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Yihad en Fráncfort o el fenómeno del terrorista solitario

El pasado día 2, el musulmán albanokosovar Arid Uka asesinó a dos miembros de las Fuerzas Aéreas norteamericanas en el aeropuerto de Fráncfort. "Lo hice por Alá", explicó.

Como suele ocurrir, en un primer momento se trató de desvincular el crimen del terrorismo. El ministro del Interior del estado federado de Hesse, Boris Rhein, enseguida dijo que no había indicios de que lo sucedido fuera un ataque terrorista. Pero en cuanto se empezaron a conocer los pronunciamientos abiertamente yihadistas de Uka hubo de rectificar. Sea como fuere, esa primera reacción suya, basada en el rechazo a asumir la realidad, es harto ilustrativa de la manera en que los Gobiernos y las fuerzas del orden occidentales afrontan el fenómeno de la Yihad.

¿Qué será un ataque terrorista para las esclarecidas mentes progresistas a lo Rhein? ¿Tiene el asesino que anunciar que va a perpetrar un ataque terrorista antes de abrir fuego? ¿Habrán de llevar encima el carné de Al Qaeda?

En el caso que nos ocupa, parece que Uka actuó en solitario, lo que ha llevado al analista de seguridad Bernd Georg Thamm a advertir:

Estamos ante una nueva clase de terrorista, el lobo solitario. Los expertos en terrorismo llevan tiempo temiendo esta posibilidad, que ahora se ha convertido en realidad. [El de Uka] no será el último caso.

Sea como fuere, aun cuando quede meridianamente claro que Uka actuó en solitario, lo cierto es que su forma de interpretar el Corán dista mucho de ser excéntrica en el mundo islámico. Casi diez años después de que Mohamed Atta y sus secuaces atacaran las Torres Gemelas por amor a Alá, seguimos sin ver el menor esfuerzo sostenido por parte de los proclamados musulmanes pacíficos, en Estados Unidos o en cualquier otro lugar del mundo, destinado a sacar de su error conceptual a sus hermanos en la fe empeñados en sacar adelante su programa supremacista y totalitario. Un esfuerzo así no debería ser opcional o accidental: si no lo acometen, el compromiso de estos sedicentes moderados con los Estados Unidos y su Constitución puede y debe ponerse en duda.

Entre tanto, los analistas siguen debatiendo si a Uka hay que llamarle terrorista o no. Por mí, como si le quieren llamar cantalupo. El verdadero problema está en que, en cualquier tiempo y en cualquier lugar, cualquiera puede leer el Corán y llegar a las mismas conclusiones que Uka. He aquí la clave del fenómeno terrorista solitario que nadie quiere afrontar. Si los funcionarios estadounidenses fueran realmente serios en materia de prevención del terrorismo, abordarían esta cuestión de frente. Igual que las organizaciones islámicas que se tomen verdaderamente en serio el patriotismo y la lealtad a los Estados Unidos.

Nada más conocerse el crimen de Fráncfort, Barack Obama declaró:

Quiero que todo el mundo entienda que no vamos a escatimar esfuerzos a la hora de saber cómo se produjo ese hecho indignante, y que trabajaremos con las autoridades alemanas para garantizar que todos los autores sean llevados ante la justicia.

Pero, claro, si Uka se torna un pío, devoto musulmán que lee el Corán y lo cita para justificar que los musulmanes tienen el deber de luchar contra los infieles, Obama no llegará hasta el final. No importa cuántos mahometanos armados griten "Alá es grande" a la hora de abrir fuego contra no musulmanes, pues la línea dogmática ha sido ya trazada: los analistas de las cúpulas militares y de los servicios de inteligencia de Estados Unidos y Europa consideran que el islam es una religión de paz que ha sido secuestrada por una minoría de extremistas, lo cual les libera de estudiar a fondo el sistema de creencias del enemigo con vistas a articular formas eficaces de combatirlo.

Es de todo punto necesario establecer un debate público y honesto acerca de los elementos del Corán y la Zuna (dichos y hechos de Mahoma) que los yihadistas utilizan para justificar su violencia y su ideología supremacista. Si son tan moderados como dicen, lo que tienen que hacer los líderes islámicos en América es explicar cómo van a enseñar a sus correligionarios a rechazar esos elementos del islam en beneficio de los principios de igualdad y dignidad y de los derechos de todo ser humano, hombres como mujeres, musulmanes como no musulmanes. Y, ya puestos, deberían acompañar la teoría con la práctica.

Sólo entonces podremos hacer frente al fenómeno encarnado en Arid Uka. Pero mucho me temo que podemos esperar sentados...

 

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