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Por mal camino

El debate público suele verse influido por la opinión popular del momento, aun cuando ésta no sea la más adecuada para lograr un mayor beneficio para todos. La lucha política se centra en ganar la atención de las mayorías, y así se fija una agenda alejada de las posibilidades reales. El subdesarrollo se explica en parte importante por esta dinámica.  

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Es fácil invocar el espíritu nacionalista y hacer proclamas de supuesta independencia para asegurar mayorías momentáneas. Hoy, la Argentina se aleja todavía más del desarrollo al apropiarse sin pago previo y siguiendo procedimientos heterodoxos de YPF, una importante compañía petrolera por la que Repsol pagó cerca de 15.000 millones de dólares.

La interdependencia en lo relacionado con el comercio, la inversión y el movimiento de personas e ideas, a pesar de no ser intuitiva, es clave para el progreso... y una realidad desde los albores de la civilización. Barcos de la época de Tutankamon hundidos en el Mediterráneo llevaban a bordo productos de, al menos, 12 culturas. Ya entonces la autarquía era una utopía, y en el mundo actual es impracticable.

Cuando la producción de petróleo y gas estuvo en manos privadas, en los noventa, Argentina alcanzó las mejores cifras de su historia en ambos rubros. Antes de privatizarse, YPF tenía una plantilla diez veces superior, sus reservas caían de continuo y sus pérdidas eran millonarias. Desde el 2000, el intervencionismo en el sector, que por supuesto afectó a los precios, tuvo por efecto la carestía de gas en uno de los países con mayores reservas del planeta, la importación de energía a unos precios elevadísimos y el incumplimiento de contratos. La expropiación no resolverá estos problemas y a largo plazo tendrá consecuencias negativas, que pagará el pueblo argentino.

En Chile vivimos una situación parecida, si bien menos grave. Estudiantes con pésimos métodos y malas propuestas impusieron en nuestra sociedad la idea de que mejorar la educación es tarea fácil y sin costo alguno. Las propuestas de desmunicipalizar, coartar la libertad educativa, nacionalizar, etc., no responden a un diagnóstico de lo realizado y lo pendiente de realizar y van en contra de lo que se ha demostrado exitoso.

Desgraciadamente, los líderes políticos se han dejado llevar por la corriente y hoy vemos que el Ejecutivo propone una reforma tributaria que no estaba en su programa y la enlaza con cambios en el terreno de la educación.

No existe o no se ha hecho público un análisis desde el enfoque correcto. Si se quieren hacer cambios en la cuestión tributaria, se debe estudiar en qué ayudarían a nuestro crecimiento a largo plazo y tener un diagnóstico de la situación fiscal. La bonanza externa, debida en particular al cobre, no debiera nublar la vista de las debilidades a largo plazo. Cuando menos, debemos aumentar nuestra inversión en cinco puntos del producto, y como ya nuestra posición externa es deficitaria, ello debería venir del ahorro interno. Las empresas no gastan, sólo ahorran, emplean e invierten, y una subida de impuestos no ayudará a los chilenos ni a la educación. Las cifras fiscales no han sido bien aclaradas, existen aumentos de recaudación muy por encima de las estimaciones de las autoridades. Ello, unido al aumento del gasto público desde el 2008 (casi cinco puntos del producto), indicaría que lo que se piensa recaudar más bien tiene como objeto cubrir gastos nuevos, como el Transantiago, o afrontar mayores costos, como en Codelco.

Desgraciadamente, los impuestos que suben será difícil bajarlos luego, mientras que la experiencia demuestra que los que bajan se suben fácilmente. Se crea un nuevo concepto, el de impuestos verdes, que soportarán productos tan variados como las pilas, las ampolletas, las baterías y los neumáticos, debido a las supuestas externalidades negativas que tendrían en lo relacionado con la contaminación. El precedente es grave. No hay un estudio que mida externalidades negativas y positivas y sirva de base para la propuesta, pero se abre una puerta para opinar livianamente y proponer impuestos que frenen el progreso.

Es difícil discrepar con la marea cuando parece muy fuerte. Pero si no modificamos nuestro enfoque, el costo lo pagarán los pobres que menos han avanzado.

 

© El Cato

HERNÁN BÜCHI, exministro de Hacienda de Chile.

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