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ESTADOS UNIDOS

Huckabee y Edwards son un par de mercachifles histriónicos

Mike Huckabee está haciendo trizas el pacto que ha venido manteniendo unida a la tropa liberal-conservadora. Los conservadores sociales, muchos de los cuales comparten el deseo de Huckabee de "recuperar el país para Cristo", han colaborado con los conservadores partidarios del Gobierno limitado, el libre mercado y el capitalismo, que pretenden recuperar el país para James Madison. Bajo eso que los conservadores denominan "fusión", los unos han venido respetando la agenda de los otros. Sin embargo, Huckabee repudia vehementemente a los madisonianos.

George F. Will
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Con una humildad histriónica que no tenía otro objeto que dar cancha a su populismo desatado, el republicano Mike Huckabee y el demócrata John Edwards lanzaron en Iowa mensajes llamativamente parecidos, rebosantes de autocompasión e hipocondría económica.
 
Edwards y Huckabee lloraban por la menguante clase media. Pues bien, tras considerar de clase media los hogares con unos ingresos anuales de entre 30.000 y 100.000 dólares, el economista Stephen Rose sostiene que, en comparación con 1979, hay menos americanos de clase media... porque el número de los que ganan más de 100.000 dólares se ha duplicado –del 12 al 24%–, mientras que el de los que ganan menos de 30.000 ha permanecido inalterado. "Así pues –añade Rose–, el declive de la clase media hay que atribuirlo a todas aquellas personas que han incrementado posiciones en la escala de ingresos". Por otro lado, el valor neto de los hogares americanos se ha incrementado... pese a que en 2007 cayó el precio de la vivienda.
 
En el formidablemente subvencionado estado de Iowa –el entusiasmo de Washington por el etanol ha hecho que se disparen el valor y los ingresos de las granjas del país–, Huckabee afirmó que el Gobierno machaca a los americanos que tratan de salir adelante. Por su parte, Edwards, ese candidato sintético y melodramático que habla en nombre de la mayoría humillada y ofendida, afirma que los ricos controlan con "mano de hierro" la democracia y tienen absolutamente sometida a la economía.
 
Lo que son las cosas: ese control asfixiante hace que el 1% más rico de la población pague el 39% de todos los impuestos y el 50% con menos ingresos sólo aporte el 3%...
 
Según Edwards, la Carolina del Norte de cuando era joven se parecía mucho a la Chechenia de hoy en día. "Tuve que luchar para sobrevivir. Lo digo de verdad. Literalmente hablando". Y Huckabee, una mezcla de Uriah Heep, Elmer Gantry y Richard Nixon, alardea de su extracción humilde. "En mi familia jamás pudimos conjugar el verbo veranear".
 
Nixon, que hablaba y no paraba de las privaciones que padecieron sus padres y del abrigo de paño de su mujer, seguía en esto a Lyndon Johnson, otro presidente fuera de lugar cuyos resentimientos marcaron el tono de su mandato. ¿Volveremos a las andadas?
 
Huckabee se dice perseguido por el establishment republicano. Ah, sí, el establishment republicano: esa cosa que ya había conquistado la insignificancia en 1964, cuando no pudo impedir que la candidatura del partido para las presidenciales recayera en Barry Goldwater, y que se quedó sin voz (el New York Herald Tribune) apenas dos años más tarde. Por cierto: para Huckabee "sólo hay una explicación" para su victoria en Iowa, "y no es humana":
Es la misma fuerza que ayudó a un muchacho que sólo tenía dos peces y cinco panes a dar de comer a una multitud de cinco mil personas.
¿Qué pasa, que Dios está tan encandilado con la política de Huckabee que decidió obrar el Milagro del Medio Oeste?
 
¿Debe semejante delirante estar en posesión de armas nucleares?
 
Hablando de delirantes: Edwards parece ignorar que es el mercado mundial quien fija los precios del petróleo. Para él, que el barril de Texas haya alcanzado los 100 dólares es consecuencia... no de las crecientes necesidades energéticas de la India y China, o de la inestabilidad de países productores como Nigeria, sino de la "codicia corporativa". He aquí la explicación de Edwards para todo lo que marcha mal.
 
John Edwards.El veletismo de Mitt Romney, aunque repeliera a los habitantes de Iowa, no es nada comparado con el trasplante de personalidad que se ha mandado hacer Edwards. El vivaracho sureño de 2004 se ha convertido en un furioso paladín de las multitudes sufrientes, a las que grita: "¡Tratad a esa gente como esa gente os trata a vosotros!". Presumiblemente, está hablando de tratar mal a "los ricos"; es decir, estamos ante un odioso llamamiento a que unos americanos carguen contra otros.
 
Aunque Huckabee y Edwards aseguren que detestan la cultura de Washington y que quieren cambiarla, lo más probable es que no hicieran sino hacerla más mefítica. Los dos son de ese tipo de gente que sólo ve motivos despreciables en todo aquel que se opone a ellos, así que no tienen rivales, sino enemigos, de los que les separan diferencias insalvables.
 
Para alcanzar la meta populista de Edwards y Huckabee de reducir el peso de "los intereses especiales", o sea del dinero, en el Gobierno lo que hay que hacer es reducir el papel del mismo en la distribución de la riqueza. Sin embargo, lo que pretenden los populistas es incrementar sensiblemente el peso del Estado, con todo tipo de regulaciones y redistribuciones. Los populistas, que son cortitos de entendederas, no acaban de comprender la siguiente ley de hierro: si concentras el poder en Washington, incrementarás el poder de los grupos que tienen allí destacados a sus representantes.
 
En medio de este cafarnaúm de políticos paranoicos, Barack Obama, que podría dar al traste con el regreso de los Clinton al poder, representa un soplo de aire fresco. Obama es el Antiedwards y el Antihuckabee; un tipo hecho y derecho que pretende reformar el mundo real, no un niñato que idealiza esos combates patético-burlescos contra villanos de pega que tanto gustan a la izquierda de este país.
 
 
© The Washington Post Writers Group
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