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EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS

Derivas suicidas

Ahora mismo, nada suscita más interés en Estados Unidos que el fallecimiento de Anna Nicole Smith, una mujer extraordinaria, con una vida de película a veces esperpéntica y un final trágico, con algo de suicida. También interesan, pero menos, el temporal de nieve en el estado de Nueva York y Barack Obama.

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En su discurso de Springfield, pronunciado en la magnífica escenografía del antiguo capitolio del estado de Illinois, Barack Obama ha desvelado por fin lo que era evidente. Es decir, que quiere ser presidente. El discurso acumuló tópicos y vaguedades, excepto en un punto. Fundamental, eso sí. Obama prometió que, si llega a la Casa Blanca, retirará las tropas en marzo de 2008.
 
Con sólo eso ha logrado –momentáneamente– desbancar a Hillary Clinton del primer plano de la atención. Bien es verdad que, aunque todavía no ha llegado a tanto, el cambio en la posición de la senadora por Nueva York resulta no menos espectacular. Un editorial del Wall Street Journal se ha encargado de precisar cómo ha ido variando de actitud según las encuestas, desde su apoyo sin condiciones al presidente Bush en 2003, cuando todo el mundo pensaba que Sadam tenía armas de destrucción masiva, hasta su actitud actual, que consiste en exigirle que saque a su país de "eso" antes de dejar la Casa Blanca. Queda sobreeentendido lo que Obama ha puesto sobre el tapete: que será ella quien se encargará de hacerlo si alguna vez se instala como presidenta en Pennsylvania Ave.
 
Un hombre que también está variando de posición desde que ha dado a entender que quiere ser presidente es Giuliani, alcalde de Nueva York cuando los ataques del 11-S. (Es curioso que los dos favoritos, en estos momentos, estén relacionados con la ciudad o el estado de Nueva York). Giuliani tiene fama de haber mantenido siempre una actitud centrista. No se corresponde exactamente con lo que hizo como alcalde: por ejemplo, tomar medidas drásticas contra la delincuencia y el déficit. Gracias a él Nueva York salió del marasmo en que la habían hundido unas políticas permisivas e intervencionistas. Pero Giuliani es de esos católicos republicanos –incluso llegó a ir para cura– en los que la confesión tira hacia la izquierda. Curiosamente, esa tendencia se ha manifestado en una posición tolerante ante el aborto, algo juzgado necesario si se quiere ganar elecciones en una ciudad –más paradojas– de electorado predominantemente progresista.
 
Pues bien, como se han encargado de recoger varios medios, muy en particular el New York Times, Giuliani viene manifestándose en las últimas semanas cada vez más contrario al aborto, en particular al procedimiento llamado "por nacimiento parcial", que constituye lisa y llanamente un asesinato. La verdad es que la nueva posición le honra.
 
Rudolph Giuliani.También se está declarando partidario de nombrar jueces estrictamente "construccionistas" para el Tribunal Supremo. En la jerga política norteamericana, eso quiere decir jueces que intentan atenerse al espíritu y la letra de la Constitución, sin plegarla a su propia ideología. De forma indirecta, Giuliani está haciendo un guiño, sin comprometerse mucho, a quienes abogan por cambiar la célebre sentencia que legalizó el aborto en nombre del derecho a la "privacidad" o la "intimidad", algo que no aparece en ninguna parte en la Constitución norteamericana.
 
Giuliani no es el único que está inclinándose hacia la derecha desde posiciones de centro. Mitt Romney, antiguo gobernador de Massachusetts y uno de los posibles candidatos republicanos, ha firmado la famosa promesa de no subir los impuestos, a cambio de lo cual recibirá el apoyo del American for Tax Reform (ATR) de Grover Norquist. McCain, que no respaldó las bajadas de impuestos de Bush, está ahora a favor.
 
Todos estos cambios son lógicos en este preciso momento, cuando los candidatos están dirigiéndose a sus propias bases y empiezan a enviar los mensajes que éstas quieren escuchar. En el caso de Hillary Clinton, sin embargo, resulta espectacular, bastante más que en los de Giuliani, Romney o McCain. Y, sobre todo, lo que resulta inquietante es que se haya convertido en bandera electoral lo que equivaldría, de llevarse a cabo en los términos que Obama ha hecho explícitos y Clinton está sugiriendo, a una derrota para Estados Unidos. Y a un auténtico torpedo en la línea de flotación de la seguridad de los países europeos, que pasarían a ser la primera línea del frente que hoy está situado en Oriente Medio.
 
Por el alborozo con que se está recibiendo la posición de los demócratas en muchos medios occidentales, está visto que la opinión pública europea ha decidido no darse por enterada.
 
En el Partido Republicano, Giuliani, McCain y Romney parecen empezar a tratar de recomponer la alianza liberal-conservadora que llevó a Reagan y a Bush al poder. En el Partido Demócrata se ha abierto la carrera para ver quién da más. La suerte de Anna Nicole Smith a la que aludía al principio queda así convertida en la metáfora descarnada de una deriva suicida.
 
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Por cierto, que en los medios de comunicación hay dudas, razonadas, sobre cómo hablar de Hillary Clinton. "Hillary", a secas, parece machista, y "Clinton" se presta a confusión. Lo más lógico sería hablar de "Rodham", su apellido de soltera, al que nunca ha renunciado… excepto en cuestiones electorales y políticas. El feminismo tiene sus límites, muy estrictos en este caso.
 
 
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