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Ron Paul y los judíos

El pasado 26 de octubre la Coalición de Judíos Republicanos (RJC) hizo pública la lista de invitados al debate que auspiciaría en noviembre. Estaban todos los aspirantes a hacerse con la candidatura del Partido Republicano para las presidenciales de 2008: Rudy Giuliani, Mitt Romney, Fred Thompson, John McCain, Sam Brownback y Mike Huckabee. Todos... menos el congresista Ron Paul.

La RJC arguyó que las posiciones antiisraelíes de Ron Paul eran inadmisibles para una organización proisraelí y judía. Ciertamente, en tanto que liberal, las ideas de Paul pueden parecer de todo menos ortodoxas. Así, aboga por el aislacionismo y el no intervencionismo, y está radicalmente en contra de que Estados Unidos proporcione ayuda al resto de naciones del planeta, Israel incluida.
 
Esto es lo que le ha llevado a Paul a granjearse el odio de la mayoría de la judería norteamericana. No pocos le han tildado de antisemita. Al margen de que las ideas de este congresista nos agraden más o menos, calificarle de antisemita o antiisraelí es una grave afrenta a su dignidad y una acusación que no se corresponde con la realidad de los hechos. Y es que no ha proferido declaración alguna que le haga merecedor de tales calificativos. Más bien al contrario: Paul considera que lo mejor que puede hacer Israel para defender sus fronteras es, precisamente, prescindir de la ayuda norteamericana.
 
"Hemos adoptado una política exterior que (...) socava la soberanía de Israel, [pues] exige que sus políticas exterior y de defensa sean previamente aprobadas por Washington", ha llegado a afirmar. "Estados Unidos debe hacerse cargo de su soberanía y, al mismo tiempo, respetar la de países como Israel. Ésta es la mejor manera de preservar la seguridad y la prosperidad de todos".
 
Por cierto: Paul fue uno de los pocos que aprobaron el ataque israelí contra el reactor nuclear de Osirak (1981); en aquel entonces prácticamente todo el mundo –incluida la Administración de Reagan– condenó a Israel.
 
Sigamos con las declaraciones antisemitas de Paul. El siguiente párrafo está tomado de un artículo que publicó en enero en la página de Lew Rockwell:
La mayoría de los países de Oriente Medio reciben dinero nuestro, dinero que en no pocas ocasiones va a parar a las manos de los terroristas palestinos (...) Mientras nos proclamamos estrechos aliados del pueblo israelí, todos los años mandamos miles de millones de dólares en concepto de ayuda externa a Estados musulmanes que Israel considera enemigos. Desde el punto de vista israelí, muchos de esos países islámicos que mantenemos con nuestros impuestos quieren destruir el Estado judío.
Durante la última guerra del Líbano, Paul votó en la Cámara de Representantes en contra de una resolución que condenaba a Hezbolá y apoyaba a Israel. Y explicó como sigue por qué había adoptado tal posición:
En materia de asuntos exteriores sigo una política no intervencionista. No creo que Estados Unidos gane en seguridad involucrándose en conflictos exteriores. La Constitución no nos autoriza a ser los policías del mundo, y mucho menos a tomar partido por uno u otro bando en conflictos extranjeros.
¿Puede deducirse antisemitismo o antisionismo de estas declaraciones? Rotundamente, no. Lo que Paul está defendiendo es una postura aislacionista perfectamente legítima. Su actitud no responde a cliché antisemita alguno. Paul es contrario a la ayuda a Israel no porque considere a los judíos unos pérfidos genocidas del pueblo palestino, ni porque sea un acérrimo antisionista contrario al derecho de Israel a existir, ni, menos aún, porque simpatice con el terrorismo palestino, sino por motivaciones profundamente ideológicas que responden a un ideario netamente liberal.
 
Paul está en contra de que los americanos subvencionen con sus impuestos a los israelíes... y a los egipcios, a los saudíes, a los taiwaneses... A diferencia de los judeófobos, Paul no tiene obsesión alguna con el Estado judío; en todo caso, estaría tan obsesionado con éste como con cualquier otro Estado. Es más, su política puede resultar beneficiosa para Israel en no pocos aspectos, como sostienen, por ejemplo, Walter Block y Shmuel ben-Gad (ambos son judíos). De hecho, hay grupos de judíos y sionistas que apoyan a Paul, y no por ello dejan de ser menos simpatizantes del Estado de Israel. Veamos, por ejemplo, lo que dicen los chicos de Jews 4 Ron Paul:
Los sionistas apoyamos la existencia de un hogar judío. Esto no significa que debamos apoyar también los subsidios que nuestro Gobierno otorga a Israel (…) Uno puede ser sionista y apoyar el principio de no intervencionismo en política exterior que defendieron nuestros Padres Fundadores.
Exacto. Definitivamente, Ron Paul no tiene ningún problema con los judíos. Y los judíos tampoco deberían tenerlo con él.
 
 
JOSÉ COHEN, autor de la bitácora Desde Sefarad.

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