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Los peligros de la nueva política europea hacia Cuba

Frank Calzón

A petición del Gobierno socialista español, la Unión Europea ha decidido levantar finalmente las simbólicas sanciones que había impuesto al régimen de Fidel Castro por el encarcelamiento de 75 demócratas y el fusilamiento de unos jóvenes que pretendían huir de la Isla en 2003. Ya se han reiniciado las visitas de alto nivel a La Habana, y el Gobierno español no ha dudado en calificar estas noticias como un éxito de su diplomacia. Ojalá sea así, y pronto veamos un arrepentimiento por parte de Fidel Castro y una mejora en materia de derechos humanos.

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Sin embargo, la larga experiencia nos hace pensar que esto no es sino otra maniobra del longevo Castro para seguir perpetuándose en el poder. Así lo piensan los disidentes cubanos dentro de la Isla y en el exilio, la oposición española, las organizaciones de derechos humanos y el ex presidente checo Václav Havel, que han caracterizado la victoria española como una forma de apaciguar al dictador.
 
En asuntos de política internacional como el cubano hay pocas victorias decisivas. Desde la propuesta de acercamiento al régimen de Castro impulsada desde Madrid se ha reabierto un amplio debate acerca de la naturaleza del castrismo y de la responsabilidad que las naciones democráticas –en particular, la Unión Europea– tienen al respecto. El resultado ha dado lugar a un cambio de política mucho menor de lo esperado por Castro.
 
Si el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, pensaba que el tradicional peso de la opinión de España en asuntos cubanos haría posible un cambio sin gran oposición, pronto descubriría su error.
 
Las negociaciones en el seno de la Unión Europea se prolongaron muchos meses: largas reuniones de expertos sobre América Latina, grandes debates entre los Gobiernos europeos, distintas opiniones en el seno de las instituciones y, finalmente, una reunión de ministros de Relaciones Exteriores en Bruselas.
 
La nueva política puede resumirse en lo siguiente:
 
– La UE dejará de invitar a los disidentes cubanos a las recepciones de sus embajadas en La Habana los días de fiesta nacional –las invitaciones se habían suspendido en noviembre–.  Sin embargo, los Veinticinco anunciaron que “desarrollarían unas relaciones más intensas y un diálogo político más regular con la oposición cubana.”
 
– Se reestablecerán los contactos de alto nivel diplomático, pero la UE continuará negando a Castro millones de euros en ayuda extranjera.
 
– Habrá una revisión de la política europea respecto a Cuba en el mes de junio; revisión  condicionada a una mejora en materia de derechos humanos.
 
Europa ha concedido un voto de confianza al régimen de Castro, e inevitablemente durante los próximos meses La Habana –y Madrid, como su principal valedor– se encontrarán bajo el escrutinio internacional. Queda por ver si Madrid consigue concesiones; particularmente después de que la UE pidiera la libertad “urgente” e “incondicional” de todos los presos políticos cubanos.
 
Mientras tanto, como sostiene la República Checa, la nueva política se revierte a lo que era antes de las sanciones del 2003: cada país decidirá cuándo y a quién invitar. Otros dicen que existe un acuerdo entre caballeros para actuar conjuntamente, pero Praga insiste en que si ése hubiera sido el caso hubiera vetado el acuerdo.
 
Václav Havel.Lejos de cerrarse, el debate en Europa sobre “el asunto cubano” va en aumento. Son muchos los que discrepan del nuevo rumbo que ha tomado la política de la UE. El Parlamento Europeo –el órgano más democrático de la Unión– se ha opuesto a las concesiones y pide la liberación incondicional de todos los presos. Los medios de comunicación más reconocidos en el Viejo Continente no han dudado en criticar la nueva política. El ex presidente Havel –uno de los símbolos europeos en la lucha contra el totalitarismo– ha sostenido que Europa debe defender sus valores democráticos y no apoyar a los dictadores. En España la opinión pública está fuertemente dividida, y el Gobierno de Zapatero se encuentra en la incómoda posición de defender que no ha aceptado el chantaje de Castro y que pronto se verán cambios tangibles como resultado de la nueva política.
 
A este debate se suma la reunión que, como cada año, la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas celebrará en Ginebra –donde las democracias europeas siempre han condenado la violación de los derechos humanos en Cuba– y la incansable acción de la oposición en la Isla, que ya ha anunciado una reunión para el 20 de mayo. ¿Permitirá el régimen la reunión?, ¿encarcelará a los activistas?, ¿cuál será la posición de Madrid y la UE?
 
Ante esta nueva perspectiva a veces es necesario repetir lo obvio: no hay un sustituto para el liderazgo norteamericano. El presidente George W. Bush ha reafirmado la firme decisión de su país de defender la libertad alrededor del mundo. La respuesta de Castro fue afirmar que George W. Bush parecía un loco durante la inauguración presidencial y  acusar a los europeos –que dos días antes habían tendido la mano al régimen de La Habana– de tratar a Cuba “como si estuviéramos condenados a muerte”. El mundo “observa cómo nos comportamos (...) Cuba no necesita ni a los Estados Unidos ni a Europa, Cuba no necesita ninguna ayuda”, agregó.
 
Castro no respeta los derechos humanos y no le importa el sufrimiento del pueblo cubano. Más allá de los gestos diplomáticos ocasionales, es dudoso que vaya a recibir ayuda de los Gobiernos europeos.
 
 
Frank Calzón, director ejecutivo del Center for a Free Cuba.

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