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ORIENTE MEDIO

Bush tenía razón

"¿Están las gentes del Medio Oriente fuera del alcance de la libertad?", se preguntaba retóricamente el Presidente Necio allá por 2003, mientras los europeos que se las saben todas pero a los que siempre asalta la realidad con sus revoluciones le injuriaban a modo, sin dejar de mirar para otro lado o lamer las botas del tirano de turno.

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Decía más el Tonto que, al final, sabía: "Esos millones de hombres, mujeres y niños, ¿están condenados por la historia o la cultura a vivir bajo el despotismo? ¿Están solos, nunca tendrán siquiera la posibilidad de conocer la libertad?".

Las tres veces, la respuesta de los liberales debiera ser, lo pide nuestra forma de ver el mundo, un rotundo "no". Un "no" al determinismo, al historicismo. "¿Crees en el poder de la libertad para cambiar el mundo?", que diría el gran Sharansky. Pues eso. De nuevo Abundio, 43º presidente de los Estados Unidos de América, the Land of the Free y tal:

La libertad no es un regalo que América ofrece al mundo, sino un regalo que Dios hace a la Humanidad.

En Túnez, en Egipto, en... ¡Irán!, ha estallado la rebelión de los avergonzados, de los frustrados, de los hartos de que les tomen por tontos o alimañas. De los que ven, en las teles occidentales, en los turistas que disfrutan sus ciudades como ellos no pueden, en... ¡Al Yazira!, que otro mundo es posible. Un mundo sin tanto ladrón asesino chupándoles la sangre y sacándoles la mugre a golpes... ¡por su bien! ¿Salvadores de la patria? ¿Padrecitos de los pueblos? No me ayuden, pero tampoco me jodan, pues.

El gran Krauthammer saluda el sacudón que está removiendo el Medio Oriente pero, hace bien, recuerda que estas cosas acaban con frecuencia en matanzas sin cuento y en la instauración de regímenes aún más feroces: 1789-Francia, 1917-Rusia, 1979-Irán. A lo que replica William Kristol en un soberbio artículo con otra tríada igual de significativa: 1776-EEUU, 1989-Berlín, 2009-Irán. Y con una buena muestra de casos de aliados autoritarios de Washington que hicieron transiciones exitosas a la libertad con el respaldo de Washington: Chile, Corea del Sur, Filipinas, Indonesia; España, podríamos añadir nosotros...

Estados Unidos y el mundo occidental en su conjunto no es que puedan, es que deben apoyar a los que combaten las tiranías en esa zona tórrida del mundo. Por varias razones. Para empezar, por decencia y por principios. Y, luego, porque es que encima les sale a cuenta. Es falso, se va a quedar sin voz la Historia de tanto gritárnoslo, que la alternativa sea o nuestros hijos de puta o el Espanto. Resulta que nuestros hijos de puta son muy débiles (¿Ben Alí sigue corriendo?) y muy peligrosos, pues sientan las bases para... ¡el Espanto! Porque para dar empaque a sus advertencias/amenazas ("O yo o el Diluvio") conforman regímenes-carcasa, vacíos, donde todo gira en torno a sus megalómanas personas: el Estado son ellos, así que cuando salen por piernas apenas hay instituciones sobre las que acometer una transición ordenada a la democracia. Un Ben Alí, un Mubarak reprimen, sí, a los fundamentalistas, pero sobre todo, recuerda Elliott Abrams, cargan contra todo aquello que huela a cambio y esperanza liberal: contra la prensa independiente o contra Saad Eddin Ibrahim, por poner sólo dos ejemplos.

Son malos por eso y porque, a fuerza de gobernar durante décadas haciendo uso y abuso del estado de emergencia, acaban por generar auténticos estados de guerra... contra sus propios conciudadanos, que no son tales sino súbditos. De nuevo Abrams: los regímenes que hacen imposible la moderación (porque machacan a la oposición, aniquilan la libertad de prensa y culto, socavan la sociedad fomentando la delación, etcétera), acaban por hacer posible y para muchos (humillados, frustrados y ofendidos) deseable el extremismo. "La estabilidad en el seno de un régimen no democrático –escribe Natan Sharansky en su imprescindible, ahora más que nunca, Alegato por la democracia– se traduce en terror" fuera de sus fronteras. ¿Recuerdan el 11-S? Lo perpetraron saudíes y egipcios a las órdenes de saudíes (Ben Laden) y egipcios (Zauahiri).

Sigamos con Sharansky: "[Los regímenes no democráticos] se sostienen en el poder mediante el control de sus poblaciones. Para lograrlo, deben siempre incrementar los niveles de represión, y para justificar ésta y mantener la estabilidad interna deben fabricarse enemigos exteriores" (ob. cit., p. 117). ¿Y a quiénes imponen el papel de chivo expiatorio? Tantas veces... ¡a los que les sostienen desde fuera! Piensen en los saudíes y el antioccidentalismo atroz que difunden las madrazas y mezquitas que financian aquéllos por todo el mundo; en Yaser Arafat, caudillo de Palestina por la gracia de Israel, que no perdía ocasión para desencadenar las más sanguinarias campañas de terror contra su socio por la paz; o en el propio Hosni Mubarak, que a la vez que colabora económica y militarmente con el Estado judío da rienda suelta a la judeofobia más siniestra: igual ustedes no saben que en Egipto se ha llegado a pasar por la tele una serie inspirada en los Protocolos de los sabios de Sión. Con amigos como éstos, tienes garantizado el enemigo. Si no les pones freno, si no les fuerzas a hacer reformas, si no alientas a quienes les combaten (selecciona, sí, separa el grano de la paja, pero alienta), tras el Sha te va a venir Jomeini; tras Arafat, Hamás; tras Mubarak... igual no la Hermandad Musulmana, que está teniendo un papel bien secundario en la revuelta, sino algo infinitamente peor.

