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El calvario de los cristianos en Tierra Santa

El sábado pasado*, el palestino cristiano Rami Ayyad fue secuestrado y asesinado. Su cadáver apareció al día siguiente. Seis meses atrás, una bomba había reducido a cenizas la librería cristiana que Ayyad regentaba en Gaza, la Sociedad de la Sagrada Biblia.

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Ningún grupo ha reivindicado el asesinato de Ayyad, pero el atentado contra su librería era del mismo patrón que los perpetrados por un grupo yihadista que se hace llamar Las Rectas Espadas del Islam.
 
La muerte de Ayyad ha tenido lugar en el momento en que la situación de los cristianos en los dominios de la Autoridad Palestina es más precaria que nunca. Justus Weiner, del Jerusalem Center for Public Affairs, declaraba lo que sigue allá por el mes de junio:
Desde hace unos años, esta minoría [la cristiana] necesita desesperadamente ayuda. Los palestinos cristianos no pueden practicar su religión en paz y con entera libertad. Los que están en mayor peligro son los árabes cristianos; y, de entre ellos, los que han abandonado el islam: por lo general, han de hacer frente completamente inermes a la crueldad de los fundamentalistas musulmanes.
Se trata de una crueldad a menudo sancionada por la ley islámica. El jeque Abú Saqer, del grupo Yihadia Salafiya, proclamó el pasado junio: "Espero que nuestros vecinos cristianos comprendan que el mandato otorgado a Hamás significa que se van a producir cambios reales. Si quieren vivir en paz en Gaza, han de estar preparados para el Gobierno islámico". O sea, preparados, por ejemplo, y de acuerdo con las provisiones de la sharia, a practicar su religión sólo de manera discreta, sin llamar la atención. Al habla de nuevo Abú Saqer:
La Yihadia Salafiya y los demás movimientos islámicos se asegurarán de que las escuelas e instituciones cristianas publiciten lo que están impartiendo, para que quede bien claro que no están desarrollando actividad misionera alguna. Y nada de alcohol en la calle. Por lo que hace a las mujeres, todas ellas, incluidas las no musulmanas, deben comprender que han de cubrirse siempre que estén en un espacio público.
Hamás pretende incluso reinstaurar la jizya, el impuesto especial prescrito por el Corán (9:29) para los judíos y los cristianos, del que los musulmanes están exentos.
 
Los cristianos están abandonando en tropel las zonas controladas por la Autoridad Palestina, incluso algunos de los lugares más sagrados para la Cristiandad. En 1948 los cristianos representaban el 85% de la población de Belén; pues bien, para 2006 no eran sino el 12%. Además, en la Plaza del Pesebre han erigido una mezquita enorme, junto a las iglesias católica y ortodoxa.
 
George Rabie, un taxista cristiano de la ciudad, ha relatado las palizas que ha recibido a manos de musulmanes indeseables por exhibir en su vehículo un crucifijo. "Todos y cada uno de los días he de afrontar la discriminación (...) Muchos extremistas de las aldeas se están viniendo a Belén". La discriminación a que hace referencia Rabie puede llegar a ser mortal: hace unos años, varios musulmanes abatieron a tiros a dos mujeres cristianas porque no llevaban el velo islámico. Este crimen fue reivindicado por las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa en los siguientes términos: "Queremos limpiar de prostitutas la casa de los palestinos".
 
Samir Qumsiyeh, propietario de una cadena cristiana de televisión, declaró en enero que la situación era "muy peligrosa". "Estoy seguro de que dentro de quince años no quedarán cristianos en Belén –agregó–. Habrá que buscarlos con lupa. Es una situación muy penosa". A juicio del hostelero betlemita Joseph Canawati, "no hay lugar para la esperanza para la comunidad cristiana". "No creemos que las cosas vayan a mejorar. Para nosotros, esto se ha acabado", sentencia.
 
Entre tanto, el mundo cierra los ojos. La ONU no ha emitido resolución alguna en la que se inste a los palestinos a poner fin al maltrato de la minoría cristiana. Las organizaciones de derechos humanos no han abierto la boca. En cuanto a Occidente, donde los grupos proislámicos dicen rechazar y aborrecer el "extremismo", tampoco presta la menor atención a la opresión que sufren los palestinos cristianos.
 
Entre tanto, los izquierdistas y los grupos musulmanes denuncian en todos los campus de Estados Unidos a los organizadores de la Semana de Concienciación sobre el Islamofascismo, en vez de unirse a ellos y oponerse a la opresión que padecen hoy día en gran parte de los países musulmanes los cristianos (y las mujeres, y los homosexuales, y...).
 
¿Por qué se comportan así estos grupos? Si realmente se oponen a las actividades de los yihadistas y a la opresión inherente a la sharia, ¿por qué no lo demuestran? En cambio, lo que están haciendo es poner toda la carne en el asador para desacreditar la Semana de Concienciación sobre el Islamofascismo mediante la difamación de David Horowitz y compañía.
 
Si la Semana de Concienciación sobre el Islamofascismo acaba siendo silenciada, aquellos que hacen miserable la vida de los cristianos en la Autoridad Palestina y el resto del mundo islámico se habrán anotado un tanto. Y no quedará absolutamente nadie que hable por sus víctimas, que están padeciendo un verdadero calvario.
 
 
ROBERT SPENCER, director de Jihad Watch y de obras como The Truth About Muhammad (La verdad sobre Mahoma) y Guía políticamente incorrecta del Islam.


* La versión original de este artículo se publicó en Frontpage Magazine el pasado día 10.

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