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El circo neosocialista

El neosocialismo ha convertido América Latina en un circo. El animador principal es Hugo Chávez, con su programa Aló presidente, donde pide que se lo compare con Cantinflas y regala electrodomésticos a sus oyentes. Lula asegura que el etanol salvará al mundo, mientras Castro denuncia que la extensión del empleo de dicho combustible supondrá la internacionalización del genocidio que, asegura, está perpetrando EEUU.

Kirchner, Morales, Correa y Ortega contribuyen con sus desatinos, mientras en Paraguay Nicanor Duarte Frutos alienta la invasión de tierras y hasta la actividad sexual de su ministra de Acción Social. Pero el circo cada día gusta menos, ahuyenta las inversiones y la gente emigra en masa.
 
Chávez y Morales no siempre son los más destacados del circo. Nicanor Duarte no se queda atrás. En Paraguay, un país pobre entre los pobres, a menudo se ataca a los pocos empresarios agrícolas con la irracional idea de que "avasallan la economía rural" con la mecanización y empobrecen a los campesinos. "El pueblo hambreado puede asaltar las tierras", amenaza Duarte a los propietarios, y asegura que su Gobierno no saldrá en defensa de la propiedad privada.
 
Estos aportes, sumados a su intención de depositar las reservas internacionales en el Banco del Sur, le valieron a Nicanor Duarte el premio al desvarío del mes.
 
Los presidentes neosocialistas olvidan su juramento de cumplir y hacer cumplir las leyes sobre la inviolabilidad de la propiedad privada. Olvidan que la razón primigenia del Gobierno es proteger los derechos de las personas y los bienes de éstas; que deben defender y fortalecer el Estado de Derecho; que la ley les da el monopolio del uso de la fuerza sólo para proteger el orden y la paz públicos.
 
No es de extrañar que los países neosocialistas tengan los más bajos índices de libertad económica y los peores ambientes de negocio del mundo. Están entre los países menos productivos y más corruptos. Tienen la peor calificación en lo relacionado con la protección de los derechos de propiedad y los más extensos mercados negros (comprenden el 50% de sus economías). Para empeorar una situación trágica, el desquiciado discurso populista de sus Gobiernos siembra la inseguridad jurídica, la inestabilidad y la incertidumbre, desincentiva la inversión (externa e interna), frena el crecimiento y destruye fuentes de trabajo.
 
Lo más sorprendente de los neosocialistas es su desprecio total por la propiedad privada. No se han enterado de los descubrimientos del último cuarto de siglo sobre la importancia fundamental del respeto a los derechos de propiedad para el progreso de los pueblos. El premio Nobel de Economía en 1991, Ronald Coase, sostiene que los países que no cuentan con unos derechos de propiedad claros y seguros frenan la producción y el comercio y se hunden en la pobreza. Los neosocialistas no se han enterado de que la instauración de unos mínimos derechos de propiedad privada acabó con las hambrunas en Rusia y China. Y no ven que, mientras sigan postergando las reformas de mercado, la miseria seguirá avanzando en sus países.
 
Las reformas agrarias populistas, que vuelven por sus fueros, no reducen la indigencia campesina, simplemente provocan invasiones y expropiaciones arbitrarias de tierras, lo cual castiga más a los pobres que a los propietarios. Y es que se trata de un proceso que fomenta la violencia, posterga las inversiones, paraliza la economía y hace que crezcan el desempleo, la informalidad y el crimen.
 
Para los neosocialistas, la solución a la pobreza no pasa por incrementar la producción, la productividad y los salarios, sino por recaudar más impuestos de los "ricos", conseguir más ayuda externa y repartir lo así obtenido entre los sectores sociales que les apoyan. Saben que sólo podrán mantenerse en el poder si crean una extensa clientela política que dependa de los subsidios estatales, como viene haciendo Lula da Silva en el Brasil con su programa de "Hambre Cero".
 
Los neosocialistas han aprendido que lo esencial para conservar el poder es la vieja fórmula romana del "pan y circo". Los votos cautivos que los gobernantes acaparan con prebendas y corrupciones pervierten la democracia y el imperio de la ley, hundiendo a los latinoamericanos en la desesperanza.
 
 
© AIPE
 
PORFIRIO CRISTALDO AYALA, corresponsal de AIPE en Paraguay y presidente del Foro Libertario.

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