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De la liberación de Ortega Lara a la suelta de Bolinaga

Veinte años después de aquellos días de pasión y muerte, la banda etarra y sus cuates 'moderados' ven cómo la Izquierda asume todos sus objetivos políticos.

Ortega Lara y Bolinaga | LD

El triunfo de la ETA y sus cómplices, que han sido y son hasta ahora el PNV, CiU, IU, Podemos y el PSOE de Eguiguren y Zapatero, empezó a fraguarse hace poco más de veinte años, justo tras la liberación de Ortega Lara y el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco, anunciado por un jerarca batasuno: "tras la borrachera llegará la resaca" (Floren Aoiz, ahora bajo el paraguas de Sortu) y perpetrado para vengar esa liberación, una de las páginas más gloriosas de la Guardia Civil en su lucha contra la ETA.

Sí, había que vengar la alegría y el reconocimiento de aquel milagro nada milagroso, fruto de la tenacidad y la inteligencia de todas las fuerzas de Seguridad del Estado, que actuaban bajo un Gobierno que no tenía que recurrir al GAL para luchar contra el terrorismo, sino confiar en los que, "sin atajos", podían derrotar a los asesinos. Y que además puso fuera de la Ley a la marca electoral de la banda, Batasuna, que ha cambiado mucho de nombre, aunque ése es el que ha quedado en la memoria, porque sus sedes fueron cercadas tras el asesinato del mártir de Ermua, y una fue quemada. Algo, por cierto, que todavía preocupa en 'TelePodemos', alias La Sexta. La forma de dar esa noticia es para procesar a Soraya y Rajoy, esa pareja que, por seguir en el Poder, le dieron licencia para humillar y destruir a España.

Entre aquella liberación de Ortega Lara y la suelta de su torturador y carcelero Bolinaga por Rajoy hay la misma diferencia que entre la España empeñada en combatir al terrorismo separatista y la dispuesta a compartir el separatismo a cambio de que cese, siquiera de momento, el terrorismo. Entre los muchos testimonios extraordinariamente valiosos que Libertad Digital está publicando en estos días, sobresale el relato de la Guardia Civil sobre la crueldad de Bolinaga, que se negó a decir dónde estaba enterrado Ortega Lara para que muriera de hambre. A ese canalla lo soltó Rajoy y se retrató para siempre: ante el difunto PP y ante toda la nación española.

Para más ignominia, ni siquiera su traición es original: no hace más que asumir la doctrina del PRISOE de sumisión al PNV (Ver "El discurso del método" de Cebrián contra el pacto PP-PSOE en el País Vasco) y que Zetapé elevó a insólita doctrina de lucha contra el terrorismo: pactar con él. El resultado está a la vista, ignominiosamente cegador. Recapitulemos.

Insensibilidad mediática, culpabilidad política

Solamente diez días pasaron entre la liberación de Ortega Lara y el secuestro y posterior asesinato de Miguel Ángel Blanco. Pero en esos días, la fuerza moral del superviviente y sus salvadores se convirtió en odio a los torturadores y asesinos de la banda, con Bolinaga y el Txapote a la cabeza. Y aquella movilización gigantesca, que yo describí en El Mundo como El llanto de una nación, pareció anunciar el fin de la impunidad etarra y de su reinado de terror. Hoy, salvo el que quiera cegarse, a la vista está que la ETA ha ganado, a cambio de que medios y partidos digan que ha perdido.

Tras el asesinato en Ermua, seis millones de españoles salieron a la calle y atacaron esa herriko taberna que tanto preocupa a los telesorayos. Pero hoy Ferreras, Rubalcaba y 'Pablenín' se disputan el mérito del cerco y ataque a las sedes del PP en la Jornada de Reflexión, culpándole del 11M. Lo triste es que esa sensibilidad obscenamente preocupada por los derechos de los etarras y ese desprecio al partido de Miguel Ángel Blanco es culpa de Rajoy. El último en la cadena de favores a la ETA, pero el decisivo. Y lo hizo, lo hace, a cambio de nada, que para él es el todo: seguir en Moncloa.

Porque nunca, en estos veinte años, había tenido España un régimen mediático tan sectario, liberticida y miserablemente antinacional, como el actual, diseñado por Zapatero y blindado por Rajoy y 'Sáenz de Telesoraya'. Cuando la prensa de papel trata de sobrevivir y la de Internet de respirar, los dos ámbitos en que la propiedad privada está terminante prohibida y activamente perseguida, que son la radio y la televisión, compiten en vileza a la hora de reescribir la historia de los terroristas y de sus víctimas. Ni una de las dieciséis cadenas nacionales acumuladas ilegalmente por Mediaset/La Cuatro y Atresmedia/La Sexta ha emitido las películas de Iñaki Arteta. Ni uno de sus canales ha producido una historia en honor a tanto sacrificio.

