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DESDE GEORGETOWN

La estrategia sureña (I)

Durante la Conferencia de Acción Política Conservadora de 2005, de la que Libertad Digital se ha hecho eco, se celebró un acontecimiento ya tradicional: la Cena Ronald Reagan. Al final de la misma se concedió el Premio Charlton Heston al Valor en Combate a los Swift Boat Veterans, un grupo de veteranos de Vietnam que habían luchado con John Kerry a finales de los 60. Cuando uno de ellos se enteró de que éste se presentaba a las presidenciales de 2004, decidieron contar su versión de los hechos, que no coincidía con la de Kerry.

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La aparición de los veteranos en la campaña resquebrajó la imagen de héroe que John Kerry se había forjado para presentarse ante el electorado como un ex combatiente. Lo puso a la defensiva y sacó a la luz todas las contradicciones del personaje. No todos los electores prestaron más fe a la versión de los veteranos que a la del propio Kerry. Ahora bien, los veteranos recordaron que el presunto héroe, nada más volver a EEUU del frente, se había incorporado a la organización Veteranos de Vietnam contra la Guerra. Llegó a ser su portavoz, y lanzó acusaciones muy duras no sólo contra la política del Gobierno, sino contra el ejército y sus propios compañeros.
 
Los Swift Boats Veterans recordaron a los norteamericanos, con tropas desplegadas en Afganistán y en Irak, los años de la Guerra de Vietnam. Primero Kerry fue voluntario a Vietnam, y luego volvió como un convencido militante antibelicista. Kerry era la viva imagen de los turbulentos años 70, y ponía al país en una crisis moral y nacional de la que había tardado muchos años en reponerse.
 
Pues bien, cuando a los Swift Boat Veterans les dieron el Premio Charlton Heston al Valor en Combate en la Cena Ronald Reagan, el presentador del acto fue un político famoso, sureño y… demócrata. Se trataba de Zell Miller, antiguo gobernador de Georgia y senador por ese mismo Estado entre 2000 y 2004.
 
Portada de A NATIONAL PARTY NO MORE.La presencia de Zell Miller en un acto tan republicano era coherente con su trayectoria. En 2003 publicó un libro titulado El partido que dejó de ser nacional, en referencia a su propio partido, el Demócrata. Por si no fuera poco con el título, el libro se subtitulaba La conciencia de un conservador demócrata (A national party no more. The conscience of a conservative democrat).
 
Si se le quita la palabra "demócrata" y se deja La conciencia de un conservador nos encontramos con el mismo título de un libro célebre de Barry Goldwater, el político republicano que el actual movimiento conservador reivindica como uno de sus iconos. (The conscience of a conservative, 1960). El libro de Goldwater sigue reeditándose por los grupos republicanos militantes.
 
Muchos demócratas, sobre todo los progresistas, han intentado desacreditar a Zell Miller como el vivo retrato de uno de esos caciques sureños de otros tiempos que el cine de Hollywood ha representado en tantas ocasiones. En más de un sentido, el personaje se presta a la caricatura. Miller llegó a retar en duelo en televisión a un periodista que le estaba entrevistando en plena campaña de 2004.
 
Ahora bien, los argumentos de Miller para alejarse e incluso combatir a un partido en el que había militado toda su vida no son folklóricos ni superficiales. Por lo fundamental, Miller acusa a los actuales líderes demócratas de dos equivocaciones. La primera, permitir que los intereses parciales de diversos grupos de presión predominen sobre el conjunto de los intereses del partido. La segunda, ignorar la realidad del Sur de EEUU y haber perdido pie en una zona que ya no es el antiguo sur, rural, atrasado y racista, sino una de las zonas económicas más dinámicas y más ricas del país.
 
Las dos acusaciones están relacionadas. Cuando se intenta explicar la decadencia del Partido Demócrata en el Sur se suele recordar un comentario del presidente demócrata Lyndon B. Johnson. En 1964 Johnson promulgó la famosa Acta de Derechos Civiles, que daba autoridad al Gobierno federal para intervenir en los Estados sureños con el fin de poner fin a la segregación racial, prohibía la segregación en los recintos públicos, prohibía cualquier subvención a las escuelas segregadas, impedía que el Gobierno contratara a cualquier empresa que practicara la segregación racial y creaba una Comisión para la Igualdad en el Empleo.
 
Cuando firmó el Acta, Johnson dijo que había firmado el final del Partido Demócrata en el Sur. Johnson, nacido en Texas, sureño él mismo, por tanto, estaba convencido de que los demócratas perderían a partir de ahí el respaldo de los votantes blancos en el Sur. La evolución del voto a partir de entonces parece confirmar esta predicción. En 1960 Nixon ganó sólo en tres Estados sureños (Virginia, Tennesse y Florida), mientras que en 2000 y en 2004 Bush ganó en todos. Lo mismo ha ocurrido con los gobernadores y los representantes en el Congreso y en el Senado, abrumadoramente republicanos ahora, después de ser haber sido demócratas durante décadas.
 
TIME dedicó esta portada, de 1964, a Barry Goldwater.Según esta interpretación, el Partido Republicano se habría afianzado en el Sur de Estados Unidos porque sirvió de portavoz a la frustración e incluso la ira de los votantes blancos contrarios al Acta de Derechos Civiles y a todas las decisiones que la Administración Johnson tomó después en favor de la minoría negra. El Partido Republicano, que había nacido a mediados del siglo XIX como el partido del Norte en contra de la esclavitud implantada en el Sur, habría dado un giro radical y se habría transformado en el partido del resentimiento racial, por no decir del racismo.
 
Siempre según esta interpretación, habría sido justamente Barry Goldwater quien en las elecciones de 1964 inició la "estrategia sureña" del republicanismo. Goldwater ganó el Sur frente a Johnson presentándose como candidato republicano a las elecciones presidenciales con una plataforma contraria a los derechos civiles promocionados por la Administración demócrata. Nixon, con una imagen más templada que la de Goldwater, culminó la trayectoria en las elecciones de 1968.
 
Reagan continuaría más tarde la toma del Sur por el republicanismo. Se sigue recordando que cuando hizo pública su candidatura a la Presidencia, en 1980, lo hizo en un escenario muy particular, una ciudad de Mississippi que había sido escenario del asesinato de tres partidarios de los derechos civiles en 1963. La acusación no ha desaparecido hoy en día, y sigue presente en el debate público. Se escuchó con insistencia en las últimas elecciones presidenciales, cuando los progresistas que apoyaban a John Kerry se movilizaron para que los electores negros del Sur no desperdiciaran ni un solo voto en favor del candidato que, según ellos, mejor representaba la promoción de los derechos civiles. La sombra alargada del Ku Klux Klan y el racismo se sigue extendiendo ominosamente sobre el republicanismo.

Es un hecho que el republicanismo de Bush apenas ha logrado avanzar en un pequeño 3% entre la población negra. Los afroamericanos siguen votando de forma aplastante al Partido Demócrata. Cuando el Partido Republicano emprendió su "estrategia sureña" no dudó en recurrir a maniobras y gestos poco recomendables, como el protagonizado por Reagan. Ahora bien, esta explicación, que reconforta el corazón progresista de los izquierdistas del Partido Demócrata, no resulta convincente.

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