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CARTAS DE ULTRAMAR

Uruguay y Argentina, ¿hacia un acuerdo?

Las plantas de celulosa que piensan instalarse en Uruguay: la finlandesa Botnia y la española Ence, han llevado a este país a una tensa relación con la Argentina. Se está al borde de un conflicto histórico, y los gobiernos parecen no encontrar una salida.

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Por un lado, como se sabe, piqueteros ambientalistas argentinos han cerrado los puentes hacia Uruguay. Los han bloqueado. Hay cientos de camiones detenidos, y se impide el pasaje de turistas que desean viajar a Uruguay, incluso el de personas que viven o trabajan de un lado u otro. Gualeguaychú, frente a Río Negro, a instancias del gobernador argentino Jorge Busti, ha movilizado agresivas agrupaciones ambientalistas, y cuando les ha pedido que suspendan ciertas actividades le han dado la espalda.
 
Uruguay vio disminuida extraordinariamente su temporada turística a raíz de esto. Cincuenta mil argentinos quedaron sin llegar a playas de Uruguay, en especial a Punta del Este. El presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, escribió a mediados de febrero una carta personal a su homólogo argentino, Néstor Kirchner, en la que solicitaba la apertura de los puentes por parte de los piquetes. La carta no fue respondida.
 
Luego, el primer mandatario argentino dio intervención al Parlamento de su país, y allí se dijo que no quedaba otra alternativa que plantear la cuestión al Tribunal de La Haya. Las autoridades uruguayas estuvieron de acuerdo, destacando que lo hacían en el entendido de que se respetaría el fallo.
 
Y todo quedó por allí. Porque hasta ahora los informes presentados demuestran, contra lo que sostienen los ambientalistas de Argentina, que las tecnologías que se aplicarán en ambas plantas de celulosa son las más modernas (algunos de sus parámetros regirán en Europa en 2007), pero los argentinos insisten en que se contaminará el río Uruguay.
 
Néstor Kirchner.Ahora, en oportunidad de la asunción de Michelle Bachelet como presidenta de Chile, y contrariando informaciones que se dieran tanto en Uruguay como en Argentina, se reunieron en Santiago los presidentes Vázquez y Kirchner, en dos oportunidades. Y llegaron a un acuerdo: solicitar a las compañías que suspendan por noventa días la construcción de las plantas de celulosa –para que expertos internacionales analicen todos los aspectos del impacto ambiental de tales emprendimientos–, y a los ambientalistas, que levanten los cortes en todos los puentes y permitan el libre tránsito.
 
Esto se conoció el sábado por la tarde, cuando ambos mandatarios, en Chile, lo hicieron saber a la prensa internacional. Kirchner dijo que se trataba de gestos de buena voluntad por parte de ambos presidentes.
 
Los primeros en responder fueron los piqueteros de Argentina, señalando que deberán decidir, en asambleas, si cortan o no el paso en los puentes, porque muchos de los camiones detenidos llevan materiales para la empresa finlandesa Botnia. En cuanto a las empresas, en el momento de redactar esta carta ultramarina, no han tomado aún resoluciones, aunque ha trascendido que la española Ence estaría dispuesta a detener sus obras si se ofrecen seguridades jurídicas.
 
¿Y ahora? Como se trata de peticiones, se corre el riesgo de que no sean atendidas. Si ello ocurriera, se ingresaría en una situación por demás compleja. Y ello demuestra cómo un grupo de personas puede aislar un país, creando un peligroso e insólito precedente. La cancillería del izquierdista Gobierno de Uruguay se ha mostrado tan ineficiente como la de Argentina. Se necesita oficio, sabiduría y vasta experiencia en asuntos internacionales para poder negociar esta compleja situación, que no deberá quedar restringida solamente a plantas de celulosa y corte de puentes, sino abrirse a diversos temas comunes, que permitan, al fin, un entendimiento global.
 
Hay quienes, al menos en Uruguay, añoran a los antiguos expertos en temas internacionales de los partidos Blanco (liberal) y Colorado (socialdemócrata), que se encontraban al frente de los gobiernos pasados.
 
Veremos qué respuesta reciben esta semana los presidentes rioplatenses. Ojalá sean escuchados, mientras quedan aún deshilachados puentes colgantes.

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