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Locuras de la ONU

¿Está la ONU planeando hacer una parodia de sí misma? ¿Cómo explicarse, si no, el anuncio de que se ha elegido un panel para decidir las quejas que atenderá la Comisión de Derechos Humanos en su reunión anual de Ginebra, esta primavera, y que tres de los cinco miembros son Cuba, Zimbabue y Arabia Saudí? Su emplazamiento en el diplomáticamente llamado "Grupo de Trabajo de Situaciones" prácticamente garantiza que estos abyectos violadores de los derechos humanos no sean criticados, censurados o sancionados, no importa los crímenes que hayan cometido, estén cometiendo o planeen cometer.

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Si hay algún alto funcionario de la ONU que esté fastidiado con este sistema, pues es muy discreto para decirlo en público...
 
La composición de la aún más amplia Comisión de Derechos Humanos es, como mínimo, orwelliana. En la actualidad incluye no sólo a China y a Rusia, también a Sudán, recientemente elegido por otros tres años, a pesar del papel de Jartum en lo que el Gobierno de Estados Unidos llama genocidio contra los musulmanes negros en la región occidental sudanesa de Darfur.
 
La semana pasada varios miembros de una comisión especial de la ONU nombrada por el secretario general, Kofi Annan, plantearon objeciones. Dijeron que no habían podido encontrar "suficientes evidencias" para llegar a la conclusión de que los responsables de las masacres, las violaciones, los incendios de hogares y la limpieza étnica estuviesen actuando con "intención genocida". En cambio, dijeron que lo que había sucedido eran "crímenes contra la Humanidad con una dimensión étnica". Como era de prever, los funcionarios sudaneses anunciaron que la ONU los había "exonerado".
 
Logo de Al Manar.Y luego está la Organización Mundial de la Salud, la "agencia especial" de la ONU. El director general ha concedido el premio de la organización a los mejores programas "antitabaco y de nutrición" a Al Manar, la televisión de Hezbolá, una de las organizaciones terroristas más letales del mundo.
 
De hecho, Hezbolá ha matado más americanos que ninguna otra organización terrorista, excepto Al Qaeda. Al Manar emite rutinariamente a millones de personas de Oriente Medio programas en los que se incita a cometer atentados suicidas contra los norteamericanos desplegados en Irak y contra los israelíes, dondequiera que se encuentren éstos.
 
El Gobierno de Estados Unidos ha colocado a Al Manar en la "Lista de exclusión por terrorismo", y hasta en Francia se ha prohibido su emisión, porque viola las leyes antiodio del país. (Ejemplos: en noviembre emitió programas donde se acusaba a los judíos de propagar el sida en Oriente Medio; y antes emitió una dramatización en la que unos judíos usaban sangre de niños cristianos para hacer pasteles propios de días festivos).
 
Pero, bajo el punto de vista de la OMS, Al Manar está haciendo una labor importante al advertir a los televidentes de que fumar es malo para la salud, y de paso los instruye con ideas como la de que masacrar infieles es bueno para el alma. Un eslogan atractivo para ambas campañas podría ser: "¡Hágase saltar por los aires, pero no fume!".
 
No se suponía que la ONU fuese tal parodia. Entre agresores y víctimas, la ONU no se hizo para ser neutral.
 
Pero con el paso de los años la ONU cayó en malos hábitos. Cuando el Jemer Rojo estaba asesinando a la población camboyana, la ONU no actuó. Cuando el genocidio de los tutsis en Ruanda, se cruzó de brazos. En realidad, hizo algo peor: retirar una pequeña fuerza que estaba en el país, no fuera a ser que mataran a algún casco azul junto con las víctimas deseadas.
 
Cuando los asesinatos masivos se cometían contra la gente de Bosnia y Kosovo, la ONU exacerbó la situación. Srebrenica fue el escenario del peor caso de genocidio en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. En julio de 1995 las fuerzas serbobosnias invadieron una zona segura de la ONU –sin que los cascos azules ofrecieran oposición alguna–, separaron a las familias musulmanas y mataron más de 7.000 hombres y niños.
 
Y cuando el presidente Clinton intervino militarmente en Bosnia y Kosovo tuvo que hacerlo sin la autorización de la ONU.
 
La ONU se hizo la ciega cuando los terroristas de Al Qaeda secuestraron Afganistán. Cuando Somalia cayó en la anarquía la ONU negoció irresponsablemente con los señores de la guerra, que sólo tenían interés en arrebatar la ayuda internacional de la boca de los niños que se morían de hambre.
 
El ex responsable de Petróleo por Alimentos, Benon Sevan, en Bagdad (2002).Y luego, por supuesto, tenemos ese goteo permanente de revelaciones sobre el programa de la ONU en Irak Petróleo por alimentos, la estafa financiera más grande de la historia. En estos últimos días se ha cuestionado también hasta la imparcialidad que la propia ONU está llevando a cabo sobre este escándalo.
 
Por encima de todo esto están las revelaciones sobre los soldados de la ONU que han abusado sexualmente de niñas de sólo 13 años en el Congo.
 
Cuando se trata del terrorismo la ONU ha mostrado poquísimo interés. Al contrario, una resolución de la Asamblea General prácticamente da manos libres a la matanza de civiles por parte de cualquiera que diga representar "movimientos de liberación nacional".
 
¿Qué es lo que le preocupa a la ONU? Shashi Tharoor, un alto funcionario, dijo que hoy en día “la cuestión central de la política mundial”  bien pudiera ser "el ejercicio del poder por parte de América”.
 
¿No es hora ya de tomar en consideración, por lo menos, alternativas a la ONU, para explorar la posibilidad de desarrollar nuevas organizaciones en las que las sociedades democráticas puedan trabajar juntas contra enemigos comunes y por metas comunes?
 
El Irak libre podría ser un miembro fundador, así como el liberado Afganistán, la democrática Taiwán (excluida por Pekín de tener siquiera "estatus de observador" en la ONU), así como Israel, el perenne cabeza de turco de la ONU. Las democracias emergentes de la Europa del Este seguro que firmaban también.
 
Una pequeña competición podría venirle bien a la ONU, una organización cuyas políticas y prácticas actuales ridiculizan las intenciones de sus fundadores, una organización que los contribuyentes americanos quizá no queramos sostener y respaldar indefinidamente.
 
 
© 2005 Scripps Howard News Service.
© 2005 Traducción de Miryam Lindberg.

Clifford D. May es el presidente de la Foundation for the Defense of Democracies, un instituto político especializado en terrorismo.

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