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El Régimen de Medianoche

Amputación política y anestesia mediática

Los principales rasgos del nuevo régimen prisoico, construido sobre los escombros del aún legal pero apenas vigente régimen constitucional de 1978, son dos: la traición y la oscuridad. En la oscuridad más absoluta, en las tinieblas más negras que haya conocido nuestra política desde hace muchos años, se ha consumado la traición a España del que juró ser el primero en defenderla, el presidente del Gobierno. Porque lo que desde la medianoche del 21 de enero de 2006 ha puesto en marcha el inquilino monclovita es ni más ni menos que el mecanismo de relojería que debe provocar la voladura controlada del régimen y la liquidación de la Constitución por su base, que es la Nación española. Si fuera para reforzar España, ¿apoyarían a Zapatero los nacionalistas antiespañoles?  Evidentemente, no. Si Zapatero estuviera en camino de conseguir una mejor soldadura de las piezas que a lo largo de los siglos han venido componiendo la nación española, ¿le ayudarían los que dedican toda su energía a descomponerla, destrozarla y destruirla?
 
No. El suicidio es menos habitual que el homicidio en las costumbres del nacionalismo. Si la ETA dice, vía Batasuna, que "van ganando", no lo dicen por engañarse a sí mismos. Si sus amigos de la Declaración de Barcelona y sus socios de Perpiñán celebran como un éxito el pacto con Zapatero, está claro que lo pactado va directa y frontalmente contra España y la libertad. En la medianoche del 21 de enero nació un nuevo régimen, abiertamente revolucionario y redomadamente hipócrita, que se finge representante democrático del pueblo para despojarlo de su soberanía. La transparencia da paso a la opacidad, el Parlamento a las tenidas nocturnas, la luz de la democracia a las tinieblas de la tiranía. En el país donde todos los gatos son pardos, ha nacido el Régimen de Medianoche, una forma posmoderna de dictadura que se presenta como "democracia avanzada", un sistema político en el que la alternancia será imposible, salvo al precio de la voladura de toda apariencia de paz y legalidad.
 
Porque el proceso abierto formalmente por Zapatero y Mas, que será respaldado de inmediato por el resto de partidos nacionalistas catalanes, supone la ingobernabilidad de España si llega al Poder el PP, y a explicarlo dedicará todo su esfuerzo el imperio mediático de Polanco, los nacionalistas y los medios finlandizados. El Estatuto es, sin duda, anticonstitucional, pero aunque los magistrados del TC lo proclamasen, ¿alguien cree de verdad que cabría revocarlo democráticamente? ¿Alguien puede sostener sin rubor que los nacionalistas catalanes acatarían la ley de una nación a la que combaten y la legalidad de un régimen al que acaban de propinar una estocada mortal? No. Si hoy no cumplen las leyes en materia educativa, si han creado la censura dictatorial del CAC, si todas las variantes del despotismo se ejercen a través de una política lingüística que es la negación del Estado de Derecho, ¿alguien cree que éste será un proceso reversible? El nuevo régimen, oficio de tinieblas cuyo primer vagido oímos en la medianoche de este sábado, se basa en la amputación, miembro a miembro, de un organismo aún vivo que es la nación española. Pero el éxito de esa amputación continuada exige que el paciente se esté quieto y para eso es necesaria la anestesia. Ahí entran Polanco y compañía. Habrá que asustar a la gente con la posibilidad de que una victoria electoral del PP provoque la disgregación y el caos, hipótesis que los separatistas aliados del PSOE garantizan. Así, Zapatero seguirá en Moncloa hasta que de la Nación y la Constitución no quede nada. Cumplida su parte en esta "vasta empresa de demoliciones", desaparecerá. Sin dramas: el muerto casi no se habrá enterado y el entierro será rápido. Sobre el cortejo, el diluvio.

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