Es tarde, desde hace tanto, para ponerse a templar gaitas o andarse con paños calientes. No hay, no puede haber marcha atrás. Aunque sólo fuera porque los tiranos están tomando nota, viendo qué compensa más, hacer un Ben Alí o reafirmarse en el poder desencadenando el Terror puro y duro. Qué es lo que mejor paga Occidente. Nos contemplan ellos como nos contemplan quienes, en el mismo Medio Oriente, pugnan por que las suyas sean también sociedades abiertas, libres, vivibles. Al habla de nuevo Sharansky, hoy eminente ciudadano israelí, ayer insigne refusenik y freedom fighter en la Unión Soviética:

Los disidentes podíamos prepararnos psicológicamente para una vida de riesgo, detenciones y encarcelamientos. Pero nunca estuvimos lo bastante preparados para la decepción que sentíamos al ver que el mundo libre abandonaba sus propios valores. Y desde ningún otro lugar se experimentaba esto con tanta amargura como desde la celda de una prisión. (Ob. cit., p. 223).

Sí. Occidente no debe, no puede traicionar a los suyos en el altar de un realismo que no deja de meter trágicamente la pata y pavimentar el camino para el próximo infierno, casi siempre más atroz. Tienen que dejar de producirse traiciones como la de Polonia-1939, Hungría-1956, Irak-1990, Irán-2009...

Los que tienen claro que apaciguar al nazismo fue una cobardía y un error, y que la distensión con la URSS tuvo mucho de sumisión, tienen que tenerlo igual de claro ahora: igualmente se trata de la libertad. Quizá el abuelo Reagan, ahora que cumple cien años, les ayude a mirar con mejores ojos esta perspectiva; así hablaba él en el 81 (también o sobre todo a él le dijeron de todo menos guapo y buen actor):

Los años que tenemos por delante van a ser importantes para nuestro país, para la causa de la libertad y para el desarrollo de la civilización. Occidente no asumirá el comunismo, sino que lo trascenderá. No nos molestaremos en denunciarlo, lo consideraremos un capítulo extraño y triste de la historia de la Humanidad cuyas últimas páginas se escriben ahora.

¿Que el Medio Oriente tiene una relación complicada con la Modernidad? Desde luego. Nadie sensato dirá que va a ser fácil. Siempre ha sido duro, muy difícil. A la Libertad le cuesta mucho –sangre, sudor, lágrimas– abrirse paso. En todo tiempo y lugar. En Francia: "Si hubiéramos tenido que esperar a que todo el mundo fuera demócrata para instaurar la democracia, aún seguiríamos siendo una monarquía" (Olivier Roy, citado por Reuel Marc Gerecht en un artículo interesantísimo). En el Viejo Continente: "En Europa Occidental, donde recibió los primeros alimentos durante su azarosa infancia, la religión de la democracia se encuentra hoy [1943] inmersa en un gran combate por la supervivencia (...) Y la amenaza sobrevivirá a Hitler, pues el propio fascismo no es más que el mero epígono de unas fuerzas antidemocráticas muy enraizadas en la textura misma del pensamiento europeo y de todo el Occidente industrializado" (Emil Ludwig, citado por Sharanky –p. 55–). En los mismísimos Estados Unidos de América:

Ochenta años después de la revolución americana, los afroamericanos seguían siendo esclavos. ¿Acaso la práctica de la esclavitud en el siglo XIX implicaba que los estadounidenses eran incapaces de construir una sociedad democrática? Sin duda, el hecho de que las sociedades democráticas no se construyan de la noche a la mañana no demuestra que no puedan crearse.

(Sharansky, ob. cit., p. 58)

Las democracias no se construyen de la noche a la mañana, claro que no. Y qué decir de las únicas que merecen la pena: las democracias liberales. Hay que tener mil ojos, pues en estos ríos revueltos abundan las pirañas liberticidas. Hay que manejarse de modo y manera que no salgan ganando los adalides del principio "Un hombre, un voto, una sola vez". ¿Y eso cómo se hace? Pues manteniendo la cabeza fría, sumando, tanteando; y teniendo meridianamente claro que lo crucial no es la celebración de elecciones (son sólo un medio), sino afianzar las instituciones que hacen posible la vida en libertad (es la meta, el fin). De lo que se trata es de apostarlo todo a la prensa libre, la justicia independiente, el mercado libre, el funcionariado independiente, la representación libre, el asociacionismo independiente. A la libertad, el orden, el Estado de Derecho.

Bush el Lelo tenía razón, sí. Y, con él, gente como Andréi Sajárov y Natan Sharanky ("El mundo no puede depender de líderes que no dependen de sus propios pueblos"); o como los malditos neocones, que decían y dicen que, siendo realistas, la defensa y expansión de la libertad es un asunto de interés nacional; como, en fin, los Padres Fundadores de los Estados Unidos de América, en cuya Declaración de Independencia puede leerse:

Cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios [la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad], el pueblo tiene el derecho a reformarla o abolirla e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio ofrecerá las mayores probabilidades de alcanzar su seguridad y felicidad.

Egipto es un nuevo desafío, una nueva oportunidad. Viva la Libertad.

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