Exteriores
Noticias y opinión en la red
IBEROAMÉRICA

Venezuela dijo no al socialismo

Según los datos del Consejo Nacional Electoral, el 51,1% de los votantes dijo no a la reforma constitucional promovida por Hugo Chávez. Nueve horas después del cierre de las urnas, cuando aceptó por fin que no tenía la mayoría, el caudillo dijo que el de la oposición había sido un "resultado pírrico". La referida reforma, que hubiera conducido a Venezuela a un modelo autoritario similar al de los países comunistas, ha quedado arrumbada. "Por ahora", como se encargó de destacar el presidente.

Algunos comentaristas y diplomáticos se han esforzado en destacar las cualidades cívicas de Chávez, como si su aceptación de la derrota significara que nos encontramos ante un auténtico demócrata, ante una persona respetuosa de la ley. Lo cierto es que los hechos que conocemos apuntan en una dirección muy distinta: Chávez, en febriles reuniones con su comando de campaña y con el alto mando militar, habría aceptado el resultado desfavorable a su propuesta luego de que las presiones se hicieran muy intensas y de que el general retirado Raúl Isaías Baduel amenazara con publicar los resultados reales del referéndum. La negociación incluyó, según fuentes confiables, la alteración de los datos finales de la consulta, que en realidad indicaban que la derrota del caudillo había sido mucho mayor, de unos 10 ó 12 puntos porcentuales, lo que representaría algo así como un millón de votos de diferencia a favor del no.
 
A los ilusos que quedan aún, dentro y fuera de Venezuela, cabría entonces preguntarles: ¿es un demócrata quien debe ser presionado por el Ejército y la ciudadanía para reconocer que ha perdido una elección? ¿Cómo calificar a quien propone desde el poder, abusando de todos los recursos posibles, una Constitución de cuño netamente totalitario y que incluye la reelección indefinida del gobernante? ¿Qué confianza se puede tener en un organismo electoral que, con los más sofisticados recursos electrónicos, tarda largas horas en dar los resultados de una elección sencilla y acepta la prohibición del presidente de entregar las cifras hasta que él no lo apruebe?
 
Lo importante para el futuro de Venezuela no es desenmascarar a un régimen ya suficientemente conocido por sus abusos, sino que, por fin, y gracias a una apropiada combinación de circunstancias, pudo detenerse la escalada de quienes pretenden imponer al país la más opresiva forma de socialismo. En la derrota de Chávez fueron decisivas lo exagerado de sus propuestas –que suscitaron un fuerte rechazo incluso entre sus partidarios–, la movilización, fresca y auténtica, de un valiente movimiento estudiantil y la convicción –en la ciudadanía y en las Fuerzas Armadas– de que se estaba avanzando por un camino sin retorno que llevaba a la completa extinción de la libertad.
 
Queda ahora, después de este feliz episodio, una tarea ardua y compleja para la oposición venezolana, pues el régimen ha sido derrotado sólo momentáneamente y las amenazas autoritarias de ningún modo han desaparecido. La oposición debe aprovechar la coyuntura política que marca este declive de Chávez para insistir en que se retorne a la plena democracia y en que se reduzca decisivamente el poder del Estado omnipotente, que hoy oprime al país. Debe dejar bien claro que Venezuela no quiere el socialismo y que ha de recorrerse la senda que transitan las naciones exitosas.
 
La delicada situación económica por que atraviesa el país, debido al largo reinado chavista, permitirá al pueblo comprender que se ha estado siguiendo un camino equivocado y que debe rectificarse el rumbo. Y es que la política económica de Chávez está vaciando los estantes de los supermercados, produciendo una inflación del 20% (o superior) y cebando la pobreza.
 
Esperemos que la oposición, estimulada por este triunfo, se una alrededor de una firme demanda en pro de la recuperación de la libertad.
 
 
© AIPE
 
CARLOS SABINO, doctor en Ciencias Sociales y profesor de la Universidad Francisco Marroquín.