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Columna publicada el 05-10-2003
El despido de Hierro y Del Bosque provocó las primeras críticas generalizadas a Florentino, más entre periodistas que entre aficionados y quizás por la notoria incapacidad del club para explicar su comportamiento más que por el hecho en sí de no renovar el contrato a un central que vivía su ocaso bajo los pitos del Bernabéu y a un entrenador que junto a una sabia mano izquierda para apacentar estrellas futbolísticas había mostrado también un indudable debilidad ante los jefes del vestuario, Hierro y Raúl. El defensa había provocado, según opinión generalizada, el temporal ostracismo de Casillas en beneficio de César, cuando nada justificaba que el jovencísimo héroe de Glasgow, ídolo de la chiquillería y orgullo de la cantera, cediese la titularidad. Luego la recuperó y Del Bosque ya no volvió a "rotar" a los jugadores, costumbre que en Madrid se circunscribe a tres o cuatro puestos del equipo, no más. Casillas, Salgado, Roberto Carlos, Beckham, Figo, Raúl, Zidane y Ronaldo juegan si están en condiciones de hacerlo. Los seis últimos, sin discusión. Por eso lo de Casillas fue tan injusto.
Pero la clave, a mi juicio, estuvo en que al producirse la rebelión abierta del vestuario contra la directiva, el entrenador no respaldó al Club sino que, de forma algo más que tácita, apareció frente a Valdano y Florentino y junto a Hierro y Raúl en lo que fue un acto de disciplina intolerable en cualquier club pero mucho más en el Real Madrid. Que a Del Bosque querían echarlo tras la eliminatoria de la Copa de Europa era bastante evidente y él no se privó de anunciar que veía o intuía difícil la renovación. Que Del Bosque no merecía quedarse después de su comportamiento en la crisis es igualmente claro. Lo de Hierro lo adivinó todo el mundo. Lo de Del Bosque, aunque se deducía fácilmente de los acontecimientos (el entrenador nunca obligó a los jugadores a cumplir sus compromisos con el club y con la afición) no se atrevió a explicarlo el Madrid, y cuando lo hizo, fue contraproducente. En rueda de prensa, un director general dijo que el estilo de Del Bosque era anticuado, a lo que de inmediato respondió Valdano diciendo que el que decidía acerca del estilo de juego y de entrenamiento era él. Como acto de autoridad, muy tardío. Y como forma de atajar una estupidez, insuficiente.
La hostilidad de la Prensa
Probablemente en ese minuto lamentable de una penosísima rueda de prensa se decidió la hostilidad de buena parte de la prensa deportiva hacia Florentino y Valdano. Meses después, el buen juego de Beckham y dos soberbias exhibiciones "galácticas" ante el Valladolid y el Olympique de Marsella, acallaron las críticas, pero los argumentos siguen ahí, en la calle y en la grada, en las redacciones y en la barra del bar. Del Bosque se ha convertido en el símbolo de la cantera, en el hombre bueno de la casa maltratado por los nuevos ricos, españoles o extranjeros. Vicente es la esposa legítima, preterida por la amante, "la otra", más joven, más guapa y con más mundo, pero nunca de fiar y , a la postre, muchísimo peor. Por otra parte, ¿no era la política de Florentino, según Valdano, la de "Zidanes y Pavones"? ¿Qué mayor "pavón" que Del Bosque?
A mi juicio, en la crisis Florentino hizo lo único que podía hacer. Está, o debería estar, fuera de duda que si hubiera que elegir entre la cantera y las estrellas (elección innecesaria y absurda, pero en esos términos se produjo y se mantiene el debate) lo esencial del Real Madrid son las estrellas, nunca la cantera. Todos los grandes clubes, los medianos y muchísimos pequeños de todo el mundo tienen su "cantera". Todos los grandes producen muchos y buenos futbolistas cada temporada y periódicamente, de forma irregular, se producen "quintas" o promociones brillantísimas. Pero una cosa es forjar grandes jugadores y otra mantener el nivel de juego del primer club del mundo.
Entre Hierro y Beckham o entre éste y Makelele no cabe discusión, siempre desde el punto de vista del tipo de Club en que se ha convertido el Real Madrid. Entre Raúl y el fichaje de cada año, tampoco, aunque al madrileño le cueste meses recuperarse de cada aterrizaje estelar. Sin embargo, en plena resaca de la crisis Hierro-Del Bosque se produjo una serie de fracasos de la dirección deportiva del club (incapacidad de fichar a un central de garantías, la sustitución de Del Bosque por el más gris Queiroz) que produjeron la impresión de que Florentino sabía ser duro con las insubordinaciones domésticas pero era poco exigente con los errores de cálculo, que los errores que le perdonaba a Valdano (el de Milito muy señaladamente) no se lo había perdonado a Del Bosque. Y que el dinero que había para cosas tan brillantes como el fichaje de Beckham no lo había para cosas tan necesarias como fichar a Ayala o mantener a Makelele.
¿Cómo se explica esa contradicción entre el dinero que sobra para marcar goles y el que falta para que no los marque el contrario? ¿Cómo se entiende que se refuerce el ataque con Beckham mientras el centro de la defensa lo forman Pavón y Raúl Bravo? ¿Cómo puede mantenerse tan distinto trato a los zidanes y a los pavones, si, al final, los partidos los ganan o los pierden juntos? ¿Por qué todo es volcarse hacia fuera sin hacer caso a los de dentro? ¿Cómo se explica el absurdo proceder de Florentino en el "verano asiático" del 2003?
El dinero, única explicación
Probablemente, por dinero. La gente más cercana a Florentino está convencida de que si el Madrid ha vendido todos los jugadores que ha podido, ha cedido los que no ha podido vender y, con la excepción de Beckham, ha cerrado a cal y canto la puerta a nuevos fichajes, si no ha comprado a cualquier precio un central ni ha aceptado el órdago de Makelele es porque las cuentas se podían desequilibrar peligrosamente. Y como Florentino está decidido a seguir cuatro años más (de irse, tal vez hubiera sido menos estricto) no quiere arrostrar la posibilidad de un fracaso deportivo, siempre posible, y además la entrada en pérdidas, hipótesis ésta rechazada por él mismo y sustentada en el saneamiento financiero del club tras vender la Ciudad Deportiva. No salían los números y Florentino estaba dispuesto a superar una rebelión de futbolistas nacionales en el vestuario pero no un motín de los agentes nacionales o extranjeros de "zidanes", de "pavones" y de la llamada "clase media", los Solari, Salgado y demás.
Claro que, si el marcador no acompaña, los socios se rebelarán y todo se lo reprocharán a Florentino en clave de legitimidad, siguiendo el guión de la "reacción castiza" en el caso Hierro-Del Bosque. Quizás, mientras el Real Madrid no sea una sociedad anónima y la aprobación de la gestión dependa tan directamente del referéndum de los socios, es imposible que nadie, ni siquiera Florentino, pueda resolverla. Lo cual, probablemente, es lo único que no hubiera disgustado a Bernabéu.

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