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Bono no es la víctima, antes al contrario

Es lamentable que un grupo de extremistas increpe y zarandee a un ministro que se suma como un ciudadano más a una manifestación convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Es todavía más lamentable que ese ministro, José Bono, haya querido o diríase que quiere utilizar esa manifestación para ornar su perfil de socialista distinto y preocupado por España, separándose de los demás representantes políticos del PSOE y del PP —Sevilla, Simancas, Esperanza Aguirre, Acebes, Gallardón— que iban en las mismas y seguras condiciones y que no fueron increpados ni agredidos, aunque unos fueran aplaudidos y otros no. Es tristísimo que Bono se haya convertido en protagonista de un incidente previsible, que se recree en ese sectarismo bochornoso típico de las izquierdas y que tenga la cara dura de achacar al PP la responsabilidad del incidente. Es, en fin, repugnante que Bono sirva de coartada a Llamazares, que apoya el Plan Ibarreche junto a la ETA, para insultar a las víctimas del terrorismo separatista con el que se han aliado Madrazo e IU.
 
Pero el ministro de Defensa quiso ser aclamado como el ciudadano particular Pepe Bono olvidando muchas cosas, demasiadas. La primera, que su Gobierno viene perpetrando una política de manipulación de las víctimas del terrorismo del 11-M, presuntamente islámico, contra las víctimas del terrorismo etarra, y que ha creado al efecto desde su aplastante mayoría pediática una especie de minipasionaria en Pilar Manjón para achacar la masacre del 11-M a Aznar, para legitimar el cierre de esa comisión parlamentaria, y para ningunear clamorosamente a la AVT. La segunda, que la muy publicitada e izquierdista Manjón y el nombrado Alto Comisario del Gobierno para las Víctimas, Gregorio Peces Barba, habían despreciado públicamente participar en esa manifestación. La tercera, que las negociaciones con la banda terrorista ETA están siendo sugeridas o proclamadas desde el mismo Gobierno al que pertenece Bono, cosa que ofende a los españoles y muy especialmente a las víctimas del terrorismo etarra. Si además se añade que buena parte de las víctimas de ETA han sido militares, policías y guardias civiles que pueden sentirse agraviados por gestos antiespañoles del Gobierno, algunos protagonizados por el propio Bono (el cambio del himno en el 12-O, la retirada a instancias de Esquerra Republicana del lema “A España, servir hasta morir” en unas instalaciones militares leridanas), el hecho de que algunos elementos ofendidos, nerviosos, extremistas o con afán de vengar tantas humillaciones, marginaciones y penurias hayan aprovechado la imprudencia calculada de Bono para decirle y tratar de hacerle lo que querrían hacerle a Peces Barba o Zapatero es todo menos sorprendente.
 
Imprudencia calculada, sí, porque Bono no quiso desfilar como los demás políticos sino diferenciarse de ellos escoltado por Rosa Díez y Ana Vidal Abarca, como si dos personas apreciadas en la oposición al separatismo terrorista pudieran compensar la política del PSOE en este campo, que se limita a negar todo lo realizado por el PP. Sólo faltaba que Bono se proclamase víctima, a fuer de antifranquista, de esa intolerancia minoritaria, criticable, perseguible, previsible y evitable. Insultar a las víctimas del terrorismo asociándolas a la Dictadura es una tradición de la Izquierda, siempre más cerca de la ETA que de la Guardia Civil. Lo hizo el PSOE en la Oposición y en el Gobierno González, cuando negaba a la AVT el dinero que se regalaba a sandinistas, lesbianas e investigadores de la lenteja en Mauritania. Y lo vuelve a hacer el Gobierno de ZP y de Bono, despreciando a las víctimas del terrorismo. Entre las que no se encuentra, por cierto, el ministro de Defensa. Y no nos referimos a Trillo, por supuesto. 

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