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El verano no les sienta bien

Leía no hace mucho una entrevista a la diseñadora de joyas Laura B en la que afirmaba que la tendencia había devorado a la creación. En opinión de esta italiana afincada en Barcelona, son pocos los diseñadores que conservan una autenticidad al margen de las modas. Y probablemente lleve razón.

En este mundo "afranquiciado" en el que vivimos, donde parece que todos debemos ir a comprar a las mismas tiendas de ropa y accesorios, a los equivalentes locales de decoración de interior o a las grandes superficies donde los tomates son de idéntico tamaño y color, es cuando me doy cuenta realmente de que me sale el ramalazo de "botiguera" como buena barcelonesa y me rebelo. No lo puedo controlar.

El problema, sin embargo, adquiere mayor relevancia cuando las franquicias que nos invaden se apropian también de las ideas y de quienes –se supone– tienen el deber de gobernarnos. Y ahí es donde la demagogia ha devorado a la solidez, siguiendo en la línea de nuestra amiga anteriormente mencionada.

Las propuestas arriesgadas, la consistencia en los planteamientos, la reflexión a largo plazo y la coherencia quedaron aplastadas por lo que una servidora denomina políticas de franquicia. Así como los que están al frente de las mismas, unos y otros, que ni siquiera aprovechan los días estivales para regresar con algún pensamiento renovado.

¿Se han preguntado alguna vez si hay algún político en activo que realmente se vaya de vacaciones? ¿Acaso lo intentan? Claro que no. Pero es que no saben, créanme. Cuando han pasado unas horas fuera de su hábitat natural, les vuelve a picar el gusanillo y se lanzan nuevamente a hacer alguna declaración desde cualquier sitio para que todo el mundo sepa que no se han ido, que se han ausentado sólo un poquito pero que están pendiente de todo, atentos, vigilantes. Un día de éstos se nos aparece alguno en forma de canción del verano, aunque su estribillo no sea precisamente pegadizo.

Tenemos también el formato ya manido de "poli bueno, poli malo". Con lo que el president de la Generalitat aparece en Vilopriu (Girona) rogando calma, hablando pausado –aunque en él ya sea habitual– y esparciendo incienso por los despachos de la Plaça de Sant Jaume a la espera de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el dichoso Estatut.

Y mientras, en el mismo sitio y casi a la misma hora, el conseller de Economía, Antoni Castells, advierte de que el Gobierno de Cataluña no podrá aceptar ningún tipo de renegociación de pacto político, puesto que el acuerdo ya fue "rebajado" y amenaza "con la fuerza de este país", rollito maestro Jedi a Luke Skywalker.

Es lo que tiene estar fuera de la temporada de fichajes, que se te ve todavía mucho más. Y el plumero, ni te cuento.

Por cierto, me cuenta mi madre que Chigrinski ya está aquí. Si alguno de ustedes quiere saber qué se cuece en materia de backstages deportivos, pregúntenle a ella. Impresionante. Al parecer se trata de un defensa central por el que Guardiola suspiraba y por el que llegó a poner firme a Joan Laporta. Pues ya está arreglado y aquí lo tenemos. El ucraniano no podrá jugar la Liga de Campeones pero según parece, no pasa nada.

Como tampoco parece importarle a nuestra querida vicepresidenta la presencia de un tiburoncillo por la costa catalana, a la altura de Vilanova i la Geltrú, ya que según me comentaban en el municipio, se paseaba con su biquini estampado luciendo cuerpo y pisando fuerte la mojada arena. ¡A ella le va a intimidar un tiburón!, pensarán muchos de sus colegas.

Por supuesto. A estas alturas ya se ha comido unos cuantos pececillos, estoy convencida. Y más ahora, que el otoño viene como viene y necesitaremos todo tipo de vitaminas y sales minerales. Que tomen ejemplo los que se fueron pero se quedaron. Les hará falta.

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