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Público-privado: ¿amor platónico?

No es suficiente con perder unos cuantos kilos porque, de hecho, nuestra Administración padece de extrema obesidad. Se trata, por lo tanto, de adelgazar al tiempo que se tonifican los músculos.

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Al hilo de un interesante debate en el Campus FAES al respecto de la Eficacia en las Administraciones Públicas, voy a citar a mi marido. Y lo voy a hacer, por vez primera, sin que sirva de precedente y justo antes de que pueda arrepentirme por lo que pueda acontecer esta noche en nuestro habitual reencuentro familiar.

Así que, dejando las cuestiones domésticas a un lado, Julio Gómez-Pomar apuntó la fijación del techo de gasto como el que hay para el Estado, en las comunidades autónomas y la evaluación de las políticas públicas como las herramientas indispensables para que las administraciones públicas operen de una manera eficaz.

Para ello, además, puso el gráfico ejemplo de que no sólo basta con decirle a un chaval que debe estar en casa a las diez, sino saber qué está haciendo desde las tres hasta las nueve y media.

El debate está encima de la mesa y desde la Ley de Estabilidad Presupuestaria que puso en marcha el Partido Popular en 2001 pasando por la reforma de la misma que hizo el Gobierno del PSOE años más tarde, donde se relajaron las exigencias y se mostraron más permisivos con el déficit en el que podrían incurrir las comunidades autónomas, hasta llegar a la discusión de la norma que imponga un techo de gasto, hay mucha leña que cortar. Y por cierto, las brasas están cada día con menos posibilidades de reavivarse.

Tras algunos datos vertidos por Mario Garcés, donde señalaba que "la reforma del sector público no debe hacerse por necesidad, sino por principios", arrojó la escalofriante cifra de la creación de una entidad pública al día en los últimos cinco años, así como la existencia de 2.500 organismos públicos y un millar de fundaciones que dependen del erario público. Tremendito de necesidad.

Lo que parece no sólo estar claro sino que se empieza a tratarse en serio es la aplicación de mecanismos y criterios "privados" a la vida "pública". Esto es, no sólo la continuidad de las ya casi tradicionales PPP (Public-Private Patnership) sino un sistema operativo de evaluación de las políticas públicas, así como la búsqueda de la eficacia y de la eficiencia mediante una medición de los resultados donde se haga un balance de las decisiones adoptadas previamente y garantizar así el objetivo inicialmente establecido.

Les diré, asimismo, que no es suficiente con perder unos cuantos kilos porque, de hecho, nuestra Administración padece de extrema obesidad. Se trata, por lo tanto, de adelgazar al tiempo que se tonifican los músculos, dejando el tejido en su sitio y preparado para su funcionamiento cotidiano. Sin excesos y como un nuevo hábito de vida.

Francamente, ya es hora de que lo público y lo privado pasen de la fase del coqueteo a la materialización completa de sus relaciones. Cuando han bailado juntos, la sincronización en muchas pistas de baile ha sido notable. Y nuestra Administración, en los tiempos que corren, requiere de esa relación, aunque sólo sea por puro interés. Créanme.

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