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Teo en el Congreso

Leo en La Vanguardia que el entrañable Teo ya no aparecerá tumbado al sol con su tripilla al aire sin la adecuada protección solar. La iniciativa parte de una dermatóloga del Hospital Clínic de Barcelona quien se puso en contacto con las autoras del archiconocido y simpático personaje de estos libros infantiles, con el fin de procurarle en sus ilustraciones hábitos saludables para contribuir así a la prevención del cáncer de piel y al temible melanoma; y más aún tratándose de Teo, que es blanquito y con el cabello pelirrojo.

Bien. Vaya por delante mi solidaridad y absoluto apoyo a todo tipo de proyectos que tengan que ver con el proceso educativo infantil y con propuestas que estimulen las prácticas cotidianas beneficiosas, ya sea en el ámbito de la protección solar, de una alimentación sana y equilibrada, del ejercicio físico, de la lectura y la formación o de la apreciación de la música y el teatro.

Pero claro, si toda la responsabilidad va a caer sobre el muchacho, ya estoy viendo a la pobre criatura instalada en la playa con un par de libros bajo el brazo, una botella de agua mineral de litro y medio, un par de piezas de fruta, unas raquetas y una bola, un iPod que contenga una esmerada selección, una gorrita, unas chancletillas, una sombrilla, la correspondiente toalla de cien por cien algodón, el frasco de crema con altísima protección –en este punto no me aventuro a decir el número, ya que no acostumbro a coincidir con el que me recomienda insistentemente mi dermatólogo aunque lleve toda la razón–, un cubo con una pala y un rastrillo, un traje de baño de recambio, un Danonino de fresa o un flotador por si todavía no sabe nadar (algo que desconozco aunque una servidora lo considere indispensable desde una tiernísima y tempranísima edad).

No sé qué les parecerá a ustedes, pero a mí me parece un poco estresante, qué quieren que les diga. Y no les quiero ni contar como decidan seguirle con el ejemplo Las tres mellizas.

Sigamos hablando de hábitos. El siempre apasionante y chispeante Grupo de Esquerra Republicana de Catalunya ha presentado esta semana en el Congreso de los Diputados una moción bautizada laicamente por ellos mismos como "Operación Bikini", ya que ésta insta al Gobierno a proceder, en época estival, a un adelgazamiento de su composición ministerial que implicaría la supresión de los Departamentos de Vivienda, Cultura e Igualdad y cuya propuesta ha contado con el respaldo de todos los grupos de la oposición.

Correcto hasta aquí si no fuera porque tengo la absoluta convicción de que los chicos de ERC no saben en qué consiste una efectiva "Puesta a tono veraniega". Y está claro que no han oído hablar del denominado "efecto yo-yo". Me explico.

Si tenemos en cuenta que la Vicepresidencia de la Generalitat de Catalunya, al frente de la cual tenemos a Josep Lluís Carod-Rovira ha incrementado en un 63% los gastos destinados a "delegaciones, oficinas y misiones exteriores" con respecto al ejercicio anterior –en dinerito supone 2,2 milloncejos del ala– y dejando al margen las diversas "reformas" del vehículo oficial del president del Parlament, o la "innovación" del conseller Josep Huguet al contratar a un asesor para su Gabinete con efectos retroactivos de un par de años y medio –mientras presentaba arriesgadas y solventes propuestas para la investigación, tales como impulsar una campaña sancionadora por no rotular en catalán o arremeter contra los comerciantes de Las Ramblas, o de lo poco que queda de ella, por vender muñecas bailaoras de flamenco o toritos como souvenirs– estoy en condiciones de afirmar que la Operación Bikini la llevan fatal.

De hecho, ni la preparan con el debido tiempo, ni hacen ejercicio y cuando llegan a casa y nadie les ve se atiborran a Donuts y bollería diversa. Y claro, así no puede funcionar, porque no podéis decir a vuestros amiguitos que cuiden su dieta dándoles las recetas que vosotros consideráis infalibles mientras los michelines asoman por todos vuestros cuerpos serranos de los excesos cometidos de manera permanente. No, de este modo no, señores de Esquerra.

Así que sugiero a los editores de Teo que elaboren una colección destinada a algunos parlamentarios y otros cargos públicos que no tienen claras demasiadas cuestiones básicas y esenciales, porque seguro que puede ser mucho más efectivo. De hecho, podrían empezar por Teo en el Congreso. Yes, he can, seguro que sí.

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