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ECONOMÍA

Mercantilismo y pobreza latinoamericana

El error más común que cometemos al tratar de establecer las causas de la pobreza es creer que en América Latina prevalece la economía de mercado, cuando la realidad es más cercana al mercantilismo, como el que existía en épocas de Luis XIV, quien dijo: "El Estado soy yo". Este mercantilismo o economía del privilegio está en el origen del atraso. Nuestros empresarios son más parecidos a los cortesanos de Luis XIV que a los empresarios de economías capitalistas dedicados a descubrir oportunidades, innovar e impulsar el crecimiento.

La diferencia entre la economía de mercado y la economía del privilegio está en que la primera hace más rentable las actividades productivas de los empresarios, mientras que la última hace más rentable las actividades improductivas, la corrupción, la evasión y la informalidad. Si bien ambos tipos de actividades son rentables, su resultado difiere radicalmente: la economía de mercado hace crecer y prosperar a los países, en tanto que la economía del privilegio conduce a la ineficiencia, el estancamiento y la corrupción.
 
En un sistema los empresarios ganan compitiendo, y en el otro mediante el privilegio, la coima y el amiguismo. Pero la culpa no es de los empresarios ni de la cultura o falta de "espíritu empresarial". La culpa es del sistema, de las reglas institucionales o lo que se conoce como "ambiente de negocio". Los empresarios mercantilistas no hacen fortunas compitiendo por ofrecer los mejores productos y servicios al menor precio, como en el mercado libre, sino organizando chanchullos con los gobernantes.
 
El sistema mercantilista, basado en el estatismo, reparte la economía entre monopolios estatales, empresariales y políticos en perjuicio de la gente. Los empresarios del grupo de poder consiguen subsidios, protecciones y todo tipo de privilegios, desde mercados cautivos hasta "fueros" para violar la ley. El resto de los empresarios pagan sobornos a los funcionarios e inspectores para evadir la ley o sortear las costosas y complicadas regulaciones. El cumplimiento de la ley se exige sólo a los adversarios.
 
En las economías de mercado, en cambio, el sistema institucional, basado en el estado de derecho, la justicia independiente, los derechos de propiedad seguros y las libertades económicas, hace más rentable a los empresarios dedicarse al descubrimiento de oportunidades comerciales y a la innovación productiva. Tanto el arbitraje –descubrimiento de oportunidades– como la innovación vuelven a las economías más eficientes, elevando la productividad y optimizando el uso de los recursos, que al incrementar la producción impulsan el crecimiento económico.
 
El exceso de regulaciones y las costosas barreras burocráticas del mercantilismo promueven el soborno y encarecen la producción, obligando a los empresarios de menores recursos a ignorar completamente la ley. Los pequeños empresarios no pueden legalizar sus empresas ni titular sus posesiones, y no tienen otra forma de trabajar que pagando coimas y pasando a formar parte del enorme sector informal o clandestino que abarca gran parte de la economía en la región. Mediante todas esas trabas, los políticos ponen a los empresarios a depender de sus decisiones.
 
La informalidad que afecta a los empresarios más pobres es el peor efecto del mercantilismo. Buena parte del costo de producción es la coima pagada a policías e inspectores deshonestos, políticos corruptos y malos jueces. Pero el mayor costo está en las leyes reglamentistas que impiden legalizar las pequeñas empresas y acceder a la propiedad. Una autorización para abrir un negocio que en Nueva York se consigue en un par de horas, en Paraguay lleva varios meses y requiere el pago de una decena de sobornos.
 
Cuando el sistema actual sea reemplazado por una economía de mercado, nuestros empresarios van a competir y volverse eficientes y productivos, estimulando el progreso. La economía de mercado se basa en un estado de derecho, con una justicia honesta y capaz de hacer cumplir la ley, derechos de propiedad bien definidos y seguros, ausencia de monopolios, libre comercio y transparencia. El privilegio, la coima y el amiguismo no crean un ambiente sano de negocios, sino un ambiente de negociados que enriquece a unos pocos a costas de la pobreza general.
 
 
© AIPE
 
Porfirio Cristaldo Ayala, corresponsal de AIPE en Paraguay y presidente del Foro Libertario.

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