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Cataluña

Ostras, qué fuerte

Ostras, qué fuerte, colega.... ¿Lo sabes tú? Anda, pues yo tampoco. Bueno, o sí, pero claro, tampoco podría decírtelo. ¿Cómo lo ves? No creo que lo vuelva a hacer. O quizás sí, no sé, ¿qué pensará Sonsoles?

En medio de este clima tan alentador, los españoles vamos a reunirnos con nuestras respectivas familias hasta la llegada del Año Nuevo. Y en medio de este clima de aire frío y seco, tan sólo la abstención de un grupo será necesaria para que Artur Mas sea investido hoy –en segunda vuelta– president de la Generalitat de Catalunya.

Les cuento. El líder convergente planteó el martes a la Cámara catalana su programa de gobierno fundamentado en tres pilares sobre los que basará su estrategia gubernamental. Así, los asuntos económicos, los educativos y los relativos a la salud centrarán buena parte de su acción, para los que ya ha solicitado colaboración al Círculo de Economía y al Colegio de Médicos con el fin de que elaboren sendos informes al respecto sin ningún tipo de retribución. Algo así como un asesoramiento patriótico.

Pero sin duda y tras la promesa de articular un Govern honesto, firme, con espíritu de trabajo, con sentido de país y con un liderazgo sólido y dialogante, lo que ha suscitado más comentarios es su reivindicación del más puro aliento pujolista con aquello de "iniciar una transición nacional hacia el derecho a decidir en Cataluña aquellos aspectos que generen amplio consenso". Versión nouvelle cousine de la ambigüedad de su maestro. Directo al paladar, dejar que se funda y saborear.

Así que ya la tenemos liada. Los populares, que se pirraban por dar el "sí quiero" tuvieron que votar en sentido contrario, así como los otros grupos del arco parlamentario. El problema ahora es que los republicanos no quieren coincidir en la próxima vuelta en su abstención con los populares y viceversa. Los chicos del PSC, por su parte, tampoco se abstendrán sin nada a cambio aunque saben que deben ir valorando el escenario menos malo que se les dibuja de cara a la hecatombe electoral que se avecina en primavera.

De mí para ustedes que los convergentes están encantados con el resultado electoral. Se han librado de una mayoría absoluta, con lo que de esta manera se libran también de tomar decisiones que en el fondo les dan pereza y sobre todo les ocasionan grietas internas. 

Además, la temperatura ambiente de estos días les favorece. Veamos. Joan Rosell acaba de ser elegido presidente de la CEOE y el catedrático emérito de la Universitat Autònoma de Barcelona, José Manuel Blecua, ha sido elegido director de la Real Academia Española pocas horas después de que el Tribunal Supremo haya indicado que la lengua vehicular de la enseñanza en Cataluña debe ser el castellano.

Blecua, zaragozano trasladado a Barcelona, donde finalizó la carrera y ayudó a fundar la Universitat Autònoma, se refiere, en una entrevista en El Periódico, a la posición más débil de la lengua catalana frente a la potencia de la castellana, con lo que justifica los procesos de inmersión lingüística como arma protectora.

Desde luego, desde una óptica liberal no se puede sostener, ya que a pesar de la riqueza de la misma y de la garantía de supervivencia, si ésta no evolucionara con el paso de los años es porque así lo habría decidido el individuo y la sociedad. Pero, en fin, a lo que iba. Catalan power a tope, oigan. Estamos que nos salimos.

Francamente, no se me ocurre mejor escenario donde disfrutar el triunfo conseguido tras siete largos años en la mortalmente aburrida y desesperante oposición. Y Artur, con acento en la u, lo sabe. Y lo está saboreando despacito, como se debe.

Así que, pues eso. Ostres, qué fort. Que pasen ustedes una muy feliz Navidad.

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