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IBEROAMÉRICA

México, al rojo vivo

En 1994 México estaba al borde del colapso: los zapatistas se levantaban en armas en el estado de Chiapas, la devaluación del peso de diciembre sacudía la economía y el Partido Revolucionario Institucional (PRI) entraba en crisis, en medio de asesinatos, corrupción y desatinos. Diez años después, la situación era irreconocible. Por lo menos hasta hace poco…

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Hoy México goza de una envidiable tranquilidad macroeconómica, la transición política del monopolio del PRI a un sistema de competición entre partidos se llevó a término de forma pacifica y se han llevado producido incipientes pero importantes reformas de mejora social. No obstante, todavía hay mucho por hacer. Esta magnifica estabilidad no es suficiente en un mundo cada día más globalizado.
 
México está entrando en una "segunda fase" de reformas, que han de enfocarse en mejorar el desempleo, la desigualdad de ingresos en la población, la reforma fiscal, los problemas demográficos, la emigración y la mejora del nivel educativo de la población. Tiene que seguir insistiendo en el principal objetivo de la primera fase: la  liberalización política y económica, pues la tarea no está terminada. En definitiva, si quiere beneficiarse de su privilegiada situación geográfica deberá ser mucho más competitivo. La necesidad de reformas es real e inmediata.
 
Desafortunadamente, al presidente Vicente Fox (2000-2006), del Partido de Acción Nacional (PAN), le ha faltado la astucia necesaria para mover las cosas. La democracia mexicana esta todavía muy verde, y el nuevo juego de acuerdos y compromisos políticos precisa cierto tiempo para madurar. Sin embargo, el país no puede esperar. En el pasado, Fox se hubiera podido apoyar en la máquina político-estatal del PRI para conseguir apoyo a la hora de liberalizar los diferentes sectores económicos. Hoy el juego es diferente.
 
Vicente Fox.Fox tiene que convencer al pueblo de la necesidad de las reformas. Para eso se requiere liderazgo, y, según los expertos, ésta es precisamente una de sus principales faltas. Haber sido presidente de la Coca Cola en México no necesariamente le capacita para tejer las alianzas políticas indispensables para ejecutar un programa económico y social moderno. Dicho esto, la tarea no es fácil, y ahora ya es casi demasiado tarde para Fox. El país ya mira a las elecciones, y el juego sucio preelectoral ya ha comenzado.
 
Es en estas circunstancias de fragilidad política, y en espera de las elecciones generales de 2006, que el caos político se ha apropiado de la escena. El popular alcalde de la ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador ("Amlo"), del izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD), uno de los candidatos con más opciones para ganar la Presidencia, ha visto truncada su candidatura. Por una falta que los expertos consideran menor, ha perdido su inmunidad parlamentaria y está en espera de juicio, incapacitado, así, para concurrir a los comicios. La reacción de su partido al desafuero ha sido contundente: México, dice, está sufriendo un "golpe de estado".
 
¿Cómo hemos llegado a esta situación? Las elites económicas y políticas mexicanas creen que López Obrador es un demagogo peligroso que puede poner en peligro los logros económicos conseguidos y volver a las políticas antimercado, a las expropiaciones, a la deuda…
 
El PAN y el PRI están actuando bajo la consigna de "cualquiera menos Obrador". Nunca antes habían estado tan unidos. Los riesgos son muchos. Las maniobras para destruir a aquél están introduciendo tensión en la democracia mexicana. El temor que se respira en el ambiente es que las elites, por querer salvar su México de la izquierda, puedan acabar con el sistema que ellas mismas crearon.
 
No obstante, el peligro de López Obrador es real. A raíz de su nueva situación legal, su demagogia se ha radicalizado. Se le está viendo una cara más agresiva, desconocida hasta la fecha. Es como si se hubiera quitado la careta. Masas de miles de seguidores enfadados se manifiestan en las calles para mostrarle su apoyo.
 
Mientras, los mercados miran con preocupación la nueva situación: la bolsa de México ha caído más de un 15% en las últimas semanas. Afortunadamente, los cimientos económicos son sólidos, pero la historia azteca, ya desde la noche triste, nos recuerda la fragilidad con que se puede torcer cualquier situación aparentemente estable.
 
Si Fox no ha sido capaz de llevar a buen puerto las reformas pendientes no ha sido por falta de voluntad, sino por incapacidad política. En cambio, Obrador carece de la voluntad para llevar a término reforma alguna; en caso de que se alzara con la victoria estaríamos ante seis años más de parálisis reformista. Un lujo que México que no se puede permitir.
 
López Obrador.Por ejemplo, Pemex, la gigantesca corporación estatal petrolera, está anquilosada por los altos impuestos y la excesiva burocracia interna. Los analistas concuerdan en que sería necesaria su privatización, aunque fuera parcial. Precisa agilizar su estructura  y generar los recursos suficientes para modernizar su infraestructura y aumentar la producción.
 
El petróleo en México ha sido más una maldición que otra cosa: el Estado haría bien en dejarlo en manos privadas, pero éste es un tema de incandescencia política. Obrador es un abanderado de mantener el statu quo; entra, así, en conflicto directo con el Fondo Monetario Internacional: Rodrigo Rato recalcó la necesidad de que el país continúe con "las reformas estructurales, la reforma fiscal y la liberalización del sector energético y de otras industrias".
 
Todos los esfuerzos por privatizar han fracasado. Miles de intereses se cruzan, e imposibilitan cambio alguno. El pueblo demandará la liberalización del sector energético sólo si la economía crece y se registran restricciones.  
 
Pero la gran asignatura pendiente es la reforma fiscal, que según Fox "permitiría crecer en estos momentos a tasas superiores al 5% anual y daría los recursos para cumplir con las demandas y necesidades del país". La recaudación fiscal de México se sitúa alrededor del 12% del Producto Interno Bruto (PIB), muy inferior a la tasa de otros países: Brasil llega al 28%, y la media de naciones de Europa, Norteamérica y Asia se sitúa en porcentajes superiores.
 
México, quinto productor mundial de petróleo, se ha beneficiado de los altos precios de éste para obtener ingresos extraordinarios, que van a parar a las arcas del Estado. Pero esto es una situación coyuntural, y no debería ser la base del presupuesto.
 
El país está en un momento clave de su historia. Si no se permite participar a Obrador en las presidenciales de 2006 el sistema puede entrar en una espiral destructiva que podría destrozar muchos de los logros conseguidos hasta la fecha. Si participa y gana, todo queda en limbo. Son muchos los retos y las necesidades.
 
¿Podrá la nueva democracia capear el Huracán Obrador? Tenemos un año para verlo, poco más.
 
 
Martín Zendrera, analista de Economía y Relaciones Internacionales.
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