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La 'autoridad' destructiva de Kirchner y Chávez

El reciente viaje de Chávez a la Argentina (además de a Uruguay, Bolivia y Colombia) descubre, una vez más, que esta vida principesca con dineros del Estado es el resultado de la soberbia de estos dirigentes, que creen que pueden más que la naturaleza de las cosas y que, en consecuencia, tienen derecho a imponerse coactivamente: una impostura de la autoridad.

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El momento cómico del periplo del inefable caudillo se dio en la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Plata, donde se le hizo entrega de un premio por su "compromiso incuestionable y auténtico" en el afianzamiento de "la libertad de los pueblos". La transmisión del acto fue prohibida a todos los medios audiovisuales... salvo a los oficialistas, Canal 7 y Telesur. Para no dejar dudas de su amor por la discrepancia de ideas, Chávez aseveró que hay que "señalar y derrotar" a los medios que le cuestionan.

Además de este show cómico, Chávez firmó acuerdos económicos con los amigos. Acuerdos que comprenden, por ejemplo, la construcción de 16 barcazas destinadas a Petróleos de Venezuela (PDVSA), por 84 millones de dólares, la exportación de 10.000 vehículos argentinos al país bolivariano, la construcción de una planta gasística en Argentina y la compra, por parte de la Corporación de Alimentos y Servicios Agrícolas, de productos como leche en polvo, poroto negro, pollo, aceite de soja, arroz blanco e integral, trigo y maíz amarillo por valor de 520 millones de dólares.

¿Será verdad, entonces, lo que revelaron los cables difundidos por Wikileaks? Casi todos los funcionarios argentinos repitieron durante años en la embajada de EEUU que su relación con el presidente venezolano no se basaba en afinidades ideológicas, sino en negocios. La presidenta argentina dijo que Chávez "usualmente habla sin pensar", según el cable 209.324 de 2009, mientras que en el 98.698, de marzo de 2007, el embajador de EEUU en Buenos Aires cita al ministro argentino más influyente, según el cual las "buenas relaciones" venezolano-argentinas están basadas en "asuntos comerciales y económicos".

Obviamente, mienten. Lo que no llama la atención. Quién dijo que la construcción de esas barcazas resultará útil a los venezolanos, que van a pagarlas. Chávez y Kirchner dicen que hacen lo que quieren sus pueblos, pero más bien ocurre lo contrario. ¿Qué clase de autoridad es esa? Una autoridad violenta –pues descansa en el monopolio estatal de la violencia–, mentirosa y destructiva.

 

ALEJANDRO A. TAGLIAVINI, miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity (Oakland, California).