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Ich bin nicht ein berliner

En lugar de ponerse a trabajar en crear unas relaciones sólidas con sus aliados internacionales, está empeñado en llevarse mal con todo el mundo.

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Angela Merkel y Donald Trump | EFE

El encuentro entre la canciller alemana y Donald Trump es sin duda el primer gran pulso para el presidente de los Estados Unidos en sus relaciones internacionales, tras las cómodas visitas de Theresa May, Netanyahu y del premier canadiense Trudeau.

Uno pensaría que siendo dos grandes economías, países democráticos, miembros de la Alianza Atlántica y con intereses comunes en mantener buenas relaciones tanto con Rusia como con China, las coincidencias deberían ser muchas como así ha ocurrido en las últimas décadas, sin embargo este viernes hemos asistido al divorcio más sonoro entre el mundo occidental desde 1945.

Que Donald Trump diga que lo único que tiene en común con Merkel es que a los dos les han espiado los teléfonos, demuestra primero el nivel de estulticia diplomática del presidente norteamericano pero sobre todo que existe un distanciamiento difícilmente explicable. Y en todo caso, no hay que olvidar que en este tema de las escuchas, Estados Unidos era el espía y Alemania la víctima.

Trump debe pensar que a base de decir tonterías va a conseguir que el inteligente pueblo norteamericano le espolee como si estuviera sobre un toro en el rodeo y no cabe duda que puede darle algunos resultados entre sus acérrimos, pero va a conseguir enemistarse con todo el mundo libre y no tan libre, lo que creo que le da exactamente igual.

En lugar de ponerse a trabajar en crear unas relaciones sólidas con sus aliados internacionales, está empeñado en llevarse mal con todo el mundo sin entender muy bien hacia dónde se dirige.

El primer mensaje erróneo que nos quiere transmitir es que debemos devolver todo lo que han gastado los norteamericanos en nuestra seguridad. No nos engañemos, el primer interesado en mantener a sus enemigos controlados en sus fronteras era Estados Unidos y ese despliegue en países como Alemania, Japón y Corea sólo sirve a sus intereses estratégicos. Pero aceptemos que ha sido así; ¿Realmente quiere Trump que los demás seamos más poderosos y que nos encarguemos de proporcionar seguridad a los Estados Unidos? La respuesta es no. Cada vez que le dice a un europeo que gaste más en defensa, un tipo de Wisconsin, seguramente de origen alemán, da un salto de alegría pensando que tendrá más subvenciones para su granja o que le conseguirán un estupendo trabajo en la General Motors a sueldo de empleado de Google. Pero si se trata de que todos gastemos más en Defensa, ¿cuál va ser el beneficio para estos votantes?

El nuevo presupuesto presentado por la Casa Blanca es de una incoherencia supina y ya ha avisado el líder republicano en el Congreso que mirarán muy bien y con lupa la propuesta para evitar que se desboque el gasto público cuando la Reserva Federal está a punto de anunciar la mayor subida de tipos de interés de los últimos diez años en Estados Unidos. Una subida de un punto de los tipos de interés supondría un crecimiento de la deuda de dos billones de dólares, el doble del PIB español y unos gastos anuales de 200.000 millones de dólares. Lo del crecimiento del gasto militar es lo menos significativo de la propuesta, ya que el presupuesto de defensa no incluye los costes de las misiones en el exterior que suponen casi un 10% del presupuesto, especialmente por las misiones contra el Daesh, partidas que se reducirán, como ya se ha anunciado; así que deberíamos dejar en una cuestión efectista este supuesto incremento del gasto militar. Pero la pregunta es contra quién va a usar todo ese despliegue militar. Qué enemigo tiene en la cabeza. China parece que no tiene ningún interés en conflicto alguno y además tiene en sus cajas fuertes la deuda americana; con Rusia parece que tampoco.

El presidente Trump debería cambiar su lema de American First por American alone que es hacia dónde se dirige. Merkel ha sabido transmitirle a Trump tres mensajes meridianos: la confianza en que a todos nos va mejor con la globalización y el libre comercio; que Occidente debe permanecer unido para liderar el mundo libre y que la inmigración es un privilegio, lo que dicho en Estados Unidos cuyo 15% por ciento de la población desciende de alemanes, y frente a la cara de Trump es todo un desafío.

Como esta reunión vino precedida de unos insultos a Alemania y a su canciller sin precedentes y de una gravedad que raya en el insulto, no podíamos esperar de este encuentro más que la evidencia de este divorcio. Desde que JFK pronunció ante la puerta de Brandenburgo, en pleno bloqueo soviético, su famoso discurso en 1963, Alemania junto a Reino Unido, Francia y Japón han sido las grandes potencias libres y democráticas y a todos nos ha ido muy bien y ahora se quiere hacer estallar todo esto por los aires precisamente por nuestro gran aliado.

Pero la cuestión es determinar qué va a pasar a partir de ahora. ¿Le concedemos a Trump el beneficio de la duda y nos creemos que la realidad le volverá mas pragmático? Sinceramente no lo creo.

Trump necesita que los europeos decidan gastar más en defensa no porque este preocupado por la seguridad mundial, sino para presentarlo como una victoria frente a su electorado.

Pero Europa debe evitar caer en una tentación de seguidismo estratégico. El viejo continente debe permanecer fuerte en sus valores; sin duda hay muchas cosas que corregir pero no debemos equivocarnos nuestros fundamentos son muy sólidos y debemos cultivarlos. La tolerancia, el libre comercio, una política que combine la buena vecindad con el respeto a la legalidad internacional, un estado de bienestar que nos aleje de las tentaciones populistas y de los extremismos y una política fiscal rigurosa que no condene a las futuras generaciones a pagar nuestros platos rotos; éste es el camino.

Estados Unidos tendrá elecciones de medio término en un año y medio y en cuatro años elecciones a la presidencia. Es más probable que Estados Unidos vuelva a la línea que indicó Kennedy que no a que persevere en este enfrentamiento dialéctico permanente contra todo el mundo, pero mejor prepararse para lo peor.

De Trump sólo debe preocuparnos que intente ocultar sus problemas y vergüenzas con la búsqueda de un enemigo manejable pero importante que le permita tensionar al mundo e iniciar un conflicto bélico. El candidato número uno es Corea del Norte pero antes deberá cuidarse mucho de que los chinos, sus financiadores no lo ven como una amenaza y corten el grifo. Si China decidiera vender el papel norteamericano ya verían como la cabellera de Trump se tornaría canosa.

Ahora nos toca a los europeos avanzar en una Europa más fuerte y sólida. La iniciativa de los cuatro grandes países debe ser el eje central de la nueva política. Las organizaciones siempre avanzan al paso del más lento del grupo y por eso Europa no puede hoy esperar a los rezagados porque son muchas las urgencias que presenta este nuevo entorno estratégico y hay que actuar. Los cuatro países europeos tienen un Producto Interior Bruto igual que el de China y siete veces más que Rusia; nada que se pueda obviar o despreciar. Si esta vez hacemos los deberes los europeos podremos al menos decir dentro de cuatro años: "Gracias Donald".

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