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ORIENTE MEDIO

El boicot musical a Israel

En una carta abierta a Guns N’ Roses fechada el 19 de octubre, la Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural de Israel, una organización asentada en Ramala, expresaba su "desazón" ante la noticia de que dicho grupo de rock iba a dar un concierto en Israel y lo instaba a no ser cómplice del "lavado de imagen" del Estado judío, manchado, según la referida organización, por "la ocupación, el apartheid y los crímenes de guerra".

Prácticamente todo artista famoso que anuncie un viaje a Israel recibe una carta como la destinada a GNR. Algunos han cedido a la presión, como Elvis Costello, el rapero Gil Scout Heron, el músico de folk Devendra Banhart o la banda de rock alternativo The Pixies. (El guitarrista Carlos Santana también canceló una performance en Israel, pero no quedó claro el motivo). Otros han mantenido sus planes, por ejemplo Rod Stewart, Elton John, Paul McCartney, Leonard Cohen, Rihanna, Metallica y... la esposa de Elvis Costello, Diana Krall. Finalmente, un tercer grupo se ha decantado por una suerte de punto intermedio: así, el director de orquesta Daniel Barenboim, cada vez que visita Israel regala a sus audiencias discursos propalestinos u óperas wagnerianas, mientras que, en 2006, Roger Waters se dedicó a hacer pintadas en la valla de seguridad cerca de Belén.

Para ciertos artistas, el asunto de viajar a Israel –o, en su caso, a Palestina– tiene un carácter marcadamente ideológico: la bella estrella libanesa del pop Haifa Wehbe quiso sumarse en junio a una de las flotillas que pretenden quebrar el bloqueo marítimo israelí a la Franja de Gaza, pero los organizadores de aquella expedición, los terroristas de Hezbolá, se lo impidieron debido a que su "inmodestia en el vestir dañaría la reputación de todas" sus compañeras de viaje.

Durante sus primeras décadas de existencia, Israel hubo de enfrentar el boicot diplomático y económico de la Liga Árabe y otras naciones islámicas. Con el correr de los años, la Organización de las Naciones Unidas fue reclutada para la batalla contra el Estado judío. Han sido innumerables las compañías que han sido objeto de presiones por tener intereses en Israel o, sencillamente, por haber citado a Jerusalem como capital israelí en sus folletos comerciales. De un tiempo a esta parte han cobrado impulso los boicots académicos instigados por agrupaciones palestinas. Como se ve, el sabotaje antiisraelí cubre multitud de ámbitos.

Para los israelíes, los conciertos que las grandes estrellas dan en su país no son meros divertimentos; son pruebas de su integración en la aldea global, de la normalización de la vida israelí, de que su largo esfuerzo en pos de la aceptación internacional ha sido recompensado; de que la meta del sionismo político (acceder a la estadidad para que los judíos fueran tratados no sólo como individuos, también como nación) ha sido alcanzada. Por eso cada cancelación o confirmación de un concierto se celebra o lamenta exageradamente.

Así que es necesario ver las cosas con perspectiva. Israel prevalecerá aun sin Elvis Costello y The Pixies. Ellos pierden dinero y dignidad; y sus fans en Israel, la oportunidad de escucharlos. Eso es todo, realmente. En la sinfonía de la vida nacional, una nota disonante no estropea el concierto.

 

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