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Dos socialismos

La reaparición en América Latina de una izquierda radical y anacrónica, liderada por Hugo Chávez, aleccionada por Fidel y financiada con generosos petrodólares venezolanos, resulta de por sí alarmante, y más si se considera la posibilidad de una alianza de ésta con los socialistas más blandos.

Todo el barrio latino caería, entonces, en la violencia socialista. Pero ¿podrá unirse el socialismo de Chávez, Fidel Castro, Evo Morales, Rafael Correa, Daniel Ortega, Ollanta Humala y Nicanor Duarte con el más moderado de Michelle Bachelet, Tabaré Vázquez, Lula da Silva y Alan García? No. Cualquier parecido entre ambos socialismos es mera coincidencia; defienden ideas contrarias.
 
El socialismo radical es populista; pero el suyo no es el populismo light europeo, sino el nacionalista, rapaz y clientelista inaugurado por Perón en los años 40. En el populismo no hay crecimiento, pero igual los grupos de presión se distribuyen la "riqueza", financiando el déficit con la expansión monetaria keynesiana. El ciclo del reparto termina en la recesión, la inflación, el control de precios, la quiebra de bancos, el aumento de la pobreza y, finalmente, la aplicación de duras reformas y planes de austeridad. El problema se atribuye al capitalismo...
 
El socialismo radical es estatista hasta los tuétanos. El Estado es el creador de la riqueza, el empleador y benefactor de los pobres. Su expansión nutre el clientelismo, que conforma su base de votos cautivos. Nacionaliza los recursos naturales, vuelve a estatizar las empresas privatizadas e incrementa el número de compañías estatales. Agranda la administración pública y la burocracia y multiplica las regulaciones, los trámites y las trabas. Promueve la reforma agraria, la invasión de propiedades, la confiscación y reparto de tierras y los programas sociales. Emprende masivas obras públicas y pare contrataciones corrompidas. Todo esto son políticas probadamente fracasadas.
 
El socialismo moderado, en cambio, desde hace años viene sustituyendo las viejas falacias económicas de la política del déficit, la inflación, el "dinero fácil" y la planificación por ideas sanas que interfieren poco con el mercado y crean el clima institucional necesario para atraer la inversión privada. Este socialismo es conocido como "el modelo alemán" o "la tercera vía", a mitad del camino entre el capitalismo y el comunismo. Michelle Bachelet, en Chile, es un ejemplo de este socialismo modernizador que en Europa, en los últimos 25 años, ha realizado profundas reformas de mercado, liberalizado el comercio y privatizado miles de empresas estatales.
 
Las diferencias entre el socialismo radical, reaccionario y autoritario de Chávez y el socialismo moderado, modernizador y democrático de Bachelet son enormes. La más importante es ésta: los reaccionarios espantan las inversiones que generan empleos y desarrollo, y los modernizadores las atraen. Los socialistas moderados compiten incluso con los capitalistas por atraer inversión extranjera; para ello, aplican políticas estables y previsibles y brindan una sólida protección a los derechos de propiedad. El ingreso por habitante en el socialismo moderado es la mitad que en el capitalismo, pero tres veces mayor que en el socialismo radical.
 
El socialismo moderado promueve la globalización y el libre comercio porque, al igual que el capitalismo, tiene como principal objetivo captar inversiones que generen empleos, produzcan riqueza y garanticen el crecimiento sostenido a largo plazo. El aumento de la inversión en la globalización que se inició en los años 80 ha reducido la pobreza en todas partes menos en América Latina, donde predomina el delirio populista.
 
Las diferencias entre socialistas moderados y radicales son mayores que las habidas entre los primeros y los capitalistas. Los moderados defienden los mercados abiertos, las privatizaciones, el libre comercio, la libertad de expresión, la democracia liberal y el respeto a los derechos de propiedad, valores que son rechazados tajantemente por los radicales. Pese a las apariencias y los discursos, ambos socialismos avanzan en un curso de colisión. El choque es inevitable, dado que no hay término medio entre la libertad y la opresión.
 
 
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PORFIRIO CRISTALDO AYALA, corresponsal de AIPE en Paraguay y presidente del Foro Libertario.

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