadas en unos nuevos acuerdos de reparto de territorios que superen los Acuerdos de Partición, tendrá las recompensas que ansía en otras partes del Globo. Por circunstancias del destino o según las doctrinas, por mor de la teoría de juegos, quien puede darle a Putin el papel al que aspira en el mundo no es Xi Jinping, es Donald Trump.

No es que debamos ser optimistas, pero creo que en términos generales y para los intereses de Occidente, estaremos algo mejor y más tranquilos en 2017, salvo que alguien venga a fastidiar el pronóstico, lo que no sería de extrañar.

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