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Desviándonos de la libertad

¿Se sienten los norteamericanos más libres hoy que hace diez años? Aquellos que urbanizan terrenos, o son miembros de juntas directivas de compañías; quienes a menudo viajan en avión, apoyan con su dinero a candidatos y causas políticas en las que creen o defienden abiertamente sus creencias cristianas se sienten hoy menos libres en Estados Unidos. Los próceres fundadores de la nación sabían que la gente generalmente no pierde su libertad de un golpe, sino a través de la continua erosión de las libertades que antes tenían.

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Y eso es lo que refleja la edición 2005 del Índice de Libertad Económica recién publicado por la Heritage Foundation y el Wall Street Journal. Hace diez años EEUU ocupaba el puesto número 5 entre las economías más libres, mientras que ahora ocupa el puesto número 12. La buena noticia es que el mundo en general avanza hacia la libertad como resultado del crecimiento económico y la prosperidad. La mala noticia es que EEUU está permitiendo la erosión de sus ventajas comparativas.
 
Es preocupante no sólo que la pérdida de libertad económica signifique menos libertad individual, sino –como lo confirman éste y otros estudios similares– que “los países con mayor libertad económica también gozan de una mayor tasa de crecimiento económico a largo plazo y son más prósperos que aquellos donde hay menos libertad económica”. El Gobierno está en medio de un festín de impuestos, gastos y, peor aún, regulaciones que a largo plazo son incompatibles con una sociedad libre y próspera.
 
Sabemos que una nación pobre puede volverse próspera en una o dos generaciones como resultado de la instrumentación de políticas de libre mercado bajo un Estado de Derecho. Pero también sabemos que las sociedades ricas pueden empobrecerse rápidamente. Argentina era el séptimo país más rico del mundo al comienzo del siglo XX, y Venezuela lo era a fines de los años 50, pero hoy en día ambos están sumidos en la miseria debido a políticas socialistas de gastos gubernamentales excesivos, exageradas regulaciones y la degradación del Estado de Derecho.
 
Sin un golpe de timón, a EEUU le puede suceder lo mismo. No sólo nuestra libertad económica está siendo erosionada, también nuestra libertad de expresión, nuestra libertad de cultos y nuestros derechos a la privacidad y a la propiedad. La ley McCain-Fengold redujo nuestra libertad de expresión en la política, y aquellos considerados “políticamente incorrectos” están siendo castigados por sus universidades, por sus patronos y por funcionarios estatales y municipales, incluso jueces. Pareciera que ninguno de ellos hubiera leído o comprendido la Primera Enmienda de nuestra Constitución.
 
La burocracia, según una ilustración publicada por la Jewish World Review.Hay niños que están siendo penalizados por llevar a la escuela pequeños símbolos de su religión. Las leyes contra el lavado de dinero dificultan y hasta imposibilitan la apertura de cuentas bancarias a jóvenes y a gente pobre. Si uno es dueño de un terreno, sea agricultor, cazador, urbanizador o simple dueño de una casa, está cada día más sujeto a un desfile de funcionarios municipales, estatales, federales, y hasta de grupos no gubernamentales, que nos dicen lo que podemos o no hacer con nuestra propiedad. Los dueños de tierra no están sujetos sólo a las leyes, sino cada día más a los caprichos de diversos burócratas.
 
El concepto de igual protección bajo la ley ha sido torcido para significar desigual protección según la raza, la religión, el sexo (o preferencia sexual), el peso, la riqueza y el punto de vista político. Dada la casi ilimitada subdivisión de cada una de esas diferencias, avanzamos hacia donde cada individuo estará sujeto a la ley aplicable sólo a él o a ella.
 
La erosión de nuestras libertades aumenta porque mucha gente no entiende las verdaderas consecuencias de fomentar a los políticos para que nos protejan de males reales o imaginarios, sean terroristas, enfermedades (incluyendo la gordura y el envejecimiento), el mal tiempo, competidores más eficientes; de nuestra estupidez o irresponsabilidad financiera.
 
Recuerde que, cada vez que vota por un político que le promete que el gobierno hará más por usted, estará también votando por un gobierno que le hará menos libre y más pobre.
 
 
© AIPE
 
Richard W. Rahn, académico del Discovery Institute y académico asociado del Cato Institute.

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