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Los siete botarates

El giro que pegó América Latina en los últimos años no es hacia la izquierda, como se pensaba, sino hacia el absurdo. El espectáculo de Lula, Chávez, Castro, Kirchner, Duarte Frutos, Vásquez y Evo Morales sería para morirse de risa si no fuera tan trágico para los pueblos que padecen sus desvaríos. Olvidando que ya terminó la Guerra Fría, los siete botarates han revivido una explosiva mezcla de populismo, nacionalismo, autoritarismo, antiamericanismo y proteccionismo, con un toque de leyenda.

Es un poco como en esas viejas tiras cómicas en las que los chiflados se abrazan y sonríen con la mayor compostura, exaltan la integración sudamericana, la ilusión bolivariana y la solidaridad socialista y al minuto, al menor descuido, uno de ellos le planta un soberano puntapié al otro. Vean, si no, el caso de Evo Morales con Lula y Kirchner, el de Chávez y Castro con Fox, el de Chávez con Toledo, el de Kirchner con Vásquez, el de Lula y Kirchner con Duarte Frutos.
 
Los siete necios impulsan el proyecto de gasoducto más grande y absurdo del siglo, desde Venezuela a Mar del Plata. El nuevo socialismo aguanta todo. Se abrazan y se llenan de retórica antiamericana hasta las lágrimas. Días más tarde, Morales, con el apoyo de Chávez y Castro, le aplica un doloroso puntapié a Lula con la nacionalización y ocupación militar de la estatal brasileña de petróleos, Petrobrás, y le informa de que toda su producción y sus activos serán expropiados.
 
Aún no repuesto de la humillación y la sorpresa, Lula trata de justificar en su país la decisión del camarada Morales. Los necios se reúnen luego a dialogar a puertas cerradas y concluyen satisfechos un acuerdo. Días más tarde, en la cumbre UE-Mercosur de Viena, Morales vuelve a practicar su patada en la humanidad de Lula, dejándole en ridículo en su calidad de primer líder sudamericano.
 
Morales muestra un profundo resentimiento contra Brasil, acusa a Petrobrás de contrabando y denuncia el robo del estado de Acre –un siglo atrás– por el Gobierno brasileño. No tiene intención –dijo– de pagar indemnización alguna por la toma de los activos de Petrobrás, que pertenecen al pueblo brasileño (1.500 millones de dólares). Si hay más quejas, la llave del gas puede cerrarse.
 
Néstor Kirchner y Hugo Chávez.El nerviosismo alcanza a España, con su empresa Repsol; a Inglaterra, con British Gas; a EEUU, con Exxon, a Francia, con Total Fina, y a Argentina, con Pluspetrol.
 
Chile tampoco olvida que Bolivia sigue reclamando la salida al mar que perdió en el siglo XIX, ni Paraguay que le ganó la guerra por el Chaco en 1932-35. Pero los necios no tienen fuerza moral. No dijeron nada cuando Morales se adueñó de la propiedad ajena, violando tratados y leyes, o cuando Chávez se lanzó contra Fox, financió la campaña de Morales y denostó a Perú y Ecuador en represalia por haber acordado estos países tratados de libre comercio con EEUU.
 
El Mercosur se ha vuelto el hazmerreír de la comunidad internacional. Un gran bloque de pobres donde uno pretende hacer negocios a expensas de otro. No obstante, sólo el 4% del comercio mundial lo realizan los países pobres entre sí. El 70% es entre países ricos, y el 26% entre ricos y pobres.
 
Vásquez ve que el proteccionismo es mayor entre países pobres y busca firmar un TLC con EEUU, el mercado más poderoso del planeta. Brasil y Argentina, los países más proteccionistas del mundo, se oponen.
 
En contra de toda lógica, los necios se cierran en sus bloques, con sus miserables mercados cautivos, o buscan el crédito y la limosna internacional, como Paraguay y Bolivia. Mientras el mundo avanza hacia la apertura de los mercados y la globalización, los necios desentierran las desgastadas doctrinas de la dependencia y la autarquía socialistas. Los países sensatos negocian un TLC con EEUU, en tanto los obtusos rescatan la xenofobia y el antiamericanismo arcaico.
 
El mundo observa perplejo cómo un continente rico se hunde bajo el peso del estatismo y su primogénita la corrupción. Pero los siete botarates no son los únicos culpables. El estatismo es alimentado por una multitud de intelectuales, empresarios protegidos y periodistas que odian el capitalismo. Los botarates son apenas el reflejo de pueblos que han olvidado las libertades individuales, sin las cuales la moral, el Estado de Derecho y la prosperidad son inalcanzables.
 
 
© AIPE
 
Porfirio Cristaldo Ayala, corresponsal de la agencia AIPE en Paraguay y presidente del Foro Libertario.

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