Ni un multimillonario telesorayo, comunista o separatista o las dos cosas, de los que facturan en Barcelona contra Madrid, ha dedicado un programa a quitarles la capucha argumental a los 'gudaris' del tiro en la nuca. ¡Ni uno! Y cuando pareció hacerlo, de inmediato lo compensó con la clásica comprensión periférica, equidistante entre España y sus enemigos, la bala y la nuca. Eso retrata, por supuesto, a la basura mediática española; pero más aún a su jefe, que es siempre el Gobierno, del PSOE o del PP.

Arzallus, Pujol, Felipe y Zetapé, al rescate de la ETA

No se habían extinguido aún los ecos del requiem por Miguel Ángel Blanco y ya el separatismo preparaba el rescate de la ETA. Primero fue Arzallus, firmando el Pacto de Estella o Lizarra para la expresa protección de la banda asesina. Pero más importante fue, al año justo, la Declaración de Barcelona, que, enfriados los ánimos y lavadas las inocentes manos blancas, suponía un respaldo expreso del separatismo catalán y gallego al PNV en su alianza con la ETA. Se trataba de impedir que las movilizaciones masivas contra el terrorismo etarra acarrearan perjuicio o menoscabo al nacionalismo llamado moderado, entiéndase ladrón. Vamos, que la cosecha de nueces no debía mermar por el desprestigio episódico de los que sacudían el árbol, fuera enterrando vivo a Ortega Lara o asesinando a cámara lenta al pobre Miguel Ángel Blanco, en venganza por su rescate.

El éxito del plan separatista para proteger a la ETA y seguir usando sus crímenes para la destrucción de España lo prueba su texto, que dice así:

"Con la mirada puesta en el futuro y, al mismo tiempo inspirándonos en otras iniciativas de este siglo (la Triple Alianza de 1923 o la Galeuzca de 1993), el Bloque Nacionalista Galego, Partido Nacionalista Vasco y Convergencia i Unió, reunidos en Barcelona, declaramos que:

Al cabo de veinte años de democracia continúa sin resolverse la articulación del Estado español como plurinacional. Durante este periodo hemos padecido una falta de reconocimiento jurídico-político e incluso de asunción social y cultural de nuestras respectivas realidades nacionales en el ámbito del Estado.

Este reconocimiento, además de justo y democrático, resulta absolutamente necesario en una Europa en proceso de articulación económica y política y que, además, apunta a medio plazo hacia una redistribución del poder político entre sus diversas instancias y niveles. Una Europa cuya unión debe basarse en el respeto y la vertebración de los diversos pueblos y culturas que abarca.

Y lo es, también, en un mundo cada vez más independiente, sobre el cual pesa la amenaza de la uniformización.

Y acordamos:

- Hacer un llamamiento a la sociedad española para compartir y dialogar acerca de una nueva cultura política acorde con esa comprensión del Estado y promover una concienciación colectiva que refuerce la idea de su plurinacionalidad.

- Ofrecer a Europa y al mundo nuestras propuestas en defensa de la diversidad. Encabezar la política de las identidades, y de su convivencia positiva y creativa.

- Organizar de manera sistemática el intercambio de información, opinión y colaboración entre las gentes y sectores de la ciudadanía activos en los ámbitos intelectual, cultural, educativo, profesional y empresarial, con el objetivo de dialogar acerca de nuestras propuestas y difundirlas.

- Establecer un plan de trabajo conjunto entre nuestras respectivas organizaciones sobre: lengua y cultura, fiscalidad y financiación pública, símbolos e instituciones, presencia en la Unión Europea y sobre otras cuestiones que acordemos. (…)"

(Barcelona, 16 de julio de 1998)

¿Qué hay de nuevo en la defensa de la 'plurinacionalidad' de España por el PSOE y Podemos que no esté ya aquí, suscrito por Pujol y Arzallus? Veinte años después de aquellos días de pasión y muerte, la banda etarra y sus cuates 'moderados' ven cómo la Izquierda asume todos sus objetivos políticos. De la operación de salvamento in extremis de ETA hemos pasado a que el PSOE y Podemos compartan con ella lo esencial: dinamitar España legalizando suplurinacionalidad. Las atrocidades etarras fueron el medio, la plurinacionalidad es el fin. ¡Y dicen que hemos derrotado al terrorismo!

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