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Así que no iba a mediar

Para disimular su puñalada trapera al Gobierno y fingir algún respeto a los intereses nacionales de España –vapuleados política, verbal y materialmente por Marruecos en los últimos meses, de forma rigurosamente unilateral–, Rodríguez Zapatero aseguró por activa y por pasiva, tronó en el Parlamento, tremoló en la radio, juró y perjuró en televisión que no iba a Marruecos “a mediar”, ya que él no era ni podía ser “mediador de nada”. Efectivamente, no cabe mediar entre el propio país y un país rival sin quedar retratado como traidor profesional y descalificado como gobernante. Pero, si no iba a hacer lo que nunca debería hacer, ni intentar, ni siquiera fingir, que es suplantar la acción que el Gobierno tiene legalmente encomendada y en exclusiva, ¿a qué iba Zapatero a Marruecos?

La pregunta empieza ya a tener respuesta. Después de ser utilizado para agredir al Gobierno español en la Prensa oficial durante toda la semana pasada, el régimen marroquí lo ha recibido a bombo y platillo, con el único y evidente fin de molestar y humillar al Gobierno español. Para acabar de convertir los problemas exteriores con Marruecos en un problema interior de los españoles, Yusufi, el anfibio factótum alauí, ha sugerido ya la vuelta del embajador marroquí a Madrid. Así que, aunque Zapatero haya sido en todo este esperpento diplomático un convidado de piedra, cosa que no dudamos, la famosa "mediación" queda más presente que nunca. Porque si gestionar o aparecer como que se gestiona la presencia del embajador de Rabat en Madrid no es mediar, ya nos contarán qué puede ser. Habrá que quitar la palabra del diccionario, porque ya no significa lo que ha significado siempre.

En realidad, Zapatero dice la verdad en un aspecto: él no ha hecho nada, pero porque se lo han dado hecho todo. Lo malo es que lo que le dan hecho y envuelto en celofán es excremento diplomático, veneno político, un nuevo acto de agresión a España. Porque lo sería –probablemente lo será– que el embajador vuelva no como representante ante el Gobierno legítimo del Reino de España sino como amigo de un partido que tal vez algún día llegue a gobernar. ¿Y a cambio de qué promesas zapateriles o felipistas volvería el embajador? ¿De que la Oposición defienda incondicionalmente los intereses marroquíes frente al Gobierno español? ¿Habría además contrapartidas materiales? ¿Va a financiar al PSOE el país del Rif? ¿Hay alta corrupción además de baja traición? Si no la hay, lo parece. Y no se sabe qué es peor.